sábado, 4 de junio de 2016

Tener hijos no es LGTBI… ¿o sí?

Dicen, no sin razón, que la gestación subrogada no es una reivindicación propiamente LGTBI, que no es algo específico de nuestros colectivos. Cierto, muy cierto. La verdad es que la mayoría de quienes recurren a la gestación subrogada son heterosexuales, solos o en pareja, cosa lógica dado que, números mediante, se trata de la orientación sexual predominante. Cuestión de simple aritmética.

Perfectos representantes de esta filosofía negacionista son los activistas del gay is different, para quienes los modelos de vida heterosexual, consistentes en matrimonio (igualitario) e hijos, deberían ser repudiados al no ser propios del hombre gay que, como mucho, debería adoptar niñ@s y no seguir patrones “patriarcales”. Lo que, por elevación al íntegro, nos llevaría a repudiar la reproducción en todo el colectivo LGTB. Reeditando la frase de don Miguel de Unamuno, pasaríamos del ¡Que inventen ellos! al ¡Que se reproduzcan ellos!, los heterosexuales, los que siempre han tenido derechos.

El negacionista concluye que, dada la falta de especificidad, defender la gestación subrogada es una lucha absurda y tener hijos no ha de ser un objetivo de nuestra minoría, más aún cuando tenemos tantos problemas de aceptación social. “Nuestras vidas como lesbianas, gais, bisexuales y transexuales son constantemente sometidas a juicio”, afirma con toda sensatez un conocido articulista, y el tener hijos no escapa de este escrutinio, de esta recensión inquisitorial.

Inquisición que tan cierto como hay sol, olvida que, para cada persona, la construcción del proyecto vital es único e intransferible y tener hijos, o no, forma parte de los Derechos Humanos. Y, ya puestos, pretende ignorar que, para un matrimonio homosexual masculino, la única forma de tener un hijo propio (que no quiere decir genético) es la gestación subrogada; olvidar que es la técnica única que permite tener hijos propios (genéticos o no) a mujeres trans u hombres que hayan sometido a cirugía; omitir que la gestación subrogada es la única vía para que un matrimonio de lesbianas, que no puedan gestar, tenga un hijo propio (con sus genes o sin sus genes).

No será una reivindicación LGTB, pero ¡qué de lleno nos da!

Se sostiene que todos tenemos los mismos derechos sexuales y reproductivos. Esos que dan la capacidad a todas las personas de decidir y determinar su vida reproductiva. No es verdad. Los derechos varían según seas mujer u hombre; cis o trans; homo o hetero; mono, bi o poli. "Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son" parece seguir diciendo, hoy, Abraham Lincoln. No, no tenemos los mismos derechos, ni los que controlan los resortes del poder desean que los tengamos: “Los gais no tenéis derechos reproductivos, solo adoptivos”, fue la frase lapidaria que espetó una conocida política socialista. Lo que, cabe suponer, se puede aplicar también a muchas personas transexuales.

Contra la gestación subrogada, católicos conservadores se hermanan con feminismos radicales, cosa muy normal porque, a todas luces, los extremos se fusionan con naturalidad. Les acompañan, en santa cruzada, los Voceros, seres sabios y divinos, conocedores de la esencia LGTB y expertos en el gaysplaining. Por suerte los tenemos a ell@s para explicarnos, muy clarito, que tenemos que adoptar, que lo nuestro no es cómo pensamos, que somos egoístas y dañinos o que desvirtuamos la esencia de ser gay, o trans, o bi o lesbiana. Esencia que solo puede ser confirmada y certificada por ell@s. Se quiere acallar nuestra voz y se tacha de malos activistas y malas feministas a quienes se apartan de la verdad única que viene imponiéndose, como una tortura china, a través de un goteo incesante de noticias y reportajes amarillistas que presentan, solo, la cara sucia, negra, de la gestación subrogada.

Expertos hay que consideran la gestación subrogada contraria a los derechos de las mujeres, razón por la que quieren impedir que ellas decidan sobre su útero y su cuerpo. En realidad se busca un modelo de mujer que sea humilde, sencilla y servicial a la causa radical de uno u otro signo. Se dice defender a la mujer, mientras se trata de imponer una nueva forma de custodia que justifique, y garantice, las prebendas sociales y políticas adquiridas. Mujeres y hombres blancos, cultos, sobradamente preparados, son los que “saben” qué le conviene a la mujer. Qué cosas son derecho a decir y qué cosas no lo son… porque claro, la mujer es un ser de intelecto escaso y alguien ha de guiarla para un recto proceder. El lema es claro: Proclamo tu derecho a decidir en aquello que yo creo tienes derecho a decidir.

Sea porque el espíritu santo es quien posee el usufructo místico sobre el útero femenino, sea porque la independencia femenil cuestiona un discurso que tan ricos dividendos ha dado a los feminismos profesionales, la oposición se empeña en demonizar familias, insultar menores y convencernos de que la mujer ha de ser tutelada. Por la iglesia, por el macho, por la radical, por el experto, por la liberada y ampliamente empoderada.

Se dice que la gestación subrogada no es necesaria. En realidad, necesitar, necesitar, pues… como animales nos basta con aire, agua y alimento. Como especie, es suficiente con unos pocos machos y hembras reproductoras para que el ADN se siga perpetuando en el planeta. Como persona…como persona yo si necesito mas, muchos más. Libros, música. Sexo, amor. Derechos, obligaciones. Flores, cielo. Amigos, amigas. Familia. Hijos. Hijas. Yo necesito eso. Habrá quien no lo necesite. Perfecto. Absolutamente perfecto. E indispensable además. Porque si no, si olvidamos las individualidades, estaríamos iniciando el camino al mundo feliz de Huxley.

Pero sí. Es cierto. No necesitamos la gestación subrogada. Tampoco necesitamos la inseminación artificial, ni la FIV, ni el método ROPA, ni la ovodonación, ni el resto de la medicina reproductiva. No es medicina curativa. Solo es medicina dedicada a la salud reproductiva, esa tontería definida como “un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sus funciones y procesos”. Solo es medicina para ayudar a la gente a realizar su proyecto de vida, una fruslería, una banalidad que, a veces, requiere apoyo, mucho apoyo, por parte de otr@s. Y esos otros y esas otras existen y quieren ayudar.
Quienes se oponen a la adopción por parte de familias homoparentales (como la Manif pour tous y sus imitaciones españolas) están en pleno derecho de exponer sus argumentos, de manifestarse y defender su ideología. Lo que no justifica que la adopción dependa de la orientación sexual de los adoptantes. Acatar esa premisa seria un nuevo triunfo de la intolerancia, del odio. Por igual razón, la exposición de motivos contrarios a la gestación subrogada no puede ser tomada como punto de referencia para prohibir una técnica que, ya, está entre nosotros y que la sociedad entiende, apoya, reclama.

Carece de sentido discutir si tener o no tener hijos ha de depender de la orientación sexual. Por más sesudos que sean los defensores de esa teoría, es profundamente absurda. La realidad va por otros derroteros:
“No deberíamos temer cambiar leyes que correspondan a los cambios que se han producido en la sociedad y la ciencia. La gestación por sustitución es la continuación de la procreación médicamente asistida. Desde finales del siglo XIX, cualquier cambio relacionado con la familia ha llevado a la sociedad al pánico: el divorcio, la igualdad de derechos de los padres, el aborto... ¡Siempre se nos está diciendo que un apocalipsis está a punto de pasar, y nunca pasa! Apocalipsis sería una humanidad que no quiera hijos.” (E. Roudinesco, 2009).
La sociedad española ha dictado juicio. La Ley de Reproducción de 2006 ha de modificarse y reconocer las nuevas realidades, los nuevos modelos familiares. Es tiempo de legislar.
 Pedro Fuentes es presidente de la asociación Son Nuestros Hijos.
Fuente: Cascaraamarga.com

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