lunes, 7 de septiembre de 2015

¿Qué cambia en la pareja después de tener hijos?

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¿Cambia la pareja cuando tenemos hijos?
¿En qué consiste esta nueva realidad? ¿Implica acaso una obligatoria desaceleración de nuestra vida sexual? ¿Tiene más que ver con que perdemos el interés en la pareja para ponerlo sobre nuestros hijos?
No. Realmente no tiene que ver con eso.

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En realidad no es la pareja lo que cambia. Pero pasa algo importante que supone un cambio definitivo e irreversible entre las dos: además de ser pareja, somos familia. Y lo cierto es que esencialmente una pareja y una familia son sistemas dinámicos muy diferentes entre sí:
  • La familia no se elije; la pareja, si.
Por supuesto que eliges a tu compañera para ser madre. Pero una vez lo eres, ya no puedes desdecirte. Una persona que es o ha sido tu pareja puede ser crucial en tu vida. Inolvidable. Pero no tiene por qué estar en tu vida para siempre. Pero la madre de tus hijos pasa a ser familia para siempre. En otras palabras, la familia no se acaba, la pareja puede que sí.
  • A partir de ahora habrá que esforzarse en sacar tiempo para la relación (y para los amigos). 
Ahora tenemos menos tiempo. Antes todo el tiempo lo organizábamos o para nuestras actividades individuales o para nuestras actividades de pareja. Ahora nuestros hijos y nuestro trabajo se llevan el 95% del tiempo, y es conveniente tratar de usar el resto para tener citas con nuestra pareja, escapadas, momentos de relax y de intimidad, e incluso pasar tiempo con amigos, que siempre traerán viento fresco a la familia y también se merecen no perdernos de vista (aunque sea con los peques).

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  • Empieza una era de negociaciones constantes
Antes podíamos estar en desacuerdo por cuestiones políticas, por la organización de un viaje, por cómo decorar la casa, etcétera. Ahora los temas son más candentes: la educación y el cuidado de nuestros hijos. Ahora sí que sí toca aceptar los diferentes puntos de vista y llegar a acuerdos claros, concisos y rotundos, para evitar ser confusas o contradictorias con nuestros peques. La maternidad compartida es todo un ejercicio de negociación y cooperación. Así que ¡paciencia, autocrítica y mente abierta!
  • A partir de ahora cualquier decisión en caliente tiene consecuencias colaterales importantes.
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Una decisión tan común tras una disputa como puede ser no volver a ver a esa persona nunca más, no es posible cuando somos madres. Cuando tienes un hijo en común, toca “trascender” la traición, el rencor, el deseo de celar al otro o de alejarlo para siempre. Y por encima de todo, toca trascender el deseo de alejarlo de nuestro hijo o simplemente la inercia de triangularlo en el conflicto.

Y esto no es fácil en absoluto. ¡Son tan numerosas las parejas, de todas las orientaciones, que usan a sus hijos como monedas de cambio o como vehículo para castigarse mutuamente! Demasiado numerosas. Muchas ex parejas que se imaginaban magníficos padres se han descubierto cayendo en los mismos chantajes que podían criticar en otros.

Y es que no es fácil ser objetivos y neutrales cuando estamos atravesados por la subjetividad de nuestros sentimientos. Recurrir a asesoramiento psicológico y/o a un mediador que interactúe con la frialdad y equidad que nosotros no tenemos en ese momento, podría ahorrarles mucho dolor a nuestros hijos (y a nosotros mismos) a largo plazo.

Más dañinos de lo que pensamos son impulsos tipo: “Cómo ha podido hacerme eso, es mala persona, no volverá a ver a nuestra pequeña”, o “Será mejor madre mi nueva pareja que ella”. Estas reacciones impulsivas no traen más que confusión. Tu hijo será siempre hijo de las madres que lo concibieron. Eso no quita que la familia crezca, con la novia de mamá o la novia de mami, pero el puesto de madre no es un cromo intercambiable, es inamovible.
 Fuente: Revista MiraLes.com

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