martes, 8 de septiembre de 2015

La historia de amor lésbico entre Barbie, una mamá poco convencional, y su novia Kenia

La historia de amor lésbico entre Barbie, una mamá poco convencional, y su novia Kenia 


La vida íntima de la muñeca más popular del mundo siempre da mucho que hablar. En Ragap os hablamos de la tormentosa vida íntima de Barbie y su marido gay. No es la primera vez que surgen rumores sobre el outing de Ken, el rubio platino guaperas. Ya en la película de Disney, Toy Story 3, tenía un amaneramiento que apuntaba que no quería a Barbie como novia sino como compañera para ir de shopping.
La controvertida fotógrafa Dina Goldstein convertía la vida íntima y matrimonial de la muñeca perfecta, en su colección titulada 'In the Doll House', en un calvario. Un Ken con un plumón que no se lo salta un caballo. Así nos enteramos que el marido de Barbie no era metrosexual sino incorregiblemente gay dentro del armario.

Pero no es la única versión diferente a la convencional. Hoy en Ragap te traemos la historia lésbica de Barbie en la que se ve forzada a huir de EE.UU para dejar atrás una relación tóxica con Ken. Al mes de instalarse en un piso precioso en pleno centro de una gran ciudad europea, empezó a sentirse mal, y aunque en un principio pensaba que se trataría del cansancio por los esfuerzos de la mudanza, una visita a la farmacia más cercana confirmó sus temores: estaba embarazada, y ese bebé sólo podía ser de su asqueroso, infiel y difunto esposo.

A pesar de todo, Barbie decidió tenerlo. En cierto modo aquello era lo que siempre había deseado, aunque su marido nunca quería dárselo. Es curioso que las cosas acabaran así. Ella ahora estaba sola, y en su vientre había una semilla de todo el amor que se dieron ella y Ken cuando aún eran felices y sinceros el uno con el otro.

No le importó convertirse en madre soltera, no le importó arriesgarse tal esfuerzo, sabía que con mucho cariño y dedicación, obtendría su recompensa.

Los primeros meses fueron muy complicados. Barbie tenía náuseas todo el rato y eso, sumado a la dificultad de aprender un nuevo idioma y de acomodarse a una nueva ciudad y una nueva vida, hizo que las cosas fueran muy lentas, muy pesadas y muy desesperanzadoras.

Un día, Barbie estaba sentada en la hierba de un parque con los ojos llorosos y el corazón roto. De pronto, una mujer alta y con aire masculino se acercó a ella y le habló. "¿Alguien te ha hecho daño?", preguntó la mujer. "Sí, pero hace mucho tiempo, ahora sólo lloro por pena", contestó Barbie. "Me llamo Kenia", dijo la mujer, mientras se acariciaba nerviosa su cabello corto." Encantada, Kenia, yo soy Barbie".

De aquel encuentro casual nació algo mucho más hermoso. De pronto Kenia y Barbie se hicieron más que amigas. Podría decirse que Kenia ayudó a que Barbie sacara un lado de sí misma que siempre había reprimido. Por fin era libre, por fin sentía que podía amar de verdad. Le daba igual que Kenia fuera una mujer, de hecho, aquello le resultó más exótico y tierno todavía, y le ayudó a olvidarse de aquella época en la que odiaba a los hombres sólo por lo que Kenny le había hecho.

El hermoso acento centroeuropeo de Kenia, su aspecto robusto, su fortaleza y su tranquilidad, hicieron que Barbie se enamorara enseguida, sobre todo cuando le confesó todos sus secretos, y Kenia los entendió sin pensárselo dos veces. "Os querré a ti y al bebé, pase lo que pase".


Al fin se acercó el día de la verdad. Pronto Barbie pariría a un bebé que le había dado demasiados dolores de cabeza y que ahora, sin embargo, se habían tornado en ilusión: había encontrado no ya a un padre, sino a otra madre y amiga con la que criarlo.

Barbie y Kenia visitaron a la comadrona con la que Barbie había hablado antes de conocerse, y le contaron que estaban preparadas para un parto natural, casero y bonito. A partir de entonces todo sería un nuevo comienzo. Juntas, querían evitar que todo el dolor que había impregnado la anterior vida de Barbie llegara a su retoño.

"Felicidades, es un niño", dijo la comadrona. Barbie y Kenia se besaron, y miraron al pequeño esperanzadas, con mucho amor. 
Fuente: Ragap

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