viernes, 8 de enero de 2016

Cuerpo femenino: sexualidad y opinabilidad

El cuerpo humano es un territorio. No solo tenemos un cuerpo, somos cuerpo. Es un territorio donde pasan cosas, existen huellas y cada territorio es diferente a otro.
acoso sexual callejeroImagen de la campaña del Observatorio Contra el Acoso Callejero de ChileLas voces de nuestros padres y madres principalmente, luego los mandatos sociales, han dado forma a nuestro cuerpo. Sobre el cuerpo de hombres y mujeres. Sobre cómo ha de parecer y qué ha de hacerse con el.

Los seres humanos hemos crecido con un determinado concepto sobre nuestro cuerpo y sobre cómo debería ser, si somos bellos o no. Y sobre nuestra genitalidad, si es grande, pequeña, huele bien o mal etc. y sobre nuestra sexualidad, con quién y cómo tengo relaciones etc.

Hace poco mi supervisora me dijo: haz una biografía de tu cuerpo, qué te decían sobre el, como lo vivías, que sentías...
Mi experiencia ha sido compleja, dolorosa, contradictoria, rica y sorprendente. Vi mandatos, sentencias, silencios, obligaciones, prohibiciones... Con cariño, os animo que hagáis este ejercicio y veáis las voces que ha habido en vuestra piel.

Hoy nos centraremos en el cuerpo femenino como territorio. Como espacio de conquista y lugar de “opinabilidad”. La mayor manifestación del patriarcado y de esta conquista es cuando a las propias mujeres se les convence de una norma social –como natural– sobre su cuerpo.

Debemos entender la sexualidad como un proceso biopsicosocial, donde se incluye, como diría la OMS: “Un aspecto central del ser humano, a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se viven o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales”. Es decir, va más allá de la genitalidad y puede incluirla o no.

Por un lado las mujeres hemos sido desgenitalizadas en nuestra educación sexual, sobre todo en comparación a los varones. Los hombres además del hecho biológico que tienen genitales externos, en lo que se refiere a masturbación ha sido más consentida o entendida que para las mujeres (en el sentido que aunque se ha castigado, ha sido “más comprendida” que la femenina por la idea errónea de la “pulsión” masculina). Además han hablado con sus pares de su pene y en algunos casos han podido comparar.
Por otra parte, podemos también afirmar que se anima a que los hombres desarrollen su sexualidad, como capítulo principal en sus vidas, en las mujeres parece que se desarrolla como anexo.

Los hombres, por su parte, en su mayoría, han tenido un desarrollo de la sexualidad global, aparte de lo genital, más escaso, hablando eróticamente, en sensorialidad, piel, fantasías…

En cuanto a la biografía sexual de los chicos, tampoco ha de haber sido del todo sencillo demostrar “ser hombre” todo el día: “¿Y qué es? ¿Cómo lo hago?”. Tener que tener el pene siempre grande y dispuesto 24 horas, 7 días a la semana. Fuerza músculos, resistencia. Donde lo blando y tierno no cabe. Donde se aprende a “hostias”. Se educa genitalidad contra globalidad, como un binomio de opuestos.

Dicho esto, volvamos a la opinabilidad que hoy nos ocupa. El cuerpo de las mujeres es el lugar de mayores violencias. La mayoría de las violencias ocurren sobre el cuerpo, y en su mayoría sobre cuerpos femeninos, y para cargar aún de más peso, con violencias sexuales: violaciones, mutilación genital, violaciones como arma de guerra...

acoso mujerLos cuerpos de las mujeres son opinados constantemente en las Instituciones, en los espacios privados, en la calle, en los textos. Y muchas veces por personas que ni siquiera poseen cuerpos femeninos. El discurso en cuanto cómo ha de ser o qué ha de hacer con su cuerpo un sujeto, se enfoca en su gran mayoría hacia las mujeres , ya sean cis o trans.

Pero ahora incluyamos diversidad de género y de orientación del deseo. Dentro del mundo LGTBI –si es que solo hay uno– se ha conseguido mucho, pero no podemos taparnos los ojos y ver la discriminación por género que hay y puede haber. Al menos, en cuanto a grandes ciudades como Madrid se refiere, los varones homosexuales han ocupado un espacio económico y social mucho más elevado que las mujeres en general y las mujeres no heterosexuales en particular.

Obviamente contamos –al menos yo los tengo en mis seres queridos– a muchos hombres homosexuales feministas que se miran y se deconstruyen y vuelven a construirse.

A la par, también hay mujeres homosexuales y no homosexuales que no quieren saber de ‘eso del feminismo’, como si se les fuera a pegar un mal. Recuerdo hace poco una frase de una persona empresaria que hablando de contratar a mujeres homosexuales, dijo algo parecido a esto: “lo importante que sea profesional… y normal, ya sabes...”.

Animo a nuestras amigas y amigos a ver si recuerdan o reconocen esta pintoresca escena: Si una mujer va por la calle, podrá recibir frases del más vasto colorido, pero si son dos mujeres aún más: desde “bolleras” hasta “¡que rico!” o “¿hacemos un trío?”. ¿A alguna mujer se le ocurriría hacer esto con una pareja de hombres?

El musical Priscilla reina del Desierto que está en nuestros teatros, al margen de gustos, abren la sesión con “¡Vivan los gays, las lesbianas, los transexuales! ¡Viva la diversidad!”, y a mitad de acto, una broma de mal gusto sobre una mujer lesbiana.

¿Recordáis lo de la biografía sobre el cuerpo? ¿Qué memoria tendrá el cuerpo de las mujeres heterosexuales y homosexuales cuando quieren reinventarse de adultas? Puta, gorda, heteruza, fea, machorra... ¿Eso es lo que queremos fomentar?

El hombre, incluido el hombre homosexual, tiene la veda del espacio social y verbal sobre su sexualidad y su cuerpo y sobre el de otras. Seguimos diciendo quién puede acostarse con quién y cuántos y que sea un valor positivo. ¿Esto es diversidad, crear élites en las minorías?

Muchos hombres gays siguen teniendo que ser genitales, sexuales y con deseo todo el tiempo, porque es lo que se espera de ellos y han de demostrarlo, pasando por rituales de glory holes, saunas... es decir, el varón homosexual tiene que salir del armario, que no suele ser un camino de rosas, y luego seguir haciendo pruebas de hombría con su cuerpo.

¿Y ellas? Lo importante es que gusten a un ojo masculino. Y en esta belleza no suelen incluirse mujeres masculinas. La feminidad en un hombre puede entenderse, la masculinidad en una mujer no.

Y qué decir de los “agentes dobles o groupees”. Hemos visto en películas y en la realidad a chicos gays feos o guapos, con pluma o sin ella, con un coro de mujeres que les adoran y veneran (conocidas patriarcalmente como “mariliendres”). ¿Se imaginan una lesbiana masculina con un grupo de fans hombres y heterosexuales? Por tanto la pregunta sigue siendo la misma: ¿Quién puede y quién no?

Algo parecido está ocurriendo dentro de la comunidad gay con aplicaciones como el Grindr, donde se ven manifestaciones de plumofobia, machismo, serofobia... donde se ven duros mandatos sobre el cuerpo, pero eso será otro interesante capítulo.

Todo este discurso empapa al cuerpo femenino, con toda su gama de vivencias y orientaciones. Y ese cuerpo va a su cama con toda esta carga. Y esto tiene consecuencia en la intimidad sexual y afectiva de las mujeres. De las mujeres con sus cuerpos, fantasías y deseos, de sus cuerpos con otros hombres. Y prestemos mucha atención: haciendo de efecto búmeran de su sexualidad con otras mujeres. Muchas veces su salida del armario no es tan liberadora.

Armarios, voces, roles, opiniones, posturas, deseos, penetraciones, orientaciones, amores y desamores tienen sesgo de género. En resumidas y terribles cuentas, hace a las mujeres más vulnerables en la intimidad.
Proponemos por lo tanto, desde este espacio, una sexualidad desde la creación, desde el crecimiento erótico, para dejar de lado permisos y prohibiciones. Porque, ¿acaso no es hermoso cuando por fin estás en paz con tu cuerpo y este empieza a ser tu hogar, en lugar de tu celda?
Fuente: Cascaraamarga.com

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