martes, 29 de marzo de 2016

Lesbianas masculinas vs. Lesbianas femeninas

Lesbianas mirales femeninas masculinas 

Muchas me diréis, “masculina”, “femenina”, esos son conceptos pasados de moda. Puede ser, pero para lo que quiero contar, los necesito.

Todas las mujeres lesbianas sabemos que en torno al concepto de “lesbiana” sigue habiendo prejuicios. Aun así, vamos logrando que estos se evaporen con el simple acto de ser visibles, pues no hay prejuicio que aguante el peso de la realidad.

Sin embargo, hay una cosa que me preocupa en el camino: cuando los prejuicios los ponemos nosotras mismas. Prejuicios a veces tanto o más agresivos que el de la peor de las mentes conservadoras.

Me explicaré con ejemplos. Hace poco di una conferencia. Al terminar, se me acercaron unas chicas, de apariencia mas andrógina a la mía, por llamarlo así, y me dijeron: “Nos ha encantado tu ponencia. Te confesamos que cuando te vimos con esa faldita y esos pendientes, pensamos que no dirías más que tonterías. Pero nos ha sorprendido”. ¿Eso era un cumplido?

Igualmente, desde que trabajo en MíraLES, me han sorprendido sobremanera las críticas a  ciertos artículos donde aparecían lesbianas más o menos guapas, o delgadas, o con falda, o tacones. Fuera de mi trabajo, también mis sentidos han tenido que leer y escuchar cosas que hubieran preferido ignorar: “Las lesbianas femeninas no son lesbianas de verdad. Son mujeres sometidas a los cánones de belleza masculinos, como muchas heterosexuales”.

Mi sorpresa ante frases como esta sólo es comparable con la que he sentido al escuchar opiniones similares pero en sentido contrario: “Las lesbianas masculinas no son lesbianas de verdad. Son mujeres que se comportan como tíos“, o “No traigas a la fiesta a esa amiga tuya tan macho, no quiero que piensen que vamos de ese rollo, ya sabes”.

Y yo me pregunto; si nos indignamos cuando la gente se muestra tan cazurra ante la diferencia, ¿por qué nos pasa a nosotras lo mismo?

Realmente entiendo de dónde viene el razonamiento de cada una. Porque las mujeres lesbianas femeninas escuchan a diario frases que pretendían ser cumplidos tipo “¿Eres lesbiana? Pues no lo pareces” o “Qué pena que seas lesbiana, con lo femenina que eres”.”¿No serás bisexual?” e incluso, (escuchado de un chico que pretendía ligarme hace dos semanas), “No me lo creo. Mientes. Vale si no quieres nada conmigo, pero no me mientas”. Esa mujer lesbiana, que ha oído ese tipo de, perdonad la expresión, estupideces, tal vez se siente irritada al observar el encorsetado término de mujer lesbiana que tiene la mayoría, donde ella no entra. Como mujer femenina, no puede ser lesbiana. Y tal vez, en esa frustración, su rabia se vuelve contra las que cree que han dado lugar a ese corsé conceptual: “Las lesbianas masculinas”.

A la par, las lesbianas masculinas pueden también llevarse su dosis de tontería social, y escuchar cosas como “Pero por qué no te arreglas y te pintas un poquito, que irías más normal”. 

Sin ir más lejos, mi madre me dijo la semana pasada, (lo cual me animó definitivamente a escribir este artículo);

Mi madre: “Esa chica no me gusta nada, ya sabes, me parece un poco… mariposona”.
Yo: “¿Mariposona, mamá? ¿Quieres decir lesbiana? Porque yo también soy lesbiana, y lo sabes.
Mi madre: Hija, no me refiero a eso. Quiero decir, tú no eres de ese tipo de lesbiana…
Yo: ¿De qué tipo mamá?
Mi madre: Ay, hija, ya sabes, bueno, déjalo.
Ante tales absurdeces (con todo el respeto a mi amada madre), una lesbiana más masculina puede sentir sobre su piel el peso de los convencionalismos sobre lo que “debería” ser una mujer. El gobierno tiránico de los cánones heteropatriarcales que, sin duda, existe. Y sentir rechazo por las lesbianas que parecen adaptarse y asimilarse a ese estilo de chica “que la sociedad impone”.

Sin embargo, desde mi punto de vista de lesbiana y observadora vocacional de otras lesbianas, os diré:

¡Las lesbianas femeninas lo son porque les nace del cuerpo y del alma. Porque les gusta cómo hablan, cómo andan, cómo piensan. ¡Porque se miran al espejo y se reconocen!
¡Y las lesbianas masculinas lo son porque les nace del cuerpo y del alma. Porque les gusta cómo visten, cómo sienten, cómo hablan, ¡y reconocerse en el espejo cuando se miran!

¿Por qué no dejamos de cuestionar a todo lo que no se nos parezca? ¿Por qué no empezamos a asociarnos, aliarnos, unirnos y enamorarnos?

¿Por qué no hacernos visibles juntas, defendernos unas a otras, y trabajar mano a mano por seguir derribando prejuicios? ¿Por qué no derribar juntas la expectativa social de feminidad y masculinidad?
Fuente: Revista MiraLes.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario