sábado, 31 de enero de 2015

Puto Joto 

Desde el bíblico «sodomita», el mítico «uraniano» y los históricos «41» y «jota», pasando por los insectos como «la mariposa» y «el mayate», y los por demás comunes «maricón» y «puto», hasta los compuestos «muerde-almohadas» y «sopla-nucas»: los homosexuales hemos sido llamados de distintas maneras según el lugar y la época. Justamente de este tema hablaremos hoy en la sección «MACHXS».
Desde que en 1869 Karl Maria Kertbeny acuñó la palabra «homosexual» han surgido infinidad de términos para nombrar a los «hombres que tienen sexo con otros hombres» (HSH). Dichos términos pueden ser relacionados con animales, eventos históricos, plantas, personajes y, a través del tiempo, han ido evolucionado.
La palabra «gay» (que significa jovial o alegre), es quizá el término universal más reconocido en este momento con el que se nos conoce a los homosexuales; dicha palabra se empieza a utilizar en la década de los treinta en las cárceles de los Estados Unidos para nombrarnos despectivamente. La jerga de las cárceles muchas veces crea y dicta la manera de llamar a los homosexuales en países como México y España.
En los últimos años otro término se ha popularizado para nombrar a los homosexuales y su estilo de vida es «queer» (torcido o raro, ¿te acuerdas de Queer As Folk?), que al principio, como la mayoría, era un término despectivo y que los propios homosexuales, dandole vuelta, adoptamos como propio.
En epocas antiguas un homosexual era conocido como «sodomita» al referirse a la antigua ciudad bíblica de Sodoma y sus implicaciones, mientras que el delito de «sodomia» se refería a los que mantenían coito anal. Así como «uraniano» ocupado por Platón en El Banquete, pues era la musa Urania la que provocaba el amor a lo masculino, entre hombres.
En los Estados Unidos existen palabras como «homo», «pervert», «affeminate», «faggot» y «fag» que son las formas más insultantes de señalarnos. «Faggot» es la rama o palo con que se enciende una chimenea, y siguiendo con la relación del fuego y los homosexuales están «flamer» que viene siendo como un hombre en llamas y «flaming fairy» que es un hada o un pequeño ser mágico en llamas.
«Silly savage» (tonto salvaje), «limp wris» (mano caída), «fruttie» (afrutado), «butt fuckers» (coge culos) y «sweeties» (dulces), para nombrarlos cariñosamente, son otras formas más utilizadas en los paises angloparlantes.
En América Latina las palabras son tan variadas que sería arduo catalogarlas por países, regiones y épocas.
En Argentina «trolo» es la palabra más común, viene de trolebús y de tomarse del tubo para no caer. «Café con leche» es la manera decente de nombrar a los hombres que gustan de otros hombres, mitad café y mitad leche; o «se le cae la polvera» y «vuelta y vuelta» que son otras frases más coloquiales.
En Ecuador «papaya», «camarón» y «sopa» son las más frecuentes, así como «picañoña» (entiéndase ñoña como mierda). En Costa Rica, «playo»; en Brasil, «viado», y en Cuba«, cayuco». En Guatemala palabras como «mamplor», «morro» y «hueco» se utilizan para designarnos, y recientemente «barbarizada» y «gueyshas».
En México ocurre lo mismo, según la región y la época se nos puede llamar de muy distintas maneras a los homosexuales, por ejemplo «mampo» en el sureste del país, «cuxpé» en Yucatán, «señorito» en el norte, «muxhe» en Veracruz; o «shoto» que en las danzas de algunas festividades rurales es la representación del diablo que porta una antorcha llameante, pero también se les conoce así a los cabritos lactantes, “los que maman”.
El término «mayate» se ha generalizado ya como hombre homosexual, aunque en algunos pueblos se le conoce así al hombre que tiene relaciones sexuales con los «chotos» y también con mujeres y que generalmente no se reconocen a sí mismos como homosexuales.  Este término viene del insecto, escarabajo, que vive en contacto con el excremento.
Antaño era común llamar burlonamente a un homosexual «María» por lo que se han derivado algunos términos de dicha palabra, uno de los más comunes es su diminutivo «marica» o «mariquita», e incluso «maricón». Palabras como «marimba», «mana», «marisco», «mandril» se utilizan en el mismo sentido y derivan de la misma palabra; y muy recientemente «manigüis».
Regresando a la jerga carcelaria, «mariposa» y «mariposón» eran utilizados en España en el siglo XVI para nombrar a los «sodomitas» que cumplían sentencia en alguna prisión. Esta metáfora de las «mariposas» y los homosexuales se da en relación con el fuego, de nuevo, al referirse a la mariposa que vuela alrededor de la llama atraída por su luz hasta que termina quemada.
En México «jota» y «joto» se derivan de la crujía donde eran metidos los homosexuales en la cárcel de Lecumberri. La jota era una crujía sin celdas y sin puertas en donde las «jotas» convivían. Pero también está el histórico «cuarenta y uno» que fue el número de homosexuales detenidos en aquella redada en la época Porfiriana y que terminaron en Yucatán encarcelados y condenados a trabajos forzados.
El término más común y despectivo, sin dudas, es «puto», que no solo se utiliza para nombrar a los homosexuales sino también a los cobardes. No es raro escuchar entre heterosexuales la frase «¡no seas puto!» refiriéndose a no ser cobarde. La palabra deriva de «puta» es decir prostituta, así «puto» en primera instancia se convierte en un hombre que se dedica a dicho oficio. De «puto» han provenido tales como «puñal», «pulga», «putazo», «Plutón», «plutoniano», «pulmón», «putón», «putiflais».
Pero existen otras palabras como «culero», «hueco», «raro», «loca», «lilo», «mujer psicológica», «pitero» y «sobrinero» (porque no tendrá hijos). Están los lugares comunes como «de ambiente», «del otro lado», «del otro Laredo» o «del otro bando»; o los que hacen referencia a “lo chueco” de la situación como «desviado», «invertido», «amanerado» y «torcido».
Están también los términos que hacen alusión a las manos y sus inclinaciones como «mano quebrada», «cacha granizo», «se te quiebra la muñeca», «se te cae la mano» o «pareces mesero sin charola». Y existen otros totalmente en desuso como «bardaje»: homosexual pasivo, «cacorro» (afeminado), «garzón» (mancebo), «sarsa», «ninfo» (hombre que cuida demasiado de su apariencia), «güilo», «pastilla», «larailo», «liandro», «floripón» (adorno de mal gusto), y el tan popular por mucho tiempo: «pederasta».
«Macha», «muchacha», «fakir» (por tragar espadas), «comadre», «gasha», «Clara», «perra», «pobrecita», «ella», «chicuela», «pasiva», son palabras que utilizamos, actualmente, los propios homosexuales para llamarnos entre nosotros.
Sin dejar de lado los bien sabidos y demasiado gráficos «sopla-nucas», «chupa-pitos», «muerde-almohadas», «te gusta el arroz con popote», «te gusta la coca cola hervida», «te gusta meter reversa», «se te hace agua la canoa», «para orinar te agachas», «adorador de la yuca», «de la cáscara amarga» y «salta pa´trás».
Y, por último, los más rudos visualmente como «te gusta que almidonen las tripas», «te gusta que te correteen la solitaria», «te gusta que te midan el aceite», «te gusta que te revienten las ligas» y «te gusta que te apachurren los frijoles».
Lo interesante de este listado es que continúa y que cada día se enriquece con nuevas formas para llamarnos a nosotros los homosexuales ya sea de forma cariñosa, despectiva, alburera o crípticamente.
Quizá ningún otro término como hombre, mujer, lesbiana, bisexual, transgénero, y demás, tiene tantas derivaciones, acepciones, significados y maneras como las hay para nombrar a los hombres que aman a otros hombres.
Fuente: ArmariosAbiertos.blogspot.mx


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