jueves, 14 de julio de 2016

No puedes aparecer y desaparecer de mi vida cuando quieras

 

¿Te acuerdas cuando te rogaba que no me dejaras?, ¿te acuerdas qué me respondías?

Ha sido un año complicado, mi vida ha cambiado mucho, yo también, digamos que todo el dolor de tu partida me dio fortaleza para subirme al mundo y volver a empezar en otro lugar, en uno donde no tenga ninguna posibilidad de volverte a ver.

Es raro, ¿verdad? Hace un año lo que más quería era pasar cada segundo a tu lado y hoy, corrí desesperada millones de kilómetros hacia el norte para no volver a saber nada a cerca de ti. Dejé de frecuentar los lugares a los que íbamos, mis favoritos, los tuyos. Decidí perder contacto con nuestros amigos en común, hasta con muchos que ni te conocían, no quería que vieran mi antes y después de ti. Me encerré en mi cuarto, no me estaba muriendo, estaba cerrando el ciclo, renunciando a ti, reuniendo fuerzas para a salir a la calle, sin los ojos hinchados y con una sonrisa gigante, pero que sobretodo que se viera real.

Traje a mi mente cada instante, cuando te conocí. Yo era la nueva del salón, faltaba un año para graduarme de la universidad pero era la nueva del salón ¿Te acuerdas? No conocía a nadie, me sentaba lejos de todos, sólo iba a mi clase y salía casi corriendo hacia mi casa. Fuiste el primero que me habló, esa materia cobraba otro sentido, me dejaba más que una lección sobre cómo desarrollar un proyecto de investigación, me dejaba conocerte, enamorarme lento pero seguro. Luego empezaste a llamarme, te adueñaste de mis noches, de mis madrugadas, eran las tres o seis horas de conversación que más esperaba durante el día. Cada madrugada te asegurabas que me durmiera pensando en ti y amaneciera de la misma manera. Mis ojeras tenían dueño y felicidad propia. No me importaba dormir sólo dos horas diarias.

¿Recuerdas cuando me escapaba de mi casa a la madrugada para verte? Yo lo recuerdo perfectamente y no niego que sonreía y te aseguro que por varios meses mis ojos se llenaron de agua. Tenía 21 años pero me sentía de 16, viviendo un amor de escuela, yo era la jaula de millones de mariposas salvajes. Me hacías feliz.

Pensé que yo también te hacía feliz, pensé que todo lo que yo había hecho por primera vez contigo significaba algo, más allá de ser el primero en algo. Creí en ti, confíe en ti, admiré el poder y la influencia que tenías sobre mi persona, amé tus pestañas largas, tu sonrisa traviesa, tu olor, tu espalda, tus manos, tu voz, tus abrazos estremecedores. Yo te quería y no era algo que dejara de sentir conforme iban pasando los meses.

En cambio tú, decidiste no ser honesto, no contarme que salías con más mujeres y no de una noche, ni de unas cuantas, eran mujeres con las que tenías más tiempo o un poco menos de lo que llevabas conmigo. Algo que tengo que reconocer es tu talento, por muchos meses ninguna nos preguntábamos dónde estabas, qué hacías, porqué pasaba horas sin saber de ti. Supiste dividirte muy bien, darle a cada una lo que quería, no levantaste ni la más mínima sospecha pero, no todo es perfecto, algún día todo debía explotar y así fue, estalló.

No fue hasta después que me hiciste pagar con creces un “error” del cual me hiciste sentir muy culpable, sabía que yo no lo era, pero tenías tanto poder sobre mí, que terminé por pensar que yo era la culpable de tu distancia, de tu frivolidad, de tu cambio, de que me engañaras. Qué equivocada estaba, no era mi culpa, era tu decisión.

¿Te acuerdas que te pedí perdón, que te pedí que no me dejaras, que te rogué un poco de amor? Y la verdad, yo no era quien tenía que dar explicaciones, pedir perdón, rogar y llorar, no era yo. Y tampoco te pedí a ti que lo hicieras, sólo quería algo real, algo fuerte, algo de lo cual sentirme afortunada, algo que no fuiste capaz de sentir ni de dar, simplemente llegué a ti en el peor momento posible.

No creo que seas un mal hombre, que no tengas nada bueno que brindar, sólo creo que en ese momento no querías nada fuerte, nada duradero, nada que transcendiera, entonces quienes llegaron a tu vida recibieron eso, vivieron tu momento.

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Siempre he pensado que una misma persona puede tener diferentes versiones de sí misma, las personas somos coyunturales, vivimos la relación que deseamos en el instante, si tenemos ganas de encontrar el amor verdadero, vemos en cada sujeto la persona perfecta, aunque a leguas no lo sea y también pasa cuando queremos todo lo contrario, cuando tenemos ganas de una aventura, de una pareja simplemente sexual; nos despojamos de los sentimientos y nos dejamos llevar por los instintos y a lo mejor el otro pretenda más de nosotros. Puede que no seamos nosotros sino el momento en que alguien quiere entrar a nuestro mundo. Amar es arriesgarse.

Entonces es ahí cuando los corazones se rompen o se curan, el problema no es que ambos deseen el mismo tipo de relación, el problema está en que los dos vayan en direcciones contrarias y eso nos pasó. Yo buscaba lo más serio de mi vida y tú buscabas afianzar tu masculinidad, agrandar tu ego, acostarte con tres o cuatro mujeres a la vez, sentir que te estabas comiendo el planeta.

Aún recuerdo cada cosa que me dijiste, cada cosa que hicimos juntos, todavía se oprime mi pecho al revivir cada mentira dicha a los ojos, cada promesa que me hiciste, cada beso, lo bueno de todo es que ya no lloro, ya no te pienso con sinsabor. Escapar de ti me sirvió, la distancia y el tiempo te sacó de mi mente y de mi corazón. Ya no quiero ser parte de esa época de tu vida, hubiese querido encontrarte cuando te sentías listo para amar sinceramente.

Debo contarte que después de ti conocí a otro hombre, tampoco es el indicado, de nuevo, no lo es, no es quien quiere amarme siempre, quien quiere vivir los años que nos queda juntos, pero en ese momento fue mi fe, mi esperanza, me hizo entender que la vida sigue, que aún me van a romper más veces el corazón y que otra vez, llegará quien lo “sane”. Ya no tengo que olvidarte, ya no eres tú, ahora tengo que olvidarlo a él. Llenarme de motivos para no volver a derrumbarme.

Gracias a cada minuto de felicidad y de sufrimiento que me proporcionaste estoy acá, en este país, en México, con esta vida, gracias a todo lo que pasé contigo fue que lo conocí a él. Lanzarme a otros brazos fue como aventarme con los ojos cerrados a un abismo, pero mientras caía disfruté cada viento que me rozó, aunque el golpe me haya dolido tanto pero, lo disfruté. Mientras estuve con él, le dije que lo quería cada vez que lo sentí, lo besé, lo toqué, lo observé, lo sentí todas las veces que quise hacerlo. Sabía que él también se iba a ir pronto y sabía que no podía hacer nada para evitarlo, entonces sólo cerré los ojos y me propuse vivir ese instante intensamente. De todas maneras, el final iba a llegar.

He decidido que cada persona que yo quiera incluir en mi presente voy a gozarla hasta su punto máximo, de todas maneras si ha de terminar prefiero quedarme tranquila de que dije e hice todo y no atormentarme creyendo que si en tal momento hubiese dicho o hecho algo, hoy sería diferente.

Ahorita estoy pensando en que no sé porqué, un año después, me buscaste, no sé porqué, si sabes que no voy a volver a Colombia ¿Qué te faltó decirme o hacerme? No comprendo porqué tienes que recurrir a los recuerdos para intentar avivar lo que tú mismo rompiste con tanta paciencia y sutilidad, pero sobre todo no entiendo con qué cara vienes a decirme tus frases de cajón y justamente ahora, precisamente ahora cuando, otra vez, tengo roto el corazón.
Por: Carolina Duarte


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