martes, 17 de febrero de 2015

La gran mentira online

Mentir online 


Existen múltiples posibilidades de encontrar a la mujer de tu vida: en las oscuridades del cine de tu barrio viendo una peli de Jennifer Aniston (aún no me creo que esa actriz suene como futurible para un Óscar), en la cafetería a la que vas todos los fines de semana a comerte tus dos porras bañadas en café con leche, en tu trabajo con tus compañeros cotillas, etcétera, etcétera, etcétera.

Ahora, hablando en serio, donde se puede conocer a mujeres sin perder mucho tiempo es online. ¿Esto qué significa? Sí, sí. Que tu perfil social en las redes es fundamental. Eso sí, no te vas a librar de alguna que otra sorpresa (la mayoría desagradables) cuando veas a esa mujer vivita y coleando (pero esa ya es otra historia). Empecemos por el principio.

Te has apuntado al Meetic, Brenda, Contactos chueca, Singles o página similar para hacer amigas. Bueno, quiero decir… para aumentar tus posibilidades de tener sexo con alguna chica. Porque tu objetivo no es encontrar el amor de tu vida. O por lo menos, no el primero. Por eso, en tu perfil, pusiste algo así como “Si surge, ¿por qué no?” a la pregunta “¿Buscas una relación romántica?”. Esto te permite dejar todas las opciones abiertas: la chica que sólo busca sexo no se asustará y la que quiere encontrar a la mujer de su vida te incluirá entre sus opciones.

También has puesto una fotografía tuya que es a la vez misteriosa y salvadora. Misteriosa porque tienes la mirada perdida al infinito o con esa expresión de “Yo sé lo que quiero, ¿y tú?”; salvadora porque no muestra esos defectillos que todas tenemos y que no queremos publicitar a toda la comunidad lésbica online de buenas a primeras.

Así, cuando rellenaste tu perfil y marcaste en “Silueta”, “Atlética” en vez de “Redonda” (que es la verdad verdadera) lo que pensaste fue “Redonda tirando a normal y cuando me vea desnuda será un rollito de una noche así que, ¿a quién le importan un michelín o dos?” Esto explica el que tú, mujer morena de ojos oscuros y apariencia anodina, te convirtieses en “Castaña de mirada intensa con silueta atlética”. Sip. Porque tú lo vales.


¿Eres tú la única que, digamos, omite o matiza ciertas verdades? Nop. Por muy increíble que te parezca (¡ups!), la mayoría de mujeres que tienen perfiles online también mienten. He aquí algunos ejemplos de cómo una mujer que parece perfecta resultará ser un ser totalmente distinto cuando la conozcas en persona.
  1. La talla y el peso
Es un clásico, para qué engañarnos. O se opta directamente por omitir estas informaciones o es bastante frecuente que se dé información falsa. Y no estamos hablando de dos o tres centímetros. Algunas mujeres pasan directamente al 1,72 cuando en realidad no superan el 1,65 o de los 50 kilos cuando van por los sesenta y tantos. Que el tamaño (y el peso) no importan, ya es gusto de cada una. Eso sí, teniendo en cuenta la cantidad de gente que miente sobre ello, debe ser visto como información que merece la pena alterar.
El problema es cuando conoces a esa mujer y la imagen (cuasi perfecta) que te habías hecho en tu cabeza se derrumba. No puedo ni contar las veces que he oído a amigas decir: “Es que… físicamente no era como me la imaginaba”. Pues claro que no. Entre lo que la has idealizado en tu cabecita y lo que ella ha mentido, es humanamente imposible que sea como pensabas.
  1. La profesión
Otro clásico en el mundo de las mentiras. Desde la catedrática en Ciencia Forense que no quiere dar un susto de muerte a posibles conquistas (sí, el chiste es malo, lo sé) hasta la dependienta de Zara a quien le encanta su trabajo pero lo ve como poco reconocido socialmente, las excusas para mentir sobre tu profesión son infinitas: demasiado intelectual, demasiado manual, demasiado butch, demasiado normal, etcétera, etcétera. A todas nos puede asaltar de vez en cuando este sentimiento, bien por hartazgo, bien por propia inseguridad (lo más frecuente). El caso es que es muy posible que te encantase esa “artista cantautora rockera” y que luego resulte que su lado “artístico” se limita a cantar el cumpleaños feliz sin desafinar y que no cobra un duro por ello.
  1. El carácter
“Honesta, conversadora y sana”. Aquí tenemos una descripción que podemos encontrar online.
Vale. Lo de honesta puede ser cierto siempre y cuando estés dispuesta a definir la honestidad como el hecho de nunca haber cumplido una sentencia penal (lo que excluye a Isabel Pantoja). A partir de ahí, la “honestidad” fluctúa. Una te confesará haber engañado a sus novias de forma repetida (“¡Porque es supermega independiente, claro!” – véase más abajo); otra te dirá que sólo miente los viernes que es justo el día en que se cita con sus conquistas online; y finalmente, hasta puede que te encuentres con la mitómana que intentará hacerte creer que es la mejor, que conoce a todos los VIPS del lugar, etcétera, etcétera (tipo pequeño Nicolás).
“Conversadora”. Fácil. No te va a dejar decir ni una palabra. Hablará, hablará y hablará y tu rol consistirá en asentir con la cabeza y estar al acecho de sus pausas para coger aire e intentar añadir un “Síi”, “No”, “A mí…”, antes de que vuelva a empezar. Tengo una compañera de trabajo que es así y es increíble ver cómo hila un discurso perfecto ella solita sin necesitar la más mínima participación de los demás. Si eres una mujer callada, este es tu perfil ideal de mujer.

“Sana”. Tenemos también las variantes siguientes “Estable emocionalmente”, “Inteligencia social”, “No soy una loca”, etcétera. Bien. Partiendo, una vez más, de la idea de que es la sujeta quien se define a sí misma y que no le vamos a pedir un informe médico al respecto, es, sin embargo, probable que en torno a un café nuestra compañera “sana” nos espete un “¡¿Por qué miras a la camarera?!” cuando le estamos preguntando  a la susodicha por las distintas especialidades en cafés que tienen.

Por otra parte, estar sana también significa estar libre de enfermedades de transmisión sexual. Y ahí, chicas, si la cosa va más allá tras haberle explicado a tu ligue que mirabas a la camarera porque miras la gente a la cara cuando hablas con ella, es conveniente tomar todas las precauciones necesarias para evitar consecuencias desagradables.
  1. Su objetivo
Hablando de llevarte a una mujer a la cama tenemos la gran mentira del objetivo. Como he dicho al inicio, el “Busco amistad”, “Busco conocer a mujeres amables si más pretensión” y similares suele ser incierto. Aunque es posible que la persona con la que has quedado esté tan quemada por una relación anterior que sólo busca un hombro sobre el que derramar sus lágrimas (tipo: “Estuve tres semanas con ella, me dejó y me partió el corazón. Nunca conseguiré recuperarme.” Nota: en este caso, si puso que era una mujer sana en su perfil, desconfía), lo usual es que una se apunte a páginas o descargue aplicaciones de contacto para eso mismo: contactar. De ahí lo de “Soy supermega independiente, ¿sabes?” que significa “Sólo quiero follar, así que no me pidas nada más”. Ello generalmente va acompañado de una propuesta de sexo telefónico o vía chat. Así que si has aceptado tener una conversación de altos vuelos con una chica que se autodeclaró un espíritu (y cuerpo) libre, no te enamores de ella si no quieres acabar “buscando sólo amistad”.

Si, a pesar de todo, has encontrado en la red a una mujer con la que compartir momentos agradables y quizá hasta una relación duradera, enhorabuena. ¡A disfrutarlo!
Fuente: Revista MiraLes



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