domingo, 6 de marzo de 2016

Desde el armario de la “discreción”

Discreción: dícese de la “reserva o cautela para guardar un secreto o para no contar lo que se sabe y no hay necesidad de que conozcan los demás”.

silencioCuando salimos del armario, de lo que ya hemos hablado en artículos anteriores, hay dos grandes armarios, que son el interior y el exterior; el reconocerlo y aceptarlo ante nosotros mismos, y luego el decirlo o vivirlo de forma externa ante la sociedad.

Este segundo armario puede tener, y tiene, muchos matices o sub-armarios o puertas giratorias, dependiendo de si hemos hecho una salida al 100 % o no, de si vivimos nuestra sexualidad de forma 100 % integrada, o la vivimos con matices, dependiendo del entorno, de con quien estemos, etc.

Yo personalmente, soy partidario de salir al 100 %, y respetando la decisión de mis clientes es a lo que, por un lado, les animo; y por otro, si lo han hecho, y conocen a alguien que no lo ha hecho, les animo a no volverse a meter por nada ni nadie. Mucho esfuerzo y trabajo ha costado llegar hasta donde han o hemos llegado para comenzar a dar pasos hacia atrás.

Si queremos vivir de forma plena nuestra vida, es fundamental e imprescindible, como habla Bernardo Ruiz Figueroa en su libro “Desde el tercer armario”, el reconocimiento, la aceptación e integración total, como parte de nuestra esencia. 

Ser gay, lesbiana, transexual o bisexual no es un complemento a nuestra forma de ser, lo podremos negar, ocultar o rechazar, pero forma parte de nuestra identidad más profunda. Y ese deseo por personas del mismo sexo siempre estará ahí por mucho que intentemos negarlo. Y sino lo integramos al 100 % nuestra vida nunca será completa ni nos sentiremos realizados al máximo.

Un reflejo de esa no integración total, motivado por miedos, por cierta homofobia interiorizada, puede ser la búsqueda de la discreción. Entiendo esos miedos o temores, y sobre todo dependiendo del entorno en el que se vive, no es lo mismo un pueblo o pequeña ciudad, que una gran capital. No es lo mismo haber nacido en una familia con una mentalidad abierta, que en una conservadora, religiosa u homófoba.
Lo entiendo porque yo los he vivido en primera persona, nací en un pueblo mediano, en una familia católica, no tuve ningún referente gay que no fuera lo típico de hace casi cuarenta años, y luego me fui al seminario, con lo que tuve el pack completo. Después de salirme de sacerdote, comencé mi proceso de salir del armario poco a poco, “con más miedo que hambre”, y me hice un experto en la discreción.

Fui consciente que esa, mal llamada discreción, eran miedos y temores, era reflejo de una no aceptación profunda de lo que era. ¿Por qué si yo tenía pareja no podía manifestar mis sentimientos en público? ¿Por qué en el trabajo no podía hablar de si me había ido de fiesta por Chueca o de excursión con mi marido? ¿Por qué no podía vivir una vida normalizada como el resto del mundo? ¿Qué tenía que esconder? ¿Acaso estaba pecando u ofendiendo a alguien? ¿Por qué los heteros si y yo no? ¿Por qué, incluso, no podía comentar con mis amigos gays o no gays, si iba de cruising, sauna o cuarto oscuro, cuando lo hacía de forma libre y voluntaria, e iba a pasarlo bien?

Tantos porqués internos me llevaron a plantearme que esto de la discreción era otro gran armario para tapar mis miedos. Ser gay no significa tatuártelo en la frente, pero tampoco significa que no puedas vivir tu vida como el resto del mundo, porque de esa forma nunca llegarás a ser plenamente feliz.
Un caso que conocí de una pareja de chicos, uno de ellos muy “discreto”, que cuando iban juntos por la calle, uno iba un paso por delante del otro, por miedo a… ¿Creéis que esta forma de vivir una relación es buena, se puede ser feliz con esos miedos? Es un caso exagerado, pero real. Al final el otro que vivía más “normalizado” acabó la relación.

Si eres de estos, piensa un poco qué hay detrás de frases como: “doy y busco discreción”; “busco a una persona discreta”; “gay con apariencia hetero, busca lo mismo”, etc. Y junto a estas frases, las excusas: “a nadie le importa con quien me acuesto”; o “de puertas para adentro hago lo que me da la gana con mi vida”. Si, están muy bien, pero por qué no hacerlo también de puertas hacia afuera.
Busca lo que te tú quieres y te haga feliz, siendo sincero contigo mismo, y si esto de la discreción ves que no te lleva a vivir como quieres, pues empieza a ser indiscreto, que puede ser sinónimo de “empieza a ser libre contigo y tus sentimientos”

Sé que nos es fácil, pero no imposible; y también sé que hasta que ese armario de la discreción no lo comencé a desterrar no comencé a sentirme bien del todo conmigo mismo.
Fuente: Cascaramarga.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario