martes, 17 de marzo de 2015

La autoestima de Daniel

La autoestima es…
autoestima copyLa autoestima es un constructo o, lo que es lo mismo, un “fenómeno no tangible que a través de un determinado proceso de categorización se convierte en una variable que puede ser medida y estudiada1”.

Constructo es el término que empleamos en psicología para referirnos a aquellas “cosas” que, si bien no se pueden observar directamente y que, probablemente, no tienen una existencia neurológica física, sí que es algo que parece estar influyendo nuestro funcionamiento. Así, no existe un área del cerebro que sea “el córtex de la autoestima” pero los seres humanos, en nuestro comportamiento, parece que lo hacemos influidos por las valoraciones que realizamos acerca de nosotros mismos y ese modo de actuar “que parece que” es lo que los psicólogos llamamos autoestima.

Para explicarlo de un modo pedagógico, comenzaremos señalando que los seres humanos tenemos la capacidad de elaborar representaciones mentales (ideas, conceptos, abstracciones, etc.) de todo lo que nos rodea y eso incluye también nuestras propias características personales. En el caso concreto de lo que llamamos autoestima, las personas evaluamos positiva, neutra o negativamente, el valor que esas características personales tienen para nosotros. Siendo sucintos podemos resumir que si haces una buena valoración de tus características, tienes buena (o alta) autoestima y, si tu valoración es mala, tienes una mala (o baja) autoestima. Explicado así parece sencillo ¿verdad?

Pero eso de pretender autoquererse se complica un poco para muchos de nosotros, los (y las) homosexuales, y es fácil encontrar gais y lesbianas con “baja autoestima”. Y tiene lógica que sea así si entendemos el mecanismo de funcionamiento de la autoestima ya que los criterios de autovaloración provienen de nuestro contexto. Un criterio de autovaloración se refiere al criterio con el que valoramos una característica nuestra y los aprendemos a través de nuestras interacciones sociales. Si en tu barrio/familia está bien visto ser inteligente, tú le darás valor al hecho de serlo. Si en ese contexto tuyo, esa misma característica se considera algo “propio de listillos”, tú no te sentirás cómodo sacando buenas notas. No, al menos, hasta que hayas madurado lo necesario como para haber desarrollado tus propios criterios y los suyos no te afecten. ¿Qué sucede con la homosexualidad? Pues que, cuanto más homófobo sea nuestro entorno, peor estará nuestra autoestima porque habremos interiorizado una serie de criterios de autovaloración que dirán que una característica tan importante como es nuestra orientación sexual es algo malo, pervertido, enfermo… etc. Éste es el origen de la homofobia interiorizada y, por eso, los gais y las lesbianas con mucha homofobia interiorizada tienen una autoestima tan pobre. Por tanto, y ya no sólo en lo que tenga que ver con la homofobia interiorizada, si hay algo que debemos hacer para mejorar nuestra autoestima es analizar en profundidad aquello que pensamos de nosotros mismos y poner en cuestión por qué lo pensamos así. Eso fue lo que hizo Daniel.
De inseguro a seguro en 3..2..
Daniel llegó a consulta con un problema de celos. Un problema que, tras sesiones de evaluación, demostró que sólo era la puntita de un iceberg. Tenía celos porque se sentía inseguro y se sentía inseguro porque creía que no valía gran cosa. En algunos temas, incluso, creía que no valía nada. Y, como no se sentía seguro de sus capacidades, dudaba. Y, como dudaba, titubeaba y finalmente hacía mal las cosas. Y, como las hacía mal, fracasaba. Y al fracasar, volvía a confirmar su creencia de que él no valía nada porque no sabía hacer nada. Su novio de entonces (sin que Daniel fuese consciente de ello, lo descubrimos en terapia) cumplía una función psicológica muy importante: la ayudaba a regular sus emociones, especialmente su ansiedad. Si Daniel estaba muy nervioso, su novio lo tranquilizaba. Si se ponía triste, su novio lo alegraba. Daniel no había adquirido la capacidad de gestionar sus propias emociones y necesitaba a alguien que le ayudase. Sin que fuera consciente de ello, su novio cumplía ese papel tan importante así que era normal el pánico a perderlo… y los celos.

A lo largo de las sesiones, fuimos descubriendo qué era lo que ocurría detrás de las cortinas de su mente y a entender por qué le estaba sucediendo todo aquello. Yo te cuento la historia de Daniel como ejemplo de lo que otros muchos otros hombres gais han trabajado siguiendo las mismas pautas o muy similares. Y lo hago para que tú lo pongas en práctica en tu vida:
1. Daniel comenzó por derrocar los falsos mitos que había construido acerca de sí mismo. A lo largo de varias sesiones (y tareas para casa), explicitamos todas las ideas que parecía tener acerca de su persona y sus capacidades.
2. Las analizamos y las diferenciamos en dos grupos: las que tenían algo de verdad y las que no tenían nada de cierto:
  • Con las que tenían algo de verdad (ej: “en mi trabajo hacen falta idiomas y no los tengo”) trazamos un plan para subsanarlas. Hicimos multitud de pequeños ajustes que iban desde el apuntarse a un curso de inglés de negocios hasta preparar una cena en casa en la que todos los comensales pasaran un rato estupendo (para cuestionar su idea de que era “poco divertido”).
  • Con las que no tenían nada de verdad, trabajamos cómo abandonarlas y cómo sustituirlas por ideas ciertas. Esto es lo que, en terapia, se conoce como reestructuración cognitiva. Aprendió, también qué era un pensamiento distorsionado y cómo eliminarlo.
3. Daniel aprendió técnicas de gestión emocional. Tomó conciencia de que se sentía muy desvalido en este punto de su vida y empezó a trabajar muy en serio sobre cómo disminuir su ansiedad, cómo afrontar sus subidas o la aparición de estados de tristeza. Desarrolló una nueva serie de técnicas que iban desde la búsqueda de apoyo social a la realización de tareas distractoras, los ejercicios respiratorios o las autoinstrucciones. Aprendió a ser mucho más autónomo en este aspecto de su vida.

4. Trabajó mucho su red social: hizo nuevos amigos, recuperó amistades antiguas y, con todos, profundizó en las relaciones que mantenía con ellos. Se abrió a la intimidad, hizo planes en grupo, se apuntó a muchas actividades y, gracias a todo ello, tomó conciencia de que ere un hombre muy querido en su entorno, que sólo se necesitan tres o cuatro amigos intimísimos para sentirse acompañado pero que también es muy divertido hacer cosas en grupos grandes. Se apuntó a cenas cumpleaños, excursiones, etc. y, en todas ellas, pudo comprobar que era muy bien recibido y tratado con cariño.

5. Resumiendo: Daniel tomó conciencia de todos los criterios con los que se valoraba a sí mismo, subsanó (y/o se perdonó) sus fallos reales, tomó conciencia de las formas distorsionadas en las que se veía a sí mismo y las sustituyó por formas objetivas de verse, aprendió a gestionar sus emociones y potenció su vida social y el vínculo con sus amigos. Fue un trabajo de meses pero le mereció inmensamente la pena.

A Daniel le desaparecieron los celos. Sigue siendo un hombre sensible (la terapia no te convierte en quién no eres) y aquella relación se terminó porque Daniel no estaba realmente enamorado aunque lograron mantener la amistad. Cuando ya no era paciente mío, se quedó en paro pero, lejos de deprimirse, Daniel se tomó muy en serio lo que había estado aprendiendo durante la terapia y se dispuso firmemente a mejorar su situación laboral. Hizo multitud de entrevistas de empleo, presentaba unas autocandidaturas impresionantes. Y, un día, me envió un whatsapp para ponerme al día de sus progresos: “- he conseguido el puesto de Project Manager en --- (una multinacional), pero encuentro el sueldo un poco flojo, les he pedido que me mejoren la oferta”. Yo estaba flipado ¿quién lo había visto y quién lo veía ahora? ¡Pero si hasta se atrevía a pedir que le mejorasen las ofertas de empleo! Estaba irreconocible y me sentía muy feliz por él. Aunque más felices nos sentimos cuando le llamaron para decirle que sí que le mejoraban el sueldo, que lo querían en el equipo. Daniel había aprendido lo que valía y había aprendido, sobre todo, a hacerse valer. En tu caso, quizá no laboralmente, pero puede que, en cualquier otra área de tu vida, te venga bien aprender a estimarte de forma distinta a como lo has estado haciendo hasta ahora. De eso se trata y en cada una de mis despedidas te lo recuerdo: quiérete mucho, maricón. Besazo.
Fuente: cascaramarga.com

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