domingo, 6 de septiembre de 2015

¡Toma ya el control de tu vida!

No des el poder a otros, ya sean personas, religiones, creencias, para que decidan por ti. Si analizas tus decisiones, tu forma de actuar, sincerándote contigo, igual descubres que de manera inconsciente lo haces, y ahí, puede estar la solución a mucho de lo que te pasa y no te gusta.

controlDespués de un mes, más o menos, de descanso en el blog, en el que he aprovechado para hacer algunos cambios, como nombre y marca, reestructuración de la web, y lanzamiento de nuevos servicios, como uno especial para parejas gays y/o gestión de rupturas emocionales en positivo, cosas que podéis ver en mi web; vuelvo con ganas de dar guerra.

Estoy cansado de ver a gays, infelices, tristes, aparentado algo que no son, ni quieren ser, o bien por el que dirán, o por el que los quieran, y para ello dejan su esencia como persona. Estoy cansado de ver cómo nos dejamos dominar por otros, bien sean personas –amigos, pareja, familia...–, corrientes, estereotipos, y no hablemos de religiones y grupos antigays.

Quiero empezar este nuevo curso y nuevo rumbo, hablando sobre algo que hacemos muchas veces, de manera inconsciente, y que nos hace mucho daño: dar el poder de nuestro yo interior, de nuestra vida y decisiones, a otros.

Llevo todo el verano viendo como aumentan los ataques homófobos, algunos países atacan cada vez más al colectivo gay, los pseudosanadores de gays –que luego resulta que ellos mismos son gays practicantes–, y no hablemos del tema religioso, que me tiene muy cabreado e indignado.

Para los que no lo sepáis, mi vida pasada estuvo muy ligada a la Iglesia Católica, como seminarista, como misionero y como sacerdote; y hace ya doce años que decidí dejar esa vida. Mucha gente me pregunta por qué lo dejé, y uno de los motivos, es los cientos de personas, casadas, solteras, gays, heteros, católicos, ateos y de todo tipo que atendí y ayudé en esos años. No podía, iba contra mi forma de pensar, contra mis valores, contra lo que yo había vivido en primera persona, imponer una doctrina que lo que hacía era condenar a la persona a ser infeliz en este mundo.

soy gayNo podía, bajo el manto de la misericordia y de forma educada y correcta, decirle a un chico gay, que venía destrozado porque no podía quererse a sí mismo, o porque deseaba vivir su vida tal como era, pero no podía, que si daba rienda suelta a lo que él era, no entraría en el Reino de los Cielos, no podía ser católico, y que si quería tendría que autocastrarse el resto de su vida… En definitiva, decirle: quiérete como eres, pero te jorobas porque nunca serás feliz.

No creo que esta forma de pensar y de actuar sea de parte de Dios, Jesús o como quieras llamarlo, ¿cómo va a querer nuestro creador que vayamos en contra de su propia creación? Porque ser gay no es una elección, al menos así fue en mi caso. Y como iba en contra de lo que yo pensaba, pues no se lo decía, le ayudaba a que fuera él, lo que sentía y lo que le haría feliz.

O parejas, que ya habían probado de todo para salvar su relación, y ya no había por dónde cogerlo, ¿qué le dices? Pues ale, sacrificaros, vivir amargados el resto de vuestra vida, porque no os podéis divorciar…
Podría poneros cientos de ejemplos, de casos que traté, y que me alegro que decidieran ser felices y apostar por lo que ellos querían, decidieron dejar que las opiniones, entornos, creencias y religiones no marcasen su destino. Si en algo tuve que ver, me alegro y mucho.

Yo lo hice en su día, aceptando mi homosexualidad, decidiendo salirme de sacerdote, poniendo mi vida por encima de todo y de todos, algo que sigo haciendo, y de lo que no me arrepiento, porque ahora soy yo, me quiero, me respeto, me valoro y estoy encantado de ser como soy; y de ayudar a otros a hacerlo.

En resumen, nada ni nadie tiene el derecho ni el poder de decidir sobre ti, salvo que tú se lo des. 

Nada ni nadie puede anularte como persona, salvo que tú dejes que lo hagan. No merece la pena, ni por amor, ni por nada, anular tu esencia, tú ser más íntimo. De esta forma, nunca, nunca serás feliz; no tendrás identidad propia.

pareja gayEste es el punto en dónde falla muchas veces nuestra vida, por ejemplo, las relaciones de pareja, que nos anulamos, o anulamos al otro, que queremos cambiar a la otra persona o a nosotros mismos, dejando de ser quienes somos.

Sé que hacer estos cambios no es fácil, porque puede suponer tomar decisiones algo radicales –no fue fácil decidir salirme de sacerdote cuando no había hecho otra cosa en mi vida–; sé que te puede dar miedo la soledad, sé que tu entorno puede darte la espalda. También sé que muchas veces es peor lo que imaginamos que puede suceder que lo que luego sucede en realidad.

Tú decides si quieres ser feliz o no, si te compensa y te llena la vida que llevas o no, si tomas decisiones desde tu libertad o te dejas llevar por la corriente. Y si ves que no te sientes con fuerzas para dar este paso, pide ayuda a un profesional, somos muchos dispuestos a ayudarte, porque sabemos en primera persona que se puede y merece la pena hacerlo.
 Fuente: cascaramarga.com

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