miércoles, 6 de mayo de 2015

La niña interior lesbiana

niña interior lesbiana 


Sin duda no es fácil crecer y llegar a la vida adulta sin magulladuras emocionales. Los padres, los abuelos, los hermanos, familiares, amigos y conocidos están muy lejos de ser perfectos, y sabiendo lo que hacían o no, pudieron habernos provocado heridas elásticas, de esas que pueden estirarse a lo largo de los años; heridas invisibles, que no somos capaces de reconocer cuando nos miramos al espejo, pero que se manifiestan en nuestros miedos, inseguridades y desconfianzas.

La buena noticia es que las heridas pueden sanarse, y que las niñas que fuimos pueden encontrar en las adultas que somos la medicina adecuada para calmar dolores, favorecer cicatrizaciones y mudar la piel.
Muchos trabajos de autoayuda y terapias psicológicas recomiendan el trabajo con el niño o niña interior. En nuestro caso, todas las que llevamos dentro una niña lesbiana, sabemos que la invisibilidad es uno de los primeros recursos que se aprende para sobrevivir.

La niña lesbiana crece sintiendo que algo en ella no está bien. Una sensación de anormalidad, de sentimientos incorrectos, pecaminosos o inmorales (según la educación que recibe). Que no se parece a la mayoría de las niñas. La niña lesbiana aprende pronto a fingir, encubrir, invisibilizarse.

Aprende del miedo. Del miedo al rechazo, el miedo a no ser querida, a no cumplir las expectativas. Del miedo a qué pasará si…

Muchas niñas lesbianas que no encajan en el prototipo de “femenina” han sufrido la discriminación por ser diferentes, por no hacer uso y abuso del rosa, por no querer ser princesas, por no soñar con el príncipe azul.
Yo a mi niña interior la salvé. Me presenté en todos los recuerdos espinosos y críticos. La mujer en la que me he convertido empuñó la espada y viajó en el tiempo para rescatar a mi niña interior de todo aquello que dolió mucho. Cumplí mi propio cuento. Me salvé a mi misma de abismos, manzanas envenenadas, brujas y falta de amor. La mente da muchas posibilidades. Intervine las escenas, me cogí en brazos y me dije: “Todo estará bien, ahora yo estoy aquí”.

Pequeñas supervivientes, valientes y luchadoras.  Si estás aquí, en este preciso momento de tu vida, es porque tu niña interior ha tenido la suficiente fuerza como para resistir. Ahora toca devolverles la mano. Sanar sus heridas para poder sanar las nuestras. Hacernos responsables de nuestra libertad, de lo que tenemos en nuestra vida, lo bueno y lo malo. De defender lo que somos y lo que queremos ser.

Toca enseñarles a desaprender. A desaprender el miedo, a desprender la invisibilidad. Toca jugar. Toca reírse. Toca enseñarle, con tu mismo ejemplo, a ser feliz.
Fuente: Revista MiraLes.com

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