jueves, 14 de julio de 2016

Meetic, mi flechazo lésbico y el edredón

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Todo comenzó con un flechazo. Pero no, no un flechazo de los de antes. Un flechazo de la era digital. Miré mi teléfono justo antes de entrar a una reunión y ahí aparecía ella. Fue la primera vez que la vi. “Carla34 te ha mandado un flechazo”.
Le di un vistazo rápido mientras saludaba a mis compañeros. Morena, ojos grises. Realmente guapa. Pero bueno, no me hice ilusiones (lo intenté) ya tengo experiencia en aplicaciones y en la cantidad de gente cuyas fotos están basadas (remotamente) en la realidad.
Eso de buscar pareja – o una aventura- había surgido hace seis días.   Llevaba más de un año soltera y ya había probado todas las apps lésbicas del mercado. Había tenido algunas citas pero nada duradero. Reconozco que soy difícil (aunque mis amigas prefieren llamarme “complicada” y mi ex novia “histérica”), pero a esa altura ya pensaba que viviría el resto de mi vida sin amor.
Vi el anuncio lésbico de Meetic en televisión. ‘Anda, así que aquí también hay chicas. Bueno, por probar…”.
messy_girl
Me gustó la app. Me pareció la más completa. Podía ver a las chicas que estaban online en ese momento. Estuve chateando con algunas. Podía buscar por geolocalización, las que estaban más cerca, o en otros países. Las que lo tenemos más claro, podemos detallar lo que buscamos, más allá del criterio de la edad. Pero también usar el carrusel, que es ir viendo los perfiles de muchas chicas de manera aleatoria, y dejar pasar si no nos gusta, o agregar a los favoritos si nos gusta.
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Lo que me gustó de la app y que la diferencia de otras es que puedes ver quién te ha agregado a ti a sus favoritos, aunque tú no lo hayas hecho. Mandar mensajes y flechazos. Y las que tienen pereza de la charla digital pueden apuntarse a los eventos que organiza Meetic para que las solteras y los solteros se conozcan a la antigua usanza.

No pude concentrarme muy bien en la reunión. Esos ojos grises…

Le mandé la foto a mis amigas. “Ah pues sí, es muy guapa”, “está muy bien”. Me gustó todo lo que leí de ella en su perfil. No fumaba, era deportista, tenía un perro, no tenía hijos pero en el fututo quería tenerlos, le gustaba viajar, escalar, y hasta su defecto (Meetic te anima a poner un defecto) me hizo gracia, le costaba compartir el edredón.

Devolví el flechazo y agregué un mensaje. “Siempre he tenido dos edredones, y recién ahora entiendo por qué. Por fin todo tiene sentido ;)”. La hice reír. Un buen comienzo. Me dijo que no se le daba muy bien chatear. Que era más de tomar un café y charlar. Me pareció perfecto. La mejor ocasión para comprobar si en persona era tan guapa como en la foto…

Y no. No lo era. Era más.

El café derivó en un vino. El vino derivó en una cena y la conversación seguía sin decaer. “¿La beso?” “¿Espero a que ella me bese?”. Comencé a ponerme nerviosa, y cuando lo hago empiezo a decir frases sin sentido (imperfección que no me pareció tan adorable como para compartir en Meetic). Ella se dio cuenta. Sonrió.

“¿Compartimos taxi? Te dejo primero en tu casa y luego sigo yo a la mía”, me dijo.

Oh, eso dolió. ¿Por qué no la besé? ¿Por qué no me besó? Seguramente no le gusto. Más frases sin sentido salieron de mi boca.

El taxi paró en mi casa. Ella también se bajó. La miré expectante, ansiosa. Me miró a los ojos, sonrió.
 “Bueno, la verdad es que tengo que comprobar eso de los dos edredones…”, me dijo. Y ahí todo empezó.

II
Pero bueno, no era yo la única que se comunicaba a través de flechazos con Carla34. Su perfil de Meetic era bastante popular. Cosa de la que además te informa la app.

“X” o “Y” o “Z” ha visto tu perfil… ¡mueve fichas!, le aparecía en el móvil cada dos por tres. Y ahí empezaban las dudas existenciales… ¿Cuántas citas tenemos que tener antes de tirarle el móvil por la ventana? ¿O tenía que esperar a que se le llenara la memoria para sugerir ‘a ver si te quitas apps, que ya no te caben las fotos… por ejemplo Meetic’”?

El romance iba viento en popa. Hace tiempo no sentía algo tan fuerte por alguien. Pero me metía todo el día a Meetic y la veía conectada. ¿Pero qué quiere? ¿No le basto? ¿Está buscando a otra?

Me hablaban otras chicas, pero la verdad es que no me apetecía ligar. Pasaban las semanas y mi cuerpo solo me pedía la cercanía de Carla34. Pero claro… si ella estaba buscando a otra, ¿cómo yo no?

Un viernes me recogió en el trabajo y me llevó a cenar. Estaba más seria. “Tenemos que hablar”, me dijo. Sentí un nudo en el estómago. “Ya está, encontró a alguien en Meetic. Ya está, la he perdido”, pensé.

– Me gustas mucho- comenzó- ha sido inesperado, no sé, no buscaba nada serio. Pero te encontré y me enamoré… Y bueno, creo que tú no estás en el mismo punto que yo.

– ¿Qué no estoy en el mismo punto que yo? ¿Pero por qué dices eso?

– Porque siempre estás conectada en Meetic. Entro a la app y siempre te veo online, y bueno, algo estarás buscando…

Me reí. Fui feliz. Vaya par de tontas. La besé. Han pasado 2 meses. Y sí, cumpliendo todos los tópicos… estamos viviendo juntas.
Fuente: MiraLes MGZ


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