viernes, 14 de noviembre de 2014

Salgo del armario y mi familia no lo asume. ¿Qué hacer y cómo actuar?

Has tomado la decisión, después de muchas dudas, de dar el paso adelante. Pero cada uno tenemos nuestra escala de valores y nuestras preferencias, y, basándonos en estas variables, interpretamos y actuamos. No todos somos iguales, ni pensamos lo mismo frente a una misma situación.

salir armarioHas tomado la decisión, después de muchas dudas, de dar el paso adelante. De alguna manera comienzas una nueva vida, estás contento porque por fin sientes que empiezas a ser tú mismo; aunque quizás aún no al 100%.
Dar un paso así requiere un tiempo, una adaptación de nuestra mente y nuestro cuerpo. No es comprarse un trench que te lo pones y a lucirlo; puede ser más como mudarte a un nuevo piso, necesitas tiempo para ordenar y adaptarte a los nuevos espacios, al nuevo barrio, al transporte público o dónde aparcar.
En ese cambio de hogar, tomaste la decisión de independizarte, lo has hecho, estás contento del cambio y quieres que tu familia comparta esa decisión y esa alegría. Sin embargo a tus papis, inicialmente, no les ha hecho mucha gracia.
Pues en otro plano, salir del armario y tu familia puede ser algo parecido. Tu familia se ha enterado que eres gay, y quizás no lo han encajado bien, no lo asumen, piensan que estás “enfermo”, o que se han equivocado en tu educación, o "¿cómo es posible, si nunca se lo hemos notado?" y cosas parecidas.
Tú estás contento del paso dado y enfrente, tus seres queridos no tan contentos. ¿Cómo actuar? ¿qué hacemos? ¿cómo reaccionamos?
Hace poco me contaban el caso de un chico que decidió salir del armario frente a su familia, tenía pareja y vivían juntos, e invitó a su casa a unos familiares, que digamos eran de “mentalidad abierta”. Se pasó esos días pegado a su chico como una lapa y no dedicó ni un solo minuto a estar a solas con sus familiares; y estos familiares acabaron saturados, de dos semanas, la visita se quedó en una y nunca más volvieron.
Este caso puede tener muchas interpretaciones: los familiares no eran tan de “mentalidad abierta”; el chico impuso su condición sin tener en cuenta que quizás a sus familiares les podía agobiar un poco esa nueva situación, o podría ser la pareja que no le dejaba.
Cada uno tenemos nuestra escala de valores y nuestras preferencias, y, basándonos en estas variables, interpretamos y actuamos. No todos somos iguales, ni pensamos lo mismo frente a una misma situación.
Te preguntaría algunas cuestiones, y con la respuesta, comenzar a actuar: ¿qué lugar ocupa tu familia? ¿Es importante para ti, para tu futuro que tu familia lo acepte? ¿Hasta qué punto quieres compartir con ellos esta nueva vida? ¿Qué puede suponer que tu familia no lo acepte? ¿Seguirías adelante o darías un paso atrás? ¿Puedes encontrar aliados que te ayuden?
A veces, nuestras familias creen que por el hecho de ser gay vamos a comenzar a actuar de otra forma, se nos va a cambiar el carácter, etcétera.
Algunas ideas para estas situaciones:
  • Para mí, la primera y fundamental, tener paciencia y ser empático. No imponer lo que tú eres, como pudo ser el caso del ejemplo que os contaba. Si a ti te ha costado tiempo y esfuerzo asumirlo e integrarlo como algo tuyo, a tu familia le puede suceder lo mismo. No solo recuerda lo que tú has pasado, también ponte en su lugar, con su educación, sus valores, sus creencias.
  • Sigue actuando como tú eres, de manera normal, esto ayuda mucho, a ver que nos es una rareza, ni una enfermedad, que sigues siendo tú, ese hijo o ese sobrino al que siempre han querido.
  • También puede ayudar el hecho de conocer a otros familiares que hayan pasado por lo mismo. Para esto puedes ver si en las asociaciones LGTB de tu zona hay grupos de apoyo para estos casos; o buscar videos por YouTube, que los hay, donde puedan escuchar y ver experiencias parecidas.
  • Diálogo. Quizás os saquen el tema una y mil veces, porque su cabeza puede ser un mar de preguntas, contesta con todo el cariño del mundo. Quizás a los familiares del ejemplo anterior les hubiera gustado tener una conversación.
  • Si ves que la conversación puede llegar a discusión o pelea, posponla. A gritos es difícil dialogar y podemos decir cosas que no queremos o hagan daño.
  • Si apenas tienes relación con ellos, que hay casos, igual puede ser más perjudicial que beneficioso sacarles el tema.
  • Y sobre todo, no pierdas de vista que son tus padres o tu familia, los que te han cuidado, los que te han querido y cómo han luchado para que tú seas feliz, de la mejor manera que han sabido.
Fuente: cascaraamarga.com

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