jueves, 26 de marzo de 2015

Los gays cristianos existen, y la comunidad LGTB quiere que lo sepas

Sí Quiero, de Gonzalo Orquín 


Dios te ama. Te lo dicen en la escuela. Te lo dicen en los medios. Te lo dicen en la iglesia. Y tú vas y acabas creyendo. Creyendo, con toda la fuerza de tu corazón, en algo que no puedes probar. Que nadie nunca podrá probar.
El mensaje cala en ti por repetición y acabas asintiendo a la revelación de Dios. Amas a Dios, te sientes iluminado por su huella y su mensaje. Intentas vivir de acuerdo a sus preceptos. Crees haber encontrado tu camino espiritual. Y de repente algo pasa: la iglesia, la organización encargada de administrar esa creencia, decide que tú no eres digno de esa fe. Los jueces de Dios no te quieren en su club. Tanto esfuerzo puesto en creer... para acabar repudiado.
Esa es la situación de millones de cristianos gays, lesbianas y transexuales de todo el mundo. Porque una cosa es lo que pueda decir el Papa, y otra muy distinta lo que transmite la iglesia católica como institución. Y ahí el mensaje es claro: aunque la orientación sexual no se considera pecaminosa, los actos homosexuales sí.
Y lo mismo pasa con la transexualidad.
O sea, aceptamos a la comunidad LGBT, mientras no vivan de acuerdo a su condición. ¿Es ese un trato justo, una postura compatible con el mensaje de amor de la religión cristiana?
Dueños de nuestra fe
Owning Our Faith (algo así como "apropiándonos de nuestra fe") surge para dar visibilidad a esa contradicción y animar al debate en torno a una realidad velada.
El proyecto nace en noviembre de 2014, cuando un grupo de personas LGTB habituales de la iglesia de San Pablo Apóstol de Nueva York decidió abordar públicamente la cuestión de la relación entre la iglesia católica y las minorías sexuales y de género.
"Queremos que nuestras historias formen parte del debate, porque las personas LGTB tienen unos dones únicos con los que contribuir a la vida de la Iglesia", señalan los impulsores del proyecto. " Esperamos que la Iglesia reconozca que Dios está actuando a través de las historias de nuestras vidas. Queremos inspirar un cambio que fortalezca a las familias, estimule la aceptación de las personas LGTB, fomente una comunidad inclusiva y promueva un diálogo abierto y con aceptación entre católicos alrededor del mundo".


La comunidad LGBT católica quiere que la iglesia de la que se sienten parte les acepte como son. Sin medias tintas. Sin condiciones. Y la mejor arma para el cambio está en sus testimonios, en su pérdida del miedo a hablar y a reclamar su fe.
Es por eso por lo que, después de varios meses de debate interno, Owning Our Faith inicia su andadura pública con un corto documental de 14 minutos que recoge diferentes testimonios, tanto de creyentes LGTB como de aliados heterosexuales afines a su causa.
Son testimonios de fe y amor a Dios. Pero también de exclusión, de frustración y crítica. Porque está claro que algo falla.
Como comenta Matt Putorty en el documental: " la iglesia católica probablemente piensa que ya acepta a las personas LGTB porque su mensaje es 'las personas gays existen y deberíamos amarlas y no discriminarlas'. Sin embargo, de alguna manera la iglesia también le dice a las personas gays que tienen que ser célibes. Entonces les está diciendo: 'no puedes vivir con plenitud'. Y eso es inherentemente discriminatorio".
Mike Roper, de 74 años, insiste en ese mismo sentido: "No es una simple cuestión de aceptación, o de tolerarnos. Tienes que alentarnos a ser quienes somos. Somos creación de Dios. Y negar eso es negar que él (Dios) sabe qué demonios está haciendo".
La comunidad LGBT reclama su visibilidad dentro de una iglesia que hasta hace muy poco negaba su presencia. Es hora de hablar de un cristianismo post-gay. Porque en la apuesta por una iglesia moderna e integradora, una familia abierta a todos, la comunidad LGBT ha de tener un sitio. Si no, el mensaje de esa misma Iglesia seguirá en entredicho.
Como se pregunta la anciana Nana Fotsch al final del documental: "La canción que cantamos en la iglesia, el himno que dice 'todos son bienvenidos en este lugar', ¿lo decimos en serio, o solo son palabras bonitas?".
Fuente: PlayGround Noticias

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