miércoles, 4 de noviembre de 2015

La demisexualidad

Caminando por las calles del lugar en el que vives, es muy probable que tu mirada pueda ser objeto de una trampa asertiva cuando aparece en el horizonte, o en la esquina; una cara, una sonrisa, un cuerpo, unos brazos, una silueta que se ajusta a ese estándar de belleza que despierta tu atracción. Esa trampa hará que voltees, que fijes la mirada, que intentes entablar una complicidad temporal que pueda alimentar la fantasía. Si eres de aquellos que se atreven y se lanzan al vacío sin necesidad de paracaídas, es probable que vayas y pidas algún número telefónico, le sueltes un cumplido y por qué no, si aquello se dio en condiciones mucho más controladas (una reunión, un antro, un bar, un espacio más privado), invites a salir a quien sea culpable de tus mejillas sonrojadas.

En un planteamiento como el anterior, cabe destacar el orden en el que las cosas se acomodan para injerir en lo que bien podríamos catalogar como deseo. Sí, en esa situación común todo comienza con los sentidos, observar a alguien que nos gusta, escuchar su voz, acercarse y oler a la persona, sentir el roce de una piel durante el saludo. Todo está delimitado por el mundo sensorial en el que nos movemos constantemente. Incluso, me atrevería a afirmar, que la idea que nos hacemos de una persona en esa llamada primera impresión, no es otra cosa más que la construcción sensorial de un mundo de engaños personales. Pero ese es otro tema. Lo que realmente pasa es que antes de establecer cualquier línea de conexión en el ámbito de lo romántico, los sentidos nos indican que esa persona despierta a cierto corazón acelerado, saca del letargo a nuestros instintos sexuales y se convierte en una especie de objetivo del deseo. Y es que el deseo, al final del día, no es otra cosa más que poetizar el placer y el impulso.

Se preguntarán; ¿Para qué tanto rollo si el tema es la demisexualidad? La respuesta es sencilla. Las orientaciones sexuales que forman la base de los conceptos podrían resumirse en tres; heterosexual, homosexual y bisexual. Eso si no pretendemos complejizar, sin embargo, complejizar es la razón por la cual existen espacios como este, así que dentro de estas tres, hoy agregaremos una que, desde mi punto de vista, más que convertirse en una cuarta, es una especie de variante que puede jugar dentro de las tres básicas (por llamarlas de una manera); la demisexualidad.

Antes de establecer cualquier significado aclararé las anteriores de forma rápida:
Heterosexual: atracción física y/o romántica por personas del sexo opuesto al suyo. A él le gusta ella, a ella le gusta él.
Homosexual: atracción física y/o romántica por personas del mismo sexo. A él le gusta él, a ella le gusta ella.
Bisexual: atracción física y/o romántica por personas de ambos sexos. A él le gusta ella y puede gustarle él. A ella le gusta él y puede gustarle ella.
Teniendo claro esto, la demisexualidad no está enfocada en el sexo de quien despierta tu atracción. Esa es la razón por la cuál, a punto personal, considero que es una variante que se suma a cualquiera de las tres básicas.  Puede ser un heterosexual demisexual, un homosexual demisexual y un bisexual demisexual. Ya que lo que realmente sucede es que está ligada a la manera en la que establecemos las relaciones físico/afectivas y en cómo las procesamos. La demisexualidad es experimentada por aquellos que no sienten atracción sexual con base en el físico, sino que, necesitan una conexión emocional establecida y sólida para poder detonar el deseo. Sin esta relación previa la capacidad de generar una atracción física es nula. Esto quiere decir que para ellos la cosa en términos de llegar a algo con alguien funciona opuesto a la manera establecida. Antes de poder sentirse atraídos por el físico del otro, necesitan generar un lazo emotivo profundo, de lo contrario, la válvula que les permita procesar el deseo por la persona permanecerá inactiva y por lo tanto las posibilidades de un contacto más íntimo estarán sesgadas.

En la demisexualidad, la confianza y las experiencias compartidas son elementos clave para el desarrollo de una relación en la que se genere una atracción física. No se trata de una situación donde la moral y los estatutos sociales sean los responsables, sino de un proceso distinto, donde se parte de un punto invertido dentro de las formas comunes de seducción. Para un demisexual, ese momento en el que puede llegar a perder la confianza en la otra persona pone en riesgo también la atracción física que le ha despertado a través del tiempo.

Si analizamos una parte paralela al tema de la demisexualidad, podremos entender que en un mundo donde constantemente somos bombardeados por imágenes y sonidos que evocan al deseo sexual como base primaria del espectro de la publicidad, podremos plantearnos lo complejo que debe ser para un demisexual, el proceso en el que busca establecer sus relaciones. En un mundo en el que se nos enseña a ver antes de conectar, donde se nos enseña que es más importante el –está bueno- que el –es bueno-, la lógica sobre la que opera la demisexualidad es fenomenalmente discordante.
Así que, ahora que entendemos de lo que la demisexualidad trata, no nos queda más que ser conscientes de que cada pequeña acción en nuestras vidas, cada momento en el que despierte nuestro deseo sexual y nuestra libido, es probable que alguien vea en nosotros a una persona a la que quiera conocer a fondo, antes de pensar si nuestra silueta encaja con la suya.
Fuente: SoyHomosensual.com

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