viernes, 13 de febrero de 2015

Un gay disfrazado

Y de nuevo llega carnaval, una de las fiestas más celebradas en todo el mundo, días para ocultarse detrás de una máscara, bailar y divertirse.

Estas fiestas me llevan a pensar en este mundo de disfraces y máscaras, detrás de las que escondemos quienes somos realmente, y lo traslado a dos épocas de mi vida, y la de otros muchos gays, lesbianas, etc. Personas de esta comunidad que andan escondidos detrás de una imagen que no es la real. En mi caso era por miedo a ser rechazado, a no sentirme querido; falsa creencia que me llevó a amargarme la vida unos cuantos años.

mascara 21. Gay con máscara de heterosexual
Recuerdo esta época, de adolescente y juventud, hasta los veintitantos años, en los que no aceptaba el hecho de ser gay e iba con la máscara de heterosexual, intentando vivir o sobrevivir en un mundo con el que no me sentía identificado. Yo no podía ser gay, eso no era lo “normal - natural”, mis amigos no lo eran, nadie en mi entorno lo era (eso creía yo y alguna sorpresa me llevé posteriormente).
Época en la que vivía súper cerrado en mí mismo, por miedo a que alguien se diera cuenta. Hasta llegué a forzarme a tener novia, a ver si así “me curaba” de esta sensación extraña que tenía.
Era una auténtica crisis de identidad. Ya os podéis imaginar la dualidad con la que vivía, por mucho que hiciera, eso seguía dentro, vivía amargado, triste; una lucha constante en mi interior, con ganas, a veces de desaparecer del mapa. Sí, se puede llegar hasta ese punto. Eso sí, aparentemente, nadie se daba cuenta, era todo sonrisas.

mascara2. Gay con falsa fachada
Otra etapa que he vivido cuando “salí del armario”. Tras asumir que ser gay no era una desgracia, que formaba parte de lo que yo era, y empezar a quererme como persona íntegra. Ese paso fue increíble, me quité de encima no se cuantos kilos, metafóricamente hablando; me sentía ligero, las piezas de mi vida empezaban a encajar. Por fin empezaba a ser yo, o casi.
Casi, porque ahora venía la segunda parte, comenzar a moverme en esa comunidad o colectivo, a conocer gente, y eso ¿cómo se hacía? ¿Dónde ir? Empezar a descubrir un mundo nuevo, con distintos ambientes, estereotipos.
¿Y cuál era el mío?
Y comienza otro surtido de máscaras o fachadas para encajar, caer bien, ligar, hacer nuevos amigos. Revisión de vestuario, sonrisas, temas de conversación, poses, etc.
Y de nuevo ¡otra lucha! He salido del armario, ya no soy o quiero ser hetero, pero tampoco encuentro mi sitio en el mundo gay, ¿por qué? Porque quería adaptarme, ser lo que veía en los otros para que me aceptasen, y de nuevo volvemos al principio, el temor a que no me quisieran…
¡Que agotamiento! Otra vez esa sensación de vacío, de dualidad, de conversaciones con las que no me identifico, de postureos falsos, conocidos de un día, a los que no vuelves a ver o hablar ¿y para esto salir del armario?
Fueron dos etapas de confusión, de ir algo desorientado, de rebeldía, luchas internas y por supuesto, una autoestima baja y muy dañada, en esta segunda etapa estaba algo mejor.
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3. Gay auténtico
Y última etapa, ¿por qué y para qué tengo que ser como este o aquel? Yo soy como soy, tengo mi personalidad, mi forma de actuar, mis gustos… Pues ¡¡¡fuera máscaras!!!
Momento de libertad, autenticidad, originalidad, de curación definitiva de heridas, traumas, prejuicios, falsas apariencias; de sentirse completo, y encantado de conocerse. Momento de seleccionar dónde, cómo y con quién, y no de que nos seleccionen o dejen de seleccionar. Momento de dejar de luchar y comenzar a vivir y disfrutar.
El hecho de ser gay no significa que haya que dejar de ser auténticos, de tener que cambiar toda nuestra personalidad. Sí que hay un proceso de adaptación a “ese algo” que hemos integrado, cambios en la vida, en el enfoque, en comportamientos, que nos lleven a ser reales, eliminando comportamientos falsos.
Esta etapa es un proceso que requiere tiempo, paciencia, trabajarse a uno mismo, reconocer y tomar conciencia de cosas que igual no nos gusta reconocer. Los efectos positivos se empiezan a notar muy pronto, y realmente merece la pena, solo dejar de vivir en esa dualidad, de luchar contra uno mismo, no tiene precio.
Yo me quedo en la etapa de “gay auténtico”, soy mucho más feliz, la gente que me rodea me conoce como soy, me siento libre, y el que me quiera, que lo haga como soy, y los que no, pues sinceramente, no los quiero en mi vida.
Y tú, ¿en qué etapa estás y en qué etapa te gustaría estar? ¿Eres auténtico, real y sincero, o vives en un mundo doble? ¿Cómo te sientes en esa falsedad? Si no te sientes bien, ¿a qué esperas para comenzar a hacer algo? Pregúntate ¿cómo te sientes contigo mismo, bien 100%?
Fuente: cascaramarga.com

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