martes, 19 de abril de 2016

Mujeres que amamos a mujeres: amor para valientes

 

 Las mujeres que amamos a otras experimentamos un tipo de amor que solo las valientes saben afrentar. Porque cuando hay amor, se puede.

El amor es para nosotras, valientes. Para las que -desde el comienzo- alzamos la mirada, para quienes levantamos la voz y declaramos que existimos, protestamos a quienes nos ven en pequeño y a quienes van en contra les decimos “por qué”.

Para amar a una mujer hay que ser valientes, para salir a la calle sin que importe lo que digan los demás -y dicen mucho. Sin que nos detengan sus paredes opositoras, sin que nos deslumbren sus opiniones conservadoras y sin que nos determinen sus actitudes negativas: de odio, de tristeza, de repudio, de vergüenza injustificada, sin razón, fundamentos o realidades comprobables de lo terrible que resultamos para la sociedad.

El amor es para quienes hablamos. Para quienes presentamos a la novia o a la casi-novia *suspira*, y al resto de nuestras amigas que no pueden disimular (ni deben) que les encanta estar del otro lado del mostrador.

Y por supuesto que también para las discretas, porque estar adentro también necesita valentía. Aguantar, resistir. No cualquiera se sostiene firme adentro.

Las mujeres necesitamos ser valientes para amar, justo cuando sentimos que vamos en caída libre. Cuando ella sonríe y pasa el tiempo despacito; cuando gira, te queda de espaldas y sueltas ese suspiro que contenías para que no se diera cuenta.

Amar es ser valiente y requiere también ser responsable. Responsable de ti misma, saber que cada cosa la haces por que quieres y nadie exige sacrificios. Que cada acción que viene de ti, fue elegida por ti. Que todo el amor que diste dependía solamente de ti, de lo que eres, de lo que tienes, de lo que llevas, de lo que puedes dar. Amar a una mujer es cosa de valientes.


Darle un abrazo, darle tus besos, darle tu amor, darle tu cuerpo (alegría macarena…), darle tu historia. Darle amor digno, justo, sano, libre.

Renunciar a aquello que no quieres. Dejar de insistir. No aferrarte. Saber decir que no. Buscar, encontrar y atravesar nuevos caminos.

No es para las ‘a veces’, para las debiluchas o las blanditas. Es para quien puede con los desvelos, las desmadrugadas, las borracheras, las crudas, las deshidratadas que dan de tanto llorar pero también para quien aguanta el dolor en el abdomen de tanto reír y las arrugas tempranas de las muchas sonrisas.

Esto tampoco es para las que se olvidan de las fechas especiales, quienes ya ni se bañan para una cita importante, las que no escriben, las que no llaman, las que no hablan, las que no besan, las que se olvidan de saludar y de despedirse. Eso ni es amor, ni vale la pena.

El amor no es para las que no son románticas porque cuando hay, hay en serio, cuando hay se nota y a todas se nos sale sin querer. A veces hasta da pena, “quién iba a imaginar que yo andaría haciendo todo esto”… Pero no hablamos de detalles ni exageraciones, sino de lo verdaderamente importante. De las pequeñas cosas que son importantes para ti y para ella. Esas cosas que marcan. Como llenarla de besos sin que te lo pida.
No decimos llegar con 167 rosas rojas, una de por cada día que se conocen, ni comprarle un minion en la tienda de regalos de Soriana, eso es rosa. Es mecánico. El verdadero amor es demostrarlo real, sin pensarlo, solo sentirlo.
Un cobarde es incapaz de mostrar amor, hacerlo está reservado para los valientes. – M. Gandhi

El verdadero amor es de las valientes que te dan un beso frente a todo el kindergarden a la hora de la salida, que te roban uno, dos, tres, cinco besos frente a las madrecitas que iban pasándoles a un lado. Así, por impulso. Ese amor es de mujeres valientes que se dejan ir sin pensar, sin agarrarse, sin detenerse, sin preocuparse.
El amor así debe ser, loco, tonto, arrebatado, impulsivo, desesperado, inquieto, que no puede ni sabe ni debe esperar.
El amor entre mujeres no es para cobardes. Es para las que nos animamos, las que odiamos el amor pero luego vamos de nuevo. De quienes escuchamos de todo por la calle, de las que hablamos de todo por teléfono, de quienes comunicamos lo que pensamos, sentimos, creemos y necesitamos.
 
Pero no sabemos bien cómo amarnos. Por eso estamos como estamos. Porque todas queremos una novia, pero hasta ahí. Queremos que nos mime, que nos apapache, que nos cuide, que nos espere, que nos respete pero ni amarla podemos. Ni a eso nos comprometemos. A darle una sorpresita, a llegarle de imprevisto, a salir de la rutina.

Hay que arriesgarse. Cuando hay amor, se puede.
Y no, mucho menos es de ir a rescatar princesas, luchar contra los dragones y matar cocodrilos. Total, si ya estás debajo de la torre lo mínimo que la doncella en peligro puede hacer es lanzarte la escalera.
Si no pasa, salir por donde entramos, es un acto de gran valentía. Si sí pasa, recuerda que ser valientes es un acto de amor.
Detrás de alguien que arriesga, hay alguien que ama.
 Fuente: BTA

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