sábado, 2 de abril de 2016

Cómo ligar en el gimnasio (siendo gay)

 

 Entre todo el postureo y el modernerío que corre por el mundo, pasa una cosa: que si te vas a ligar al ambiente, mal, porque eres carne de gueto y noséqué y nosécuántos; si te vas a ligar al cuarto oscuro o haces cruising, casi peor: porque eres un putón; y si tiras de aplicaciones para ligar, pues ya es que eres un superficial (además de un poco putón también, posiblemente). ¿Solución? Pues o te quedas en mitad de la calle rezando a Santa Kylie Minogue (patrona de los números 1 imposibles) esperando a que se alineen los planetas y ligues... o pruebas a ligar, por ejemplo, en el gimnasio.


Claro, que ligar en el gimnasio (siendo gay) no es tan sencillo. Acercarse al chico que más te pone cuando está levantando tropecientos kilos, rodeado de lo más hetero y testosterónico del lugar y preguntarle si le puedes chupar la polla, quizás no sea la mejor opción. Hay que estar atentos al momento y el lugar y, por supuesto, a si el chico en cuestión es gay y hay posibidades con él.

Para acertar con el chico ya dependerá de nuestra intuición mariconil y de cada caso concreto, pero en cuanto a la situación más oportuna, podemos destacar unas cuantas especialmente interesantes:


Clases dirigidas

Es decir: aerobic, step, yoga, spinning, body pump, body power, body jota aragonesa, barra de stripper o coreografías de musicales de Broadway. Cosas con monitor, para que nos quede claro. Ésta sería quizás la opción más adecuada para los que buscan ligar en la acepción de conocer gente. Posiblemente tomar un café después, una cena y similares romanticismos varios. Lo bueno de esto es que, al ser un grupo más o menos reducido y veros a menudo, parece más fácil entablar conversación. Lo malo es que, al ser un grupo más o menos reducido, las posibilidades de encontrar a alguien que te guste también se reducen.

Sala de pesas

Si resulta que lo que nos gusta no son las clases sino hacer pesas, una opción bastante válida podría ser sacar conversación ahí mismo. Por ejemplo pidiéndole al chico que nos gusta que nos explique cómo se usa tal o cual máquina, que nos ayude con las pesas o símplemente preguntando si le quedan muchas repeticiones con lo que está usando. Claro que la conversación se puede quedar en tres frases, pero echándole un poco de imaginación (y morro) siempre podemos alargar un poco la cosa y hablar de entrenamientos, preguntarle su nombre... Eso sí, durante la cinta de correr o la elíptica mejor no hablar si queremos seguir respirando y estas cosas que hace la gente humana.

Vestuarios

Si pensamos en ligar de llevarse a alguien al huerto sin más ni más, dentro del gimnasio lo ideal sería el vestuario (y baños y sauna que suelen estar dentro del mismo). Vendría a ser lo que se dice cruising o cancaneo de toda la vida. Lo bueno de esto es que si habéis estado una hora lanzándoos miraditas por todo el gimnasio, tienes la certeza de saber cómo es físicamente que en un cuarto oscuro posiblemente no tengas. ¿Lo malo? Pues, además de lo que pueda pasaros si os pillan de kiki en el gimnasio, que aquí lo de un polvo y se acabó puede complicarse si es con alguien a quien ves a diario.


Y ése precisamente viene a ser el mayor problema de ligar en el gimnasio: que, ya sea para sexo o para algo más serio, si saliese mal por cualquier cosa, o te tragas el drama cada día (miraditas de odio, acosos o incluso escenitas vociferando desnudos en la zona de duchas, por ponernos en situaciones surrealistas pero posibles al fin y al cabo) o te toca cambiar de horario (o hasta de gimnasio). Que ya lo dice en refrán: donde tengas la mancuerna no metas la tercera pierna. Por otra parte, también es verdad que todo puede quedarse en que cada vez que os crucéis, curiosamente, aparezca una necesidad sobrehumana de mirar algo en el móvil o de quedarse observando el infinito como si nuestra vida dependiera de ello... lo que viene a ser hacerse las suecas, vamos, pero nunca se sabe lo que puede ocurrir.

En mi caso, aunque tampoco he tenido muchísimas experiencias de ligar en el gimnasio, cuando se ha acabado se ha quedado más bien así: con la frase "Uy, no te había visto" como forma de empezar una conversación de no más de dos minutos y luego a volver a hacerse los tontos. Supongo que he tenido suerte... Eso sí, tengo que reconocer que, aunque tampoco me ha pasado muchas veces, lo de lanzarse miraditas todo el rato para acabar haciendo cochinadas (sobretodo si las duchas no tienen separadores entre ellas), tiene su encanto.
Fuente: A ti,¿qué te gusta?

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