lunes, 27 de junio de 2016

El odio irrumpe con fuerza cuando no educamos en igualdad

Más de 50 personas LGTBI muertas y otras 53 heridas. Este fue el resultado de la masacre ocurrida en la madrugada del pasado 12 de junio de 2016 en Pulse, un bar gay ubicado en Orlando (Florida, EE.UU.). Omar Siddique Mateen fue el autor de dicho crimen. Según Mir Seddique Mateen, el padre de Omar, la acción de su hijo “no tiene nada que ver con la religión”, sino que había visto en el centro de Miami días antes a “dos hombres besándose delante de su esposa y su hijo y se enfadó mucho”.
Además, según los medios que siguen haciéndose eco de las últimas investigaciones del caso “hay muchos indicios de que Mateen era, además de integrista musulmán, homosexual”. Su primera mujer se separó de él a los cuatro meses de convivencia por la violencia a la que era sometida y afirmó que su ex-marido “tenía tendencias homosexuales”. Su segunda esposa definía su matrimonio como una fachada y era conscientes de las prácticas homosexuales de su marido. Así pues, estamos ante un gay misógino que, además, odiaba a los gays. ¿Se sorprenden? Pues no debería sorprendernos, ya que esto no es más que el resultado de un mismo problema: el heteropatriarcado. Y este es el resultado de la educación que nos ha transmitido y transmite la sociedad más conservadora y las religiones en general.

Que un chico gay se sienta moralmente obligado a casarse con una mujer y odie a las personas de su misma orientación sexual es el resultado de una educación recibida.

No hay una sola religión en la que las personas LGTBI estén al mismo nivel que el resto o bien sean tratadas y consideradas del mismo modo que las personas heterosexuales. Que un chico gay se sienta moralmente obligado a casarse con una mujer y odie a las personas de su misma orientación sexual es el resultado de una educación recibida. Esta homofobia interiorizada, este auto-rechazo, ocurre cuando una persona descubre en sí misma una condición humana que ha interiorizado como mala. Según un estudio de investigación realizado por el Equipo de Educación de COGAM y dirigido por Eduardo Benítez Deán, LGBT-FOBIA EN LAS AULAS 2015 ¿Educamos en la diversidad afectivo-sexual?, prácticamente el 80% del alumnado homosexual crece y se desarrolla escuchando su orientación sexual como un insulto. Este sector de la población aprende desde la infancia la idea de que “ser homosexual no es bueno”, o, cuanto menos, que “lo ideal es ser heterosexual”. Aparte del insulto – que es la manifestación más directa-, el resto de mensajes que se le transmiten de manera subliminal a través de los cuentos, las canciones, los medios de comunicación, los libros de texto, los ejemplos del profesorado en sus materias, los videojuegos, la publicidad, etc.

Me preocupa de manera especial esas familias que no envían a sus hijas o hijos al centro escolar cuando celebramos la “Semana de la diversidad afectivo-sexual” porque no quieren que reciban este tipo de formación e información.

El odio genera más odio, y parece que a un sector importante de la población -y,. peor aún, de la comunidad educativa- le cuesta entenderlo. En ocasiones incluso a las familias, ese espacio que se sobreentiende que es de confort, de seguridad. Me preocupa de manera especial esas familias que no envían a sus hijas o hijos al centro escolar cuando celebramos la “Semana de la diversidad afectivo-sexual” porque no quieren que reciban este tipo de formación e información.
El pasado día 10 de junio, Sonnia Chinea, periodista y profesora de la ULL, me hizo una entrevista en Radio El Día de Tenerife (Canarias), de la que es directora. El tema versó sobre el amor romántico en la adolescencia y del tipo de relaciones sentimentales que establecían los y las jóvenes de la comunidad canaria, a raíz de un titular que ocupaba las portadas de la prensa en esos días: “Veinte menores maltratadas tienen orden de alejamiento en las islas”. También hablamos sobre la manera en que, como docente, trato la diversidad afectivo-sexual en los centros educativos y en las aulas. Obviamente, la mayoría de los mensajes recibidos como feedback fueron positivos: aquí la prueba. Pero también se generó un mini debate a propósito de los comentarios que un oyente envió en directo mientras tenía lugar la entrevista. Sus comentarios rezaban así:
¿Y si yo como padre no quiero que mis hijos sean obligados a estar expuestos al libertinaje que esta señora expone, ¿qué hago? ¿Por qué quieren imponer ideas antinatural a mis hijos? Podemos convivir juntos, pero el libertinaje sexual es antinatural []

Las lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales no somos ideas, sino personas. Nuestras muestras de amor lésbico u homosexual no son libertinaje, sino muestras de amor.

Me recuerda esto al discurso racista en la época de la esclavitud. Para empezar, las lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales no somos ideas, sino personas. Nuestras muestras de amor lésbico u homosexual no son libertinaje, sino muestras de amor como todas las que a diario recibe la juventud y adolescencia a través de los medios nombrados anteriormente (cuentos, canciones, dibujos animados, novelas…). Además, las personas LGTBI no somos antinaturales, somos tan naturales como la vida misma.
Este tipo de comentarios no pertenece a una persona aislada, sino que es el discurso demoledor de un sector de la población. Lo primero que pensé al escucharlo fue “solo espero que su hijo o hija no sea gay, lesbiana, bisexual o trans”, porque, de ser así, si no recibe de alguna parte las herramientas para sobrevivir que no encuentra en casa, tendrá un alto porcentaje de acabar como las dos chicas adolescentes mexicanas que se suicidaron el pasado mes de abril porque sus familias les prohibieron estar juntas. Nuestro alumnado LGTBI necesita un lugar seguro en el que su integridad psíquica esté a salvo y la enseñanza pública tiene la obligación de velar por que el alumnado en su totalidad parta en igualdad de condiciones desde que pone un pie en los centros educativos.

Nuestro alumnado LGTBI necesita un lugar seguro en el que su integridad psíquica esté a salvo y la enseñanza pública tiene la obligación de velar por que el alumnado en su totalidad parta en igualdad de condiciones.

Cierto es que cada vez vamos conquistando terreno a la igualdad, pero nos queda mucho camino por hacer. La experiencia profesional me dice que es primordial incluir la diversidad afectivo-sexual y las distintas identidades de género de manera transversal y en los currículos de las asignaturas, ya que, en la medida en que se visibiliza y se da voz a la diversidad del ser humano, la diversidad específica de cada aula encontrará un espacio saludable en el que desarrollar su propia identidad.
Fuente: Tribuna Feminista

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