martes, 9 de febrero de 2016

Las grasas saturadas ya no son las malas de la película

En los últimos 40 años, las grasas saturadas han sido acusadas como causantes de tapar arterias, y también sobre problemas de obesidad.

grasas saturadasEsto se debe a suposiciones que parten del criterio del sentido común, y ha sido aceptado ampliamente que las personas que buscan mejorar su salud, consumiendo lácteos sin grasa, liberándose de las carnes rojas, mantequilla o cerdo, y evitando la yema de huevo en sus comidas.

Pero la verdad es que es una buena idea amigarse de nuevo con estos alimentos. Después de todo, las grasas saturadas son beneficiosas para nuestro organismo.

Todo ha sido una gran equivocación

La errada concepción sobre la nocividad de las grasas saturadas tiene su comienzo en 1970 con un estudio titulado “Estudio de los siete países”. Este estudio se centró en la incidencia del consumo de grasas saturadas y las enfermedades cardíacas en una población de 12.763 pacientes de distintos países, encontrando una correlación entre ambos factores.

Sin embargo, esta investigación tenía defectos importantes. Por ejemplo, no consideró importantes factores como la ingesta de azúcar, el uso del tabaco y la ejercitación, además de desestimar una importante cantidad de datos de otros países que desmentían tales afirmaciones.

Los autores del citado estudio, tuvieron acceso a datos provenientes de 22 países y no incluyeron poblaciones cuya dieta se basaba principalmente de grasas saturadas y que no padecían problemas cardíacos. Ejemplos de estas comunidades son: los tokelau de Polinesia, los masai de Kenia y los inuit del Ártico.

Las instituciones gubernamentales encargadas de los estudios, siguieron estableciendo una conexión entre las enfermedades del corazón y las grasas saturadas, ideología que consiguió arraigo en la población y definió la pirámide alimentaria diseñada en los años 90’s, la cual recomendaba hasta 11 raciones de arroz y pasta al día, mientras que aconsejaba una pequeña cantidad de grasa para el consumo diario.

¿Cuál fue el resultado? Durante los últimos tres décadas en los Estados Unidos, las calorías vinculadas a las grasas se redujeron del 40% al 30%, en este mismo lapso la obesidad se duplicó y los problemas cardíacos siguieron siendo la principal causa de muerte en Estados Unidos.

Sin embargo, la obesidad epidémica no es causada por un solo factor, existen muchos otros factores que influyen en el tema. Para conocer si es una buena idea introducir de nuevo las grasas saturadas a la dieta, se tendrían que observar con más detenimiento los efectos de ésta en el organismo.

Por qué la grasa saturada no provoca problemas en el corazón

Un estudio realizado sobre 21 investigaciones previas, llevado a cabo en el año 2010, en el que se realizaron análisis sobre 350.000 personas, no logró asociar las enfermedades coronarias con las grasas saturadas, mientras que otros estudios llegaron a la misma conclusión.

Estas investigaciones también fueron blanco de controversias. Los 21 estudios fueron objetivo del escrutinio científico y público, los cuales fueron acusados de ser poco detallados, ya que estas investigaciones fueron realizadas por 14 años, período que para algunos no es suficiente para verificar los efectos de una dieta abundante en grasas saturadas. No obstante, estas críticas originan inquietudes sobre los efectos de las grasas saturadas en el cerebro y en las arterias coronarias.

¿Y qué hay con el colesterol?

El organismo tiene dos tipos distintos de colesterol: El colesterol LDL (colesterol malo) y el HDL (colesterol bueno). La importancia del colesterol no tiene que ver con los niveles totales de este, más importante es el radio existente entre el colesterol HDL y LDL, una forma sencilla de entenderlo, es que debería disminuirse el LDL y aumentar el HDL.

Y hasta ahora se ha creído que las grasas saturadas incrementan el colesterol LDL (colesterol malo).
Sin embargo esto es solo una cara del problema. Existen dos tipos de colesterol LDL: los que contienen partículas livianas y grandes (tipo A), y los que contienen partículas densas y pequeñas (tipo B). Cuando el consumo de grasas y colesterol es reducido y el colesterol LDL disminuye, solamente disminuyen las partículas tipo A. Sin embargo, son las partículas tipo B las que se encuentran relacionadas con enfermedades del corazón y usualmente son controladas con el consumo de hidratos de carbono. Por esto, seguir una dieta baja en carbohidratos reduce el colesterol, una dieta baja en grasas por el contrario no es recomendable.

La grasa saturada podría ser beneficiosa

Entre los distintos beneficios que tiene el consumo de grasas saturadas sobre el organismo, se encuentran:
  • Mejora la salud hepática: Las células del hígado que eliminan la grasa son estimuladas por las grasas saturadas, esto ayuda al hígado a trabajar de forma más eficiente.
  • Inmunidad: Los ácidos grasos encontrados en el coco y la mantequilla, colaboran para que los glóbulos blancos reconozcan las bacterias y los virus y que puedan ser eliminados con mayor facilidad.
  • Hormonas: El consumo de grasas saturadas, incrementan los niveles de testosterona, siendo ésta una de las sustancias que ayuda a reparar los tejidos, preservar los músculos y también a mejorar las funciones sexuales.
Siendo la grasa alta en calorías, podría promover el aumento de peso. Por cada gramo, contiene el doble de calorías que los carbohidratos o las proteínas. Pero teniendo cuidado sobre el tamaño de las porciones de cada comida, las grasas saturadas no tienen efectos negativos sobre el cuerpo.

Las grasas saturadas podrían colaborar en la pérdida de peso: una investigación concluyó que, al someter a tres grupos de personas, un grupo con 90% de proteínas, otro grupo con 90% de grasas y un tercer grupo con 90% de carbohidratos, el grupo que se mantuvo consumiendo grasas fue el que perdió más peso en su totalidad.

¡Cuidado!

Sin embargo, no significa que cualquier fuente de grasas saludables sea saludable. Una investigación realizada por Harvard School of Public Health arrojó que, después de estudiar la dieta de 1.2 millones de personas, no pudieron ser asociadas las enfermedades cardíacas con el consumo de carne roja, pero si se encontró asociación con las personas que consumieron muchas carnes procesadas. Esto quiere decir que, de desarrollarse problemas de salud por comer grasas saturadas o carnes, sería por incorporarlas desde las fuentes no adecuadas (carnes procesadas).

Esto significa que, debe incrementarse el gasto en alimentos. El organismo gusta de las grasas saturadas, mientras que estas sean provenientes de fuentes como mantequilla y carne de vacunos que han sido alimentados con hierba, como también el aceite de coco y los huevos enteros.

La realidad es que el gran enemigo de la dieta moderna es la azúcar refinada: hasta las organizaciones que sostienen que las grasas saturadas son dañinas para la salud, concuerdan que el azúcar es mucho más dañina aún.

La opinión pública está comenzando a cambiar. Grandes publicaciones y reconocidos científicos han expresado los grandes beneficios de las grasas saturadas, luego de relizarse una revisión sobre 16.000 investigaciones científicas sobre la obesidad y la dieta. Suiza por ejemplo, ha sido el primer país de occidente en realizar una recomendación pública a los ciudadanos de su país, de seguir dietas altas en grasas por los beneficios que esta trae al organismo.

La obesidad y las enfermedades cardíacas se encuentran vinculadas a la inactividad, el consumo de hidratos de carbono refinados y grasas trans, y en general comer más de la cuenta (entre otros muchos factores), pero no se encuentran vinculadas con las grasas saturadas.
Fuente: Cascaraamarga.com

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