sábado, 29 de abril de 2017

La fórmula del amor: pensar un poquito más y hacer las cosas mejor.

 
Las relaciones amorosas tienen la complejidad de dos personas diferentes que comparten el mismo mundo. Suena poético y romántico, pero la verdad es que compartir la vida con alguien siempre resulta complicado. Son dos cerebros distintos con personalidades, valores, gustos y prioridades diferentes que luchan por convivir.


No hay una combinación perfecta, pero sí las hay más propicias y otras más nefastas.
Si nos tenemos que aproximar a una fórmula adecuada podría ser la siguiente:ç

Parejas complementarias, valores y prioridades parecidos y gustos diferentes.
Las parejas con personalidades complementarias son aquellas que tienen conductas diferentes y posiciones diferentes, pero que se interrelacionan entre sí (uno siempre paga las facturas y el otro siempre hace la compra; uno es extrovertido y el otro más introvertido).
Las parejas con personalidades simétricas son aquellas que las dos personan tienen el mismo tipo de conducta y pueden intercambiarse las posiciones (los dos pagan las facturas y hacen la compra; los dos son extrovertidos o introvertidos).
Pero esto solo es una estimación de algo que podría salir bien. Y digo podría porque en las relaciones intervienen muchos factores.

¿Recuerdas? Dos cerebros. Dos personas educadas de diferente modo, dos personas con experiencias de vida diferentes, dos personas con sus miedos, inseguridades, esperanzas, sueños, ilusiones…
Por eso son tan complicadas las relaciones. Dos vidas y un mundo.

Imagina que te peleas con tu pareja y deseas que te de un abrazo y te diga que no pasa nada pero, en cambio, te da un regalo de disculpa.

¿Crees que está bien o mal el regalo en vez del abrazo? En realidad, no está ni mal ni bien. Que tú necesites un abrazo no es un capricho, es la forma en que tú entiendes la preocupación o la disculpa de la otra parte. Lo que pasa es que la otra persona puede considerar que haciéndote el regalo ya te dice que se acuerda de ti y que lo siente. No es que no quiera darte un abrazo, no es que quiera ofenderte, simplemente es su manera de demostrar el afecto. Tú le das más importancia a los abrazos y el otro le da más importancia a los detalles.

Pero, ¿cuál es el problema? El problema es que son dos personas que demuestran el cariño y el amor de forma diferente. ¿Es mejor una opción que la otra? La verdad es que no. Lo mejor es lo que a uno le sirve, simple y llanamente.

Habrá parejas que consigan aceptar esta diferencia y lo vivan con normalidad. Aceptarán que si quieren un abrazo lo habrán de dar ellos y cuando reciban el regalo no les supondrá ninguna ofensa porque acabarán entendiendo que uno da lo que es y recibe lo que es el otro.

Pero habrá parejas que lo vean como una falta de respeto, como desinterés o como una falta de conocimiento de la otra persona y lo vivirán como un ataque.  No serán capaces de aceptar ni entender que uno da lo que es y recibe lo que es el otro.

Esto marcará la diferencia entre parejas que podrán convivir a pesar de ser distintas en cuanto a demostraciones de afecto y parejas que se estirarán de los pelos cada vez que tengan que solucionar un conflicto

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Las combinaciones en las relaciones de pareja podrán o no funcionar dependiendo de la madurez emocional, de las características y del carácter de las dos personas.

Pero, a pesar de ello, podemos hacer muchas cosas para que nuestra relación funcione y hacer de la combinación una relación sana y positiva.
  1. Soluciona tus problemas individuales.
Si quieres que una relación funcione bien, lo primero y más importante que has de hacer es estar bien tú. Si estás mal, si no eres feliz por algo de tu vida, inevitablemente repercutirá en tu relación de pareja. Por lo tanto, lo primero es que te ocupes de ti mismo. Quizás no estás bien en el trabajo, o tienes proyectos pendientes que no llevas a cabo, o sientes algún miedo o alguna inseguridad que te limita la vida… sea lo que sea, soluciónalo. La pareja nos aporta apoyo, comprensión y afecto, pero no puede solucionar nuestros problemas.

La pareja no es la persona que nos hace felices o desgraciados. Puede colaborar en una cosa o en la otra, pero no está en su mano ni es su responsabilidad. Tu felicidad está en tu mano y es tu responsabilidad.
  1. El espacio personal.
El espacio individual es imprescindible. Tener momentos compartidos con otras personas sin tu pareja o pasar algún tiempo solo con tus aficiones puede aportar muchos beneficios a la relación.

No te olvides que tenías una vida antes de que llegara esa pareja, por lo tanto, no renuncies a pasar tiempo con tus amistades o contigo mismo.

Es bueno echarse de menos. Es bueno tener cosas que contarse. Es bueno ser independiente. Es bueno tener espacios propios.

Las personas no queremos más o mejor por estar todo el tiempo pegados a la otra persona. A veces es más nuestro propio miedo de que se lo pase mejor sin nosotros o de que se lo pase mejor con alguien,  de que no nos eche de menos, o de que se vaya con otra persona. Pero, ten en cuenta, que atar a alguien en corto no te garantiza nada. Incluso puede ejercer el efecto contrario al ahogar la libertad de la otra persona.
  1. Cambia tú.
No intentes cambiar a tu pareja. Las personas cambiamos mucho a lo largo de nuestra vida, pero casi nunca porque alguien quiere que cambiemos. Los cambios son individuales e intransferibles. Uno cambia porque quiere o puedo, pero no porque le obliguen.

Si te gustó como era esa persona cuando la conociste, aceptaste lo que había. Así que no pretendas salvar ni mejorar a nadie y si ahora no te gusta como es, plantéate por qué.

Puede que seas tú la persona que ha cambiado y ahora quieras cosas distintas.
Puede que estés pasando por un mal momento y todo lo veas negativo, incluso a tu pareja.
Puede que sea la otra persona la que ha cambiado y ya no te guste como es.
Sea como sea, si quieres que alguien cambie, cambia tú.
  1. Comunicación transparente.
Si quieres que tu relación funcione, sé transparente con lo que te gusta y con lo que no, con lo que te duele o lo que te hace feliz. No digas una cosa por otra, no minimices tus sentimientos, ni tampoco los exageres y no ocultes tus sentimientos por vergüenza u orgullo.

Tu pareja ha de conocerte tal cual eres y ha de saber cómo te sientes. Nadie lee el pensamiento de nadie, por lo tanto, si no lo dices, no pretendas que la otra persona por arte de magia sepa lo que te pasa. De igual modo, cuando creas que le pasa algo a tu pareja, en vez de suponer o interpretar, pregunta.

Una relación basada en personas que no son honestas está condenada a fracasar. Y fracasar no es que se acabe la relación. Fracasar es permanecer en una relación en la que no eres tú mismo por miedo y por lo tanto, no eres feliz.

Desde luego, no te voy a garantizar que todo esto vaya a llevarte a tener una relación de color de rosa de por vida. Pero si las dos personas implicadas se toman su tiempo en mejorar y en hacer las cosas de forma positiva, habrá una oportunidad inmensa para que la relación, mientras dure, sea una relación mucho más feliz.
Vani G. Leal
Psicóloga y coach personal.



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