lunes, 11 de abril de 2016

7 señales de que tu relación va a funcionar

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¿La verdad? Una relación es un sistema dinámico, no lineal, y tan complejo que ninguna “psico-bola de cristal” puede prever si funcionará ni por cuánto tiempo. Sin embargo, hay ciertos aspectos que nos hacen creer que una pareja promete. Podríamos resumirlos en los siguientes:

1. No hay suspicacias ni suposiciones
Hay confianza entre vosotras para decir lo que pensáis y sentís sin represalias ni suspicacias.
No se trata de hablar de cualquier cosa como si de amigas se tratase: ¡no lo sois! Hay personas que quieren saber todos los pelos y señales de la vida presente y pasada de sus compañeras y otras que prefieren pasar por alto algunos datos. Eso no es importante, ambas cosas son igualmente válidas, pero si alguna de las dos no confía en los actos o palabras de la otra, por la razón que sea, entrará en un eterno “¿Qué querrá decir?”, “No creo que sienta lo que dice”, productor de celos, suposiciones, enfados presentes que encubren conflictos pasados no resueltos, etcétera. La relación entonces corre el peligro de pasar a ser una partida de póquer donde siempre perderemos.

2. Reís juntas

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El humor y la risa son el aceite que engrasa cualquier motor. Le dan levedad a los conflictos, unen tanto como puede hacerlo la química sexual, y facilitan la evolución de la relación. Si reís juntas, tenéis muchas papeletas para funcionar.

3. Hay apoyo
Sois diferentes, pero os ponéis en el lugar de la otra.
Cuando una relación empieza, el apoyo mutuo es uno de los pilares que han de construirse ineludiblemente si queremos que se convierta en algo serio. Puede que no entiendas cómo se relaciona con sus hermanos, que no te guste cómo gestiona su trabajo o sobreprotege a su hijo, pero ante sus problemas y conflictos, antes de optar por el “­Te lo dije”­ o el “Yo lo hubiera hecho de otra forma”­ prefieres observar y dar sostén emocional. ¡Vas por buen camino!

4. Estáis en el mismo momento vital

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A veces parece una tontería, pero que una de vosotras tenga claro que en breve quiere formar una familia, por ejemplo, y la otra sienta recelo de perder su libertad, puede hacer que la relación se quede siempre en algo que no llega a cuajar del todo.

Sin embargo, compartir este momento vital es algo que influye, pero no es definitivo. Porque a veces, sin darnos cuenta, los raíles de nuestros destinos se empiezan a aproximar y empezamos a construir un futuro inesperado juntas. Si estamos enamoradas, cambiar de ruta puede valer la pena.

5. Atracción y deseo 
Es la gasolina que activa la máquina. Sin deseo, no hay terreno donde cultivar una relación. El tiempo lo redefinirá, habrá momentos de estrés o conflicto donde amainará, pero su presencia, aunque sea latente, es ineludible para llegar a crear una pareja.

6. Aprendéis juntas

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Es bueno que tengáis intereses en común. Pero aún mejor que eso es que aprendáis la una de la otra.
El primer mes, la sola fascinación física puede sostener el impulso de ambas hacia la relación, pero pasado este tiempo el interés se mantiene por factores como la química, es decir, que os complementéis y aprendáis juntas en la sexualidad, y por la admiración mutua, lograda porque ambas os enseñáis algo de la vida, ya sea de vuestros conocimientos, de vuestra forma de manejar la vida, o de vuestra forma de sentir y pensar. Sea por lo que sea, sentir que aprendo con mi pareja me genera un verdadero enganche, que asegura que, al menos durante un largo tiempo, la relación vaya viento en popa.

7. Te sientes cómoda
Se te pasan las horas, los días… Te sientes a gusto y por lo tanto te enfocas en disfrutar.

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Parece una perogrullada pero no es tan simple: una mujer puede atraerte locamente, pero a la hora de veros, imponerte tanto que no logres disfrutar. Esto es algo normal al principio, esperable e incluso positivo, pero del paso del tiempo y de la química entre las dos depende que cada vez os sintáis más espontáneas. Cuando esa falta de comodidad se alarga, es porque algo dentro de nosotras no nos deja ser nosotras mismas, ya sea por miedos propios o porque nos sentimos evaluadas. Entonces la relación se vuelve agotadora en lugar de facilitadora, y eso puede hacerla peligrar.
Rocío Carballo
Fuente: Revista MiraLes.com

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