jueves, 6 de agosto de 2015

5 claves para comunicarse en pareja

lesbianas y mascotas
Todo está inventado: en temas de comunicación hace muchos años que la psicología y otras disciplinas conocen las claves para conseguir que sea eficaz y positiva. Sin embargo, estas claves nos resultan lejanas e incluso difíciles de llevar a la práctica. Las pautas de comunicación que aprendemos no suelen sernos útiles y a menudo nos llevan a perder de vista el objetivo inicial, con discusiones y enredos. En pareja, los problemas de comunicación están en la base de muchas crisis y también en la de muchas rupturas. Seguro que tú misma has vivido estas dificultades en el día a día. Hay algunas claves que me gustaría compartir contigo y que quizás puedan ayudarte a comunicarte mejor.

En primer lugar y centrándonos sólo en la comunicación verbal, en lo que decimos (o callamos), recordemos los elementos de la comunicación que todas aprendimos en la escuela, pero añadiendo aquellos factores que a veces olvidamos:
Además de este cuadro bajo tenemos que añadir dos elementos más, exclusivos del ser humano y relacionados con la capacidad metacognitiva: lo que el receptor piensa que el emisor quiere decir y lo que el emisor cree que el receptor puede entender. Así, la conversación no es a dos bandas, como creemos, sino a cuatro bandas (dos de ellas invisibles para la pareja), que dificulta mucho el entendimiento:
EJEMPLO DE COMUNICACIÓN NO EFICAZ:
Sonia: ¿El domingo al final vamos a ir al cine?
  • (Lo que Sonia piensa): “A ver qué dice hoy, que lleva dos semanas dándome largas.”
Miriam: No sé, ¿por?
  • (Lo que Miriam piensa): “Qué rabia  me da ese tono de reproche, otros días no hemos ido porque no hemos podido, no porque yo no haya querido.”
Sonia: ¿Por qué va a ser? pues porque quiero ver la película que te dije y al final la quitarán del cine y me quedaré con las ganas, ya verás.
  • (Lo que Sonia piensa): “No soporto que se haga la tonta. Cómo se nota que a ella no le apetece ver la película. ¡Que lo diga y me busco con quién ir!”
Miriam: ¡Ya estás enfadada! Siempre igual… Si tantas ganas tienes, pues vamos, ¡aunque nos cueste la vida! Porque sino te dará algo.
  • (Lo que Miriam piensa): “Si no saca las cosas de quicio no es ella. No soporto que haga un mundo de cualquier cosa, sólo he preguntado porque pensé que igual tenía otro plan.”
Sonia: No, tranquila, que no vamos. Nos quedamos otro domingo en casa, sin hacer nada. Que parecemos dos ancianas.
  • (Lo que Sonia piensa): “Así no quiero ir, quiero que ella ponga de su parte y que muestre interés. Estoy harta de tener que discutir por todo.”
Miriam: Hala, pues ya está.
  • (Lo que Miriam piensa): “No podemos hacer ningún plan sin discutir. Pues no vamos, pero a ver si se aclara.”
En una conversación son muchos los factores a tener en cuenta y existen algunas estrategias especialmente útiles. Empecemos por cinco puntos especialmente importantes que te invito a poner en práctica:
1ª CLAVE. Aprender a comunicarnos sin bolas de cristal.
Tu pareja no sabe lo que estás pensando, por mucho que te conozca. Sin embargo, lo que no le digas, lo interpretará; en función de lo que te conoce, sí, pero también en función de cómo se sienta, de su energía de ese día y de otros muchos factores que pueden dar lugar a muchos malentendidos. Sé clara y no esperes a que tu pareja se entere por brujería de lo que sientes, piensas o deseas. Comunícate. ¡Por cierto! Tú tampoco sabes lo que ella piensa: elimina eso de “La conozco como si la hubiera parido”, “Si la conoceré yo” y “Ya, ya, como que no te conozco”. Seguramente muchas veces aciertes… pero otras muchas no y esas veces pueden causar estragos en vuestra relación.
2ª CLAVE. Tener claro lo que queremos comunicar.
Cuando tenemos que hablar de cuestiones conflictivas y difíciles de tratar, lo primero es evaluar el control que tenemos sobre esa conducta o actitud: a veces nos sacan de quicio cosas de la otra persona que no son necesariamente conflictivas, pero que a nosotras nos chirrían. Esfuérzate en diferenciar lo que realmente es un rasgo mejorable de tu pareja de aquellas situaciones o características que por mucho que a ti no te gusten, no tienen por qué cambiar:
  • “Cuando hablamos por teléfono, está más pendiente del entorno que de nuestra conversación”: rasgo mejorable.
  • “No pone cebolla en la tortilla de patata, con lo rica que está”: preferencia gastronómica (es decir, aprende a aceptarla como es).
También conviene que reconozcamos las batallas perdidas antes de empezar. Es posible que nuestra pareja esté dispuesta a permitirnos probar su comida, aunque no soporte que toquen su plato; pero que pedirle que compartáis plato sea demasiado para ella. Si para nosotras no es algo absolutamente chirriante, quizás podamos ahorrarnos una dolorosa e infructuosa negociación (dejando al margen las fogosas reconciliaciones).
Y una vez hemos decidido qué conflictos merece la pena o no tratar, sólo falta tener en cuenta que, como a nadie le gusta que le digan lo malo, es necesario hacer referencia también a las cosas positivas. Cuando empezamos una relación solemos hablar y hablar de lo que nos gusta de la otra persona, ¡de hecho es lo único que vemos! Pero a medida que las relaciones avanzan, es habitual que dejemos de decirnos qué es lo que nos gusta de nuestra pareja. ¿Por qué dejamos de ver las cosas buenas o dejan de parecérnoslo? ¡No! En ese caso la ruptura es lo más habitual. Es sólo que hemos aprendido una horrible muletilla “Para qué voy a decírselo, si ya lo sabe”. ¡A quién no le gusta que le sorprendan felicitándole por algo que ha hecho o por una de sus cualidades! Hagámoslo más a menudo (además es la forma más eficaz de provocar que también nos lo digan).
3ª CLAVE. Buscar el momento y lugar adecuados.
A la basura con todas las facturas pendientes de pago: se acabó anotar en una lista mental todos los reproches pendientes. Si algo te molesta, dilo. Aunque es un tópico hablar de esta necesidad, la realidad es que nos callamos cosas que nos molestan, no por los motivos de la 2ª clave, sino porque le restamos importancia, cuando realmente la tiene para nosotras. No es algo objetivo, así que la próxima vez que te encuentres tratando de justificar que “No es para tanto”, asegúrate de que de verdad no lo es para ti.
Si decides que es lo suficientemente importante como para hablarlo, busca el momento y el lugar. No a los numeritos en el pub. No a los dardos verbales en reuniones de amigas. No a los gritos en un momento de enfado. Las cosas de dos, entre dos se solucionan mejor. Un ambiente neutral, tranquilo e íntimo siempre es mejor que una atmósfera estresante, bulliciosa o amenazante.
4ª CLAVE. Utilizar la fórmula adecuada para comunicar mensajes conflictivos.
Aprender a comunicar emociones incluye poder reconocerlas: no es lo mismo estar triste, enfadada, nostálgica, agobiada, decepcionada o cansada. Y “Estoy mal” no es lo suficientemente explícito. No lo es. Así que, si eres de las que le cuesta reconocer lo que está sintiendo o ponerle nombre, por favor, ejercita esta capacidad si tu pareja te lo demanda. Ayudará mucho a vuestra comunicación.
Existe una fórmula especialmente útil para hacer saber lo que sentimos sin provocar en nuestra pareja actitudes de defensivas o de rechazo. La propuesta es utilizar el esquema“Cuando tú…, yo siento…”. Suena cursi, pero en tus conversaciones diarias habrás comprobado que suena diferente, escuchar “¿Por qué tienes que decidir tú siempre qué hacemos el fin de semana?” que, “Cuando tú decides qué vamos a hacer el fin de semana sin consultarlo conmigo, me siento como si no te importase y no me tuvieras en cuenta”. La clave es que el segundo formato no acusa, no culpa y no exige cambios; simplemente expresa sentimientos y estados de ánimo, dejando a la otra parte libertad para decidir cambiar o no. ¡Y esta parte es especialmente relevante y marca una gran diferencia!
5ª CLAVE. Atender al lenguaje no verbal.
Existen estudios que defienden que el mensaje verbal cuenta un 20% tan sólo; y que el 80% de la comunicación se basa en el lenguaje no verbal. No podemos afirmar que sea tanto, pero lo que sí es irrevocable es que el lenguaje no verbal cuenta. La misma frase cobra significados muy diferentes en función de lo que la interlocutora nos muestra con su cuerpo. No es igual que nuestra pareja nos diga “Déjame terminar este texto” con un puchero, las manos una frente a otra en gesto de petición y la mirada fija en nosotras; que nos lo transmita sin dejar de mirar al ordenador, levantando una mano que indica “Márchate” y con el ceño fruncido. Cuida esta parte tanto como la verbal.
Y con todo esto, no me cabe duda, las conversaciones serán mucho más agradables, sencillas y eficaces. ¿No me crees? Haz la prueba. Y si al principio te cuesta, no te vengas abajo, son muchos años utilizando otras estrategias y lleva un tiempo aprender otras nuevas. Pero merece la pena.
EJEMPLO DE COMUNICACIÓN EFICAZ:
Sonia: ¿El domingo al final vamos a ir al cine?
Miriam: A mí sí me apetece, pero si tienes otros planes, lo podemos dejar para otro día.
Sonia: No, no tengo planes… pero me da la sensación de que no te apetece mucho ir porque hemos aplazado el plan varias veces.
Miriam: ¡Sí que me apetece mucho! Lo que pasa es que llevamos unas semanas un poco complicadas. ¿Confirmamos entonces?
Sonia: Genial. ¡Qué ganas tengo de ver esa película!
Miriam: Yo también, ¡Por fin un plan las dos solas!

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