martes, 31 de marzo de 2015

Personajes lésbicos inolvidables de series y películas: Pepa y Silvia (“Los hombres de Paco”)

Pepa y Silvia 


La serie española Los hombres de Paco se estrenó en 2005, pero no fue hasta pasadas varias temporadas cuando empezó a llamar mi atención. Específicamente, encontrarse a Laura Sánchez con pistola en medio de un zapping televisivo puede actuar perfectamente de reclamo… y más aún si la ves tirándole los tejos a una forense pelirroja. Así fue como me enteré de que Pepa (Laura Sánchez) era una agente recién llegada desde Sevilla a la comisaría de Paco y los hombres que daban título a la serie, y Silvia (Marian Álvarez) la hermana del protagonista, además de forense en la misma comisaría. Menuda premisa, ¿no?

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Indagando un poco (ya os digo que yo no seguía la serie desde el principio), me enteré de que Silvia era uno de los personajes principales, pero para disgusto mío parecía ser heterosexual, puesto que había mantenido una relación sentimental con Lucas (Hugo Silva) y durante gran parte de las temporadas anteriores siguieron con el escarceo. Pero la llegada de Pepa desvela que estas dos se conocían desde mucho tiempo atrás, y todo indicaba que entre ellas había pasado algo como mínimo prometedor. Desde luego, no puede decirse que su reencuentro no sea original: se produce en la sala de prácticas de tiro, cuando Silvia va a ponerse al día con su pistola y alucina con la puntería del agente que hay en el módulo de al lado. Ese agente resulta ser Pepa y, como os decía, este par ya se conocía del pasado. ¡Hurra! Al parecer hacía varios años que no se veían, pero la última vez que estuvieron juntas fue memorable en el sentido adolescente-travieso que a todas nos resulta tan familiar.

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Desde el principio se nota que hay una química especial entre ellas, aunque la prueba de fuego vendrá cuando Pepa empiece a llevarse mal con el comisario jefe (para más inri, padre de Silvia) y Silvia tenga que darle algún motivo de peso para que no se marche de vuelta a Sevilla. Pero ¿qué motivo podría darle? (Por entonces todas lo sabíamos, aunque ella todavía no). Es evidente que Pepa siente algo por ella, y que no tiene ninguna traba que superar para admitirlo: sus atenciones halagan a Silvia, que poco a poco y pese a su historial heterosexual parece sentirse intrigada, querer ir más allá. Muy atenta a esas emociones desconocidas que parecen invadirla por primera vez, Silvia advierte que se pone celosa cuando ve a Pepa con otra mujer, o que tiene la necesidad de buscarla continuamente con la mirada. Hay una primera escena preciosa, mientras Pepa se desmaquilla en el baño tras una noche de fiesta, y Silvia decide poner fin a sus dudas para dejarse llevar.

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¡Pero las cosas no son tan fáciles! Aquí, como casi todas nos hemos enamorado, pillado, enrollado o sucedáneos con una hetero (véase RAE), lo sabemos bien. Que si Pepa piensa que Silvia está experimentando, que si Silvia piensa que sólo es una más en el largo historial de conquistas de Pepa. Pero sobre todo es Silvia la que tiene el marrón, porque si fuera heterosexual no sentiría lo que siente por Pepa, aunque al mismo tiempo no sepa qué espacio darle en su corazón o cómo dárselo. Hay otra escena muy reveladora (una de mis favoritas), cuando precisamente Silvia confiesa a Pepa que es incapaz de imaginarse en una sencilla rutina de pareja con una mujer, y Pepa le dice que no tiene que imaginarse con “una mujer” sino con ella. Y empiezan a simular situaciones en las que podrían encontrarse para ver cómo reaccionarían… y no sé a vosotras, pero a mí me parece súper tierno.

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A pesar de todo, no todo el campo es orégano: no voy a quedarme sólo en alabarlas, por mucho que me gusten las dos. Es cierto que todas estas situaciones reproducen vivencias que todas hemos tenido o que podríamos llegar a tener, pero sinceramente (y a riesgo de ser apaleada por las fans más acérrimas de la pareja), no me parece que esta historia aporte nada original al género (por género, entiéndase “Historia de las lesbianas en televisión”). No nos engañemos, estas primeras tramas lésbicas consolidadas en las series fueron muy necesarias para satisfacer nuestro anhelo de referentes, pero a día de hoy podemos atrevernos a criticarlas y a exigir algo más, ¿no? De hecho, los guionistas españoles parecían tener una plantilla con la que crear argumentos para mujeres lesbianas, porque en varios ejemplos se repite el mismo patrón: una es abiertamente homosexual y la otra no, una no tiene problemas para salir del armario y la otra sí, al final alguien acaba siendo infiel (mayoritariamente con un hombre) y esto termina teniendo que ver de una manera rocambolesca con la maternidad, y todo eso por no hablar de que alguna de las dos siempre acaba muerta. 

Yo personalmente abogo por adorar a estas parejas como reliquias de mi adolescencia, pero no como personajes homosexuales complejos y memorables como actualmente sí que los hay: y eso es un alivio, ya que pone en evidencia que seguimos avanzando. Porque es posible la existencia de Alex y Piper en Orange is the New Black, o incluso de Luisa y Rosa en Jane the Virgin, no debe quedarnos ninguna duda de que estamos en el siguiente nivel… pero chicas, no nos conformemos, que aún no estamos en el último.

Inma Miralles
Fuente: Revista MiraLes.com

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