sábado, 4 de junio de 2016

El cómo y el porqué de retrasar el orgasmo

retrasar el orgasmo 


Recuerdo que hace tiempo, mucho antes de empezar a escribir sobre sexo, me avergonzaba decir en voz alta que me masturbaba. Por entonces, todavía no había dado el paso de comprarme un vibrador y solía desatar mi imaginación.

Me montaba las escenas más excitantes y dignas de una película porno en mi cabeza, me masturbaba en lugares incómodos como la ducha y, de vez en cuando, me retrasaba el orgasmo. Nunca antes había oído hablar de esta práctica, pero había surgido de la experimentación con mi propio cuerpo. No sabía que tenía un nombre, ni que era común en el BDSM, pero lo que sí sabía era que me resultaba muy placentera. Una vez me metí en el mundillo del BSDM y fui aprendiendo de él, descubrí que lo que yo hacía y que no tenía nombre en mi cabeza se llamaba edging.

El edging es un término inglés que proviene de la palabra edge, cuyo significado es ‘filo’ o ‘borde’. También se le puede llamar control del orgasmo, masturbación lenta, peaking (significa ‘cumbre’ o ‘apogeo’ y se refiere al momento del orgasmo) o surfing (por el  hecho de ir “sorteando” el orgasmo”). Esta práctica consiste en mantener un cierto nivel de excitación sin llegar al orgasmo. La restricción del orgasmo puede venir impuesta por nosotras mismas en la masturbación o por una pareja (dentro del marco del BDSM).

El control del orgasmo está más extendido entre hombres que entre mujeres, porque a diferencia de ellos, nosotras podemos conseguir más orgasmos, ya que nuestro cuerpo no nos exige un periodo refractario.
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No obstante, es una práctica muy placentera, y lo voy a ilustrar con un ejemplo muy sencillo. Vamos a imaginar que llevamos unas semanas sin comer chocolate porque estamos a dieta. Cuando terminamos de cenar vamos a la cocina, abrimos la nevera y vemos la tableta; pero aunque tengamos muchas ganas sabemos que no podemos. Esta escena se repite a diario, hasta que vemos que nuestro cuerpo está progresando y estamos obteniendo los resultados deseados. Entonces, decidimos darnos un capricho y volver a comer chocolate. ¿Te imaginas esa sensación? Es muy parecida al placer que sentimos una vez alcanzamos el orgasmo después del edging. Al retrasar y posponer el momento que tanto deseábamos, el clímax es mucho más intenso y, en la mayoría de casos, más duradero. La diferencia con el ejemplo es que no estamos a dieta, sino que somos nosotras quienes decidimos entrar en el juego del edging.

Poner en práctica este ejercicio no es difícil ni requiere demasiados conocimientos previos. No necesitamos ningún objeto para llevarlo a cabo y podemos hacerlo en solitario o en pareja. Lo que sí necesitamos para hacerlo bien es tener fuerza de voluntad y comprender que nuestra mente juega un papel fundamental. Una vez estamos en la situación y sentimos que estamos cerca del orgasmo, podemos utilizar una de las tres formas para retrasar el orgasmo:
  • Deteniendo por completo la estimulación: si estás estimulando tu clítoris, deja de hacerlo. Frena en seco. Si se trata de tu punto G, retira los dedos.
  • Ralentizando la estimulación: baja el ritmo de las caricias o disminuye los estímulos. Si usas un vibrador, utiliza una velocidad menor.
  • Imaginando algo que te “corte el rollo”: esta última opción es la más complicada y, sinceramente, no sé si se habla de ella en los libros sobre BDSM. Yo la llevo a cabo porque me gusta experimentar y ponerme retos a mí misma. Se trata de proyectar una imagen en tu cabeza lo suficientemente potente como para hacer que tu mente se distraiga y se olvide de los estímulos que tu cuerpo todavía está recibiendo. Puede ser lo que sea, pero debe producirte una sensación de rechazo. En mi caso, en algunas ocasiones he imaginado a mi antiguo profesor de lengua con un tutú rosa.
¿Lo has conseguido? La dificultad del edging reside en que debemos conocer muy bien nuestro cuerpo y nuestros orgasmos para detectar cuándo estamos al límite. Podemos retrasar el orgasmo tantas veces como queramos, o incluso optar por no tenerlo (lo cual se conoce como denegación del orgasmo). Al hacerlo en pareja, no podemos saber si a quien le estamos practicando el edging se encuentra cerca o no del orgasmo, lo cual puede ser más complicado a la par que divertido.

En resumidas cuentas: el edging es una práctica sana, sin ningún tipo de inconveniente, gratuito, placentero y apto para la masturbación y para parejas. En el fondo, se trata de ser consciente de tus límites, de donde empieza y termina tu cuerpo. Con la práctica, aprenderás a ser dueña de tu propio placer y podrás conseguir orgasmos de película.
Fuente: MiraLes MGZ

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