miércoles, 25 de noviembre de 2015

Lo que le pasa a las heterosexuales cuando les digo que soy lesbiana

mujeres lesbianas y heterosexuales 


A las 23.30 llevábamos una alta dosis de mojitos en el cuerpo. La cantidad suficiente para disfrutar y no sufrir pensando que era noche de miércoles y al día siguiente teníamos que madrugar. Tanto mis compañeros de trabajo como yo debíamos estar en la oficina a las 9.
Abundaban las bromas de sexo, las tonterías y las risas. Arantxa y yo estábamos en la barra, “¿te pido otra?”, me preguntó, y antes de que pudiera responder se abalanzó sobre mi y me metió la lengua hasta la garganta. Tardé cinco segundos en comprender que una de mis compañeras de trabajo, muy heterosexual (el “muy” está justificado por el alarde que hace diariamente de su fijación con los hombres) me estaba besando a mi, la lesbiana de la oficina. Al segundo número 6 me relajé y comencé a dar una bienvenida sexy y apasionada a esta mujer, a esta lado de la acera.
Sentí la ausencia de risas y de bromas. El silencio. También sentí que atraíamos las miradas atónitas de todo el departamento de marketing de mi oficina, hasta podía imaginar sus pensamientos.  No solo la lengua de Arantxa estaba descontrolada recorriendo mi boca, también sus manos recorriendo mi culo, mi cintura, mi espalda. “Hace tiempo que tenía muchas ganas de hacer esto”, me decía en parte ella, en parte los cinco mojitos que llevaba en el cuerpo.
Siempre he salido del armario en todos los contextos de mi vida, el laboral no ha sido una excepción. Es mitad reivindicación y mitad abrir puertas de ligoteo. Jamás he dicho “soy lesbiana” desde la vergüenza, el miedo o como si hubiera algo malo en mí. Más bien uso un tono de superioridad que se asemeja al que utilizan los niños cuando se jactan de tener la última barbie o de poseer el videojuego de moda. Como si hubiera nacido dotada del gran privilegio de ser mujer y disfrutar sexual y emocionalmente de otras mujeres. No es a propósito. Me sale natural.
Curiosidad. La primera reacción de las mujeres heterosexuales. Luego muchas preguntas, algunas que se atreven a soltar, otras que se las guardan para ellas. ¿Pero cómo es? ¿Cómo te diste cuenta? ¿Y el sexo con otra mujer? ¿Y cómo sabes si le gustas a otra mujer? ¿Has estado con un chico y has podido comparar?
Después de la curiosidad es posible notar en su rostros un nuevo pensamiento que a veces te sueltan: “¿Te gusto yo?”, y otras veces se lo quedan para ellas, siendo esto más peligroso porque no te permite explicar que no por ser lesbiana te gustan todas las mujeres.
Me he liado con varias mujeres que se definen como heterosexuales. Amigas del colegio, de la universidad, compañeras de trabajo, amigas de amigas. En la gran mayoría de los casos han sido ellas las que han tomado la iniciativa. En los otros momentos he respondido yo a una clara señal de coquetería.
¿Qué le pasa a las heterosexuales cuando digo que soy lesbiana? Según un reciente estudio, no existen mujeres heterosexuales (aunque lo digan), sino que son todas lesbianas o bisexuales. Otro estudio confirma que quienes más porno lésbico consumen son las mujeres heterosexuales.
Yo no he hecho estudios, pero por experiencia podría afirmar que la sexualidad femenina es muy fluida. Que las mujeres somos curiosas, que desde niñas experimentamos mucha química con las de nuestro sexo, que en bastantes ocasiones la química no solo se queda en la amistad, despierta la curiosidad las ganas de saber más, probar más.
Conozco a muchas “heterosexuales” que han probado y se han quedado a este lado de la acera. También a otras que después de probar han vuelto a relacionarse con chicos por placer, algunas pocas por miedo. Después de todo la palabra “lesbiana” lleva muchos años soportando una carga negativa que asusta a las que se asustan fácilmente.

Al día siguiente, en la oficina, Arantxa se hizo la desentendida. Estuvo algo más distante conmigo durante un par de días. Luego siguió hablando de chicos y poniendo de fondo de pantalla de su ordenador a hombres musculosos y sudorosos. Un mes después volvimos a salir de fiesta con los compañeros de oficina. Esta vez yo llevé a una chica que estaba conociendo y que encantó a todo el mundo menos a Arantxa, que la miraba con hostilidad. Al final de la noche antes de irnos, Arantxa me siguió al baño, cerró la puerta con llave, me acorraló con su cuerpo y… (esto ya es parte del segundo artículo).
Fuente: Revista MiraLes.com

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