lunes, 6 de abril de 2015

¿Tienes una lesbiana tormento en tu vida?

pareja lesbianas 


Hace unas semanas una compañera de un curso me contó que estaba entre dos caminos. Camino A era una chica que había conocido por internet y con la que llevaba unas semanas saliendo. Una chica buena, agradable, encantadora, generosa, con la que sabía que podía llegar a tener una relación estable de aguas quietas. El camino B era lo que yo llamo “el tormento”.


La RAE define “tormento” de las siguientes maneras. “Angustia o dolor físico”, o “persona que causa dolor físico o moral”. Yo creo que lo que más se ajusta al perfil de la lesbiana tormento es la definición de “Tormento de gota: que consiste en dejar caer gotas continuamente sobre el mismo punto de la cabeza de la víctima”.

¿Cómo saber si tienes una mujer tormento en tu vida? Pues porque eres víctima de la tortura de la gota. Quien dice gota dice también pensamientos. Una mujer que te cae sobre la cabeza una y otra vez. Un pensamiento sobre otro. Pensamientos inocentes del estilo de: “qué estará haciendo”, “esta película (libro, fotografía, paisaje, café con leche (y mil cosas) le gustaría…”, “cuánto se reiría con esto”. Pensar que le cuentas cosas, pensar que le preguntas cosas, pensar, simplemente pensar de manera recurrente. Un pensamiento inocente tras otro, como una gota sin mucha fuerza, una gota que, aislada, no te puede mojar. Pero las gotas suman, y el tormento de la gota también. Hasta que va dejando huellas, agujeros en tu racionalidad. Y en tu nostalgia.

 La mujer tormento puede ser una ex novia, una ex amante, una amiga (o ex amiga), conocida, compañera, etcétera. Una mujer que se te quedó clavada en el pensamiento, o en el corazón, o entre las piernas. La mujer tormento suele protagonizar historias inconclusas, historias poco claras, historias intensas, historias.

Pero también la mujer tormento, que goza de buena flexibilidad y encaja tan bien en el pasado como en el presente y el futuro, puede ser alguien que recién estés conociendo. Volvamos a lo que os contaba. La chica y su camino B. Ella ya sabía que camino B sería una mujer tormento en su vida. Eso te lo dice el propio cuerpo. Cuando estás en presencia de alguien que te sacude interiormente, que parece tener el poder sobre tu sistema nervioso parasimpático. Alguien que, intuyes, no tendrás en tu vida de manera estable o quizás sí, pero no por demasiado tiempo. Alguien a quién le temes, pero te seduce y te atrapa. Alguien de quien, aunque te alejes, sigue estando presente en tu vida como el tormento de la gota de agua.

“Sé que con camino A estaré estable y bien. Que me hará bien. Pero camino B me atrae de una manera incontrolable. Dice que no está lista, que está saliendo de una relación, que no sabe lo que quiere. ¿Qué hago?”, me preguntó mi compañera que, a la vez, es ella misma el tormento de camino A. Porque esto va en cadena. Yo tengo un tormento y mi tormento tiene uno. Yo soy el de otra.

Supongo que ya sabéis que le aconsejé. Yo misma tengo mis heridas de guerras. Mis agujeros en mi nostalgia y en mi racionalidad. Pero siempre he sido amante de vivir. De arriesgar. De morir y volver a empezar.
Fuente: RevistaMiraLes

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