miércoles, 30 de septiembre de 2015

el problema de los gays que van de heteros 


"Por favor, compórtate como un hombre". Esta frase no ha sido sacada de una campaña constitucional dictatorial, sino que tristemente la encontramos dentro de una app de citas para chicos gay llamada Grindr. De hecho, me he topado con esta frase confusa y ofensiva casi cada vez que he emprendido una búsqueda online de "la persona ideal" (es decir, alguien con quien tener sexo).

La confianza que los usuarios adquieren tras el escudo de su avatar digital -que muchas veces consiste en una imagen de su torso desnudo- les ayuda a expresar sus opiniones sinceras sobre lo que buscan en un hombre. Así al menos ocurre en el universo Grindr: parece que muchos chicos gay se niegan a tener una cita o a asociarse con aquellos que no se "comportan como un hombre". De hecho, dichas plataformas no solo celebran la masculinidad "heterosexual", sino que cualquier identidad claramente queer es víctima de un ciberacoso homofóbico directo o indirecto.

Imagen vía @eliad_cohen
He llegado incluso a ver cosas como: "Qué os jodan, maricones", "solo tíos masculinos" o "abstenerse nenazas, por favor". Algo encantador, especialmente saliendo de un espacio diseñado para chicos gay. Otro ejemplo de este maravilloso universo son los comentarios racistas tipo "no asiáticos, gracias". Son comentarios que nos ayudan a entender mejor la clase de mundo en la que vivimos.

Parecer "heterosexual" a los ojos del mundo es lo que prefieren muchos chicos homosexuales, y a esto se une una tendencia hacia la masculinidad estética en ambientes gay. En muchas discotecas gay se venera una estética hipermasculina, y no de un modo irónico que la parodie, sino tomándose 200% en serio. ¿Dónde están las notas sobre lo camp de Susan Sontag cuando el mundo más las necesita?

Pensemos, por ejemplo, en fiestas como Pervert en Barcelona o Kluster en Madrid, que en ocasiones parecen un patio de recreo para hombres que compiten por el mejor físico olímpico. Aunque sus puertas también están abiertas a otro tipo de chicos, el ambiente real que allí se crea es asfixiantemente estereotípico: gays musculados sin camiseta bailando house rodeados de otros gays musculados sin camiseta bailando house. En este contexto, encontrar chicos que no vayan al gimnasio o algún ejemplar de esa otra mitad de la humanidad que responde al nombre de "mujeres" es prácticamente imposible.

Imagen vía @circuitfestival

La reciente popularidad de las fiestas dentro del circuito gay es otra indicación de esta idealización de la masculinidad por parte de la comunidad gay; otro ejemplo es la WE en Inglaterra, una noche dirigida a atletas y gays "masculinos", donde se reúnen miles de chicos cachas en sus eventos internacionales.  En uno de los carteles de una fiesta WE encontramos la frase: "¿Crees que te pareces a un dios griego? ¡Te estamos buscando!". Muchos de los dioses griegos son borrachos y/o drogadictos, así que tú verás, WE.

Pero, ¡ojo! El hecho de que un chico gay quiera estar musculado no significa que necesariamente quiera "comportarse como un hetero" -faltaría más-; es solo que, cada vez más, la unión de ambos fenómenos se está convirtiendo en un lugar común. ¿Por qué está pasando esto?

Pensemos primero en el chico gay que se "comporta como un hombre". Si analizamos el comportamiento de los gays en el pasado, observamos que el sentido de comunidad era mucho mayor. Durante los 70 y 80 en particular, la comunidad gay hizo piña, defendiendo la diversidad del grupo mientras luchaban contra la opresión gubernamental.
La actitud pública hacia los miembros del colectivo LGBT forzó a los gays a ocupar espacios propios que bautizaron como queer. Hablamos del barrio de Castro en San Francisco, o del Soho en Londres; espacios que, por cierto, ahora están de capa caída entre las nuevas generaciones.

Aunque estamos contentos con las oportunidades que ahora tienen los hombres gay -la posibilidad del matrimonio, de tener hijos y de construir una carrera exitosa sin necesidad de esconder su orientación sexual- mi preocupación es que los ideales del éxito entre heteros se estén convirtiendo en una preocupación de muchos hombres gay en detrimento de la celebración de aquello que les hace diferentes (y de todas las batallas que nos quedan por ganar).

Mientras que en el pasado la comunidad gay aceptó orgullosa su estado de outsider mientras luchaba por la diversidad y la igualdad, en el mundo de hoy en día donde "no pasa nada por ser homosexual", este comportamiento explícitamente queer se ve como algo "anticuado" entre muchos hombres gay. En otras palabras, "ahora que ser gay es algo 'normal', ¿por qué no puede todo el mundo 'comportarse como un hetero'?".


El psicoanalista Alan Downs, autor de The Velvet Rage, ha investigado cómo el rechazo inicial que sufren los gays al crecer (en el patio de recreo, en la calle, en casa), crea una necesidad instintiva por el éxito para compensar este temprano sentido de fracaso, a menudo hasta llegar a un nivel obsesivo. La oportunidad que tienen ahora los chicos gay de "adaptarse" como parte de las leyes heterosexuales ha magnificado sin duda esta obsesión de muchos, al proporcionarles un marco de referencias tangibles con las que compararse.

Al amplificar esto, sin duda la representación del hombre gay se ve a menudo distorsionada a través de una lente heteronormativa que repercute en el público gay. Pensemos, por ejemplo, en la glorificación del saltador de trampolín británico -y abiertamente homosexual- Tom Daley, y su relación con el ganador de un ?"scar Dustin Lance.

Imagen vía @tomdaley1994

Aunque el hecho de que una relación homosexual a este nivel de popularidad sea celebrada, se hace de una forma que sea "digerible" para todos los públicos: una pareja gay digna de Disney que actúa como si fuera heterosexual (ambos son atractivos, blancos, masculinos), lo que deja al resto de hombres gay con un ideal de éxito prácticamente inalcanzable.

Otro ejemplo de cómo los comportamientos no conformistas de las comunidades queer quedan fuera de la representación en los medios convencionales es sin duda la espantosa película Stonewall de Roland Emmerich, que dijo que la cinta necesitaba un protagonista de "que se comportara como un hetero" para hacer que la gente se pudiera identificar con lo que en realidad fue un movimiento de minorías -y una revuelta histórica contra la policía liderada por travestis-.

Personalmente, ser queer me parece maravilloso, y creo que todo el mundo debería sentirse libre de disfrutar de su propio sentido de la identidad. Sería ridículo sugerir que todo hombre gay debería querer identificarse como queer, pero lo que me parece horrible es que la homofobia disfrazada de adaptación al medio se haya convertido en algo más común que nunca dentro de la comunidad gay.

Este pequeño drama de nuestros días revela una amnesia generalizada entre los hombres gay acerca de su pasado, y perjudica terriblemente a aquellos que lucharon duro para que llegáramos a donde estamos ahora. Esa necesidad de "comportarse como un tío" o ser "ideal" no solo afecta a los gays no masculinos, sino a todos los que no nos adaptamos a unos férreos estereotipos de comportamiento.

Para mucha gente, "comportarse como un hetero" no entra dentro en sus planes, y eso no debería suponer un problema para nadie. La belleza está en la diversidad, y para entender eso no es necesario ser hetero ni gay.
Fuente: I-D

No hay comentarios:

Publicar un comentario