martes, 11 de noviembre de 2014

¿Quieres vivir feliz? 8 caminos que has de evitar

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La felicidad, como todo concepto, es imposible de abarcar o definir para satisfacción de todos. Cada cual tiene su acepción propia, su idea íntima, la interpretación que más le acomoda. Quizá, durante siglos, haya sido la palabra fundamental que todos han perseguido, piedra angular en la que se fraguó todo comportamiento humano, figura de humo que tan pronto como la acariciamos con los dedos se nos escapa.
La finalidad de la ética, cuando nació en Grecia, era procurar un modo de vida que nos hiciera felices, con la contraprestación de asumir el deber de ser buen ciudadano. Pero pronto, otros filósofos se alzaron como voces discordantes cuando propusieron que, si la meta en la vida es la dicha, estamos presos del movimiento natural y pendular de la vida, y habremos de contemplar la desgracia como hermana gemela del estado de felicidad al que nos agarramos con uñas y dientes, imposible de sostener durante mucho tiempo. Los estoicos, los filósofos con más entereza de ánimo de cuantos hubieron, hablaron de la ataraxia, concepto con cierto regusto oriental: lo importante es tratar de alcanzar la serenidad, estado ecuánime situado en el medio y a la vez más allá del bien y del mal. Solo importa ejercitarse en el arte de mantenerse y habitar el centro de uno mismo, como dintel de un sólido portal, donde estaremos guarecidos de todo terremoto. Ni la euforia, tan tontamente asimilada como felicidad, ni la desgracia, sentimiento cercano a la impotencia, lograrán sacudirte.
Entonces, ¿qué puede ser la felicidad? Seguro que, aunque cada cual tenga su idea de lo que es ser feliz, todo coincidirán en lo básico: es un estado de ánimo, una vibración, en realidad algo que ya se nos presupone de por sí y que lo material solo nos puede recordar que ya tenemos. Si basamos nuestra dicha en un coche o en un ático, estamos dando fuerza a la desgracia que, claramente, implicará su pérdida. Luego, si eres feliz, lo serás por añadidura con lo material. En caso contrario, en cuanto te canses de tus juguetes, volverás a recordar cuán desgraciado eres. Por lo tanto, perseguir la felicidad, como la libertad, el amor o la paz es pretender escaparse de lo que uno verdaderamente puede hacer en el día a día para que sea ese estado sea el que nos alcance a nosotros: poco a poco, descubriéndonos y conociéndonos a nosotros mismos, nos daremos cuenta de que no hay nada fuera que no esté ya dentro. Si en el mundo hay guerra y despropósito, es que dentro de uno también lo hay. Termina con tu batalla interior y ayudarás que en el mundo haya menos guerra.
Por lo tanto, si no es posible alcanzar ningún estado, ¿cómo sintonizar con él? A esta pregunta nuevamente cada cual habrá de responder para sí aquello que le acomode: ningún libro, maestro ni escuela serán sinceros si tratan de darte las coordenadas para tu GPS. Propondremos 8 caminos que no convienen transcurrir si es esto lo que deseas: la felicidad siendo quien eres y teniendo lo que tienes.
  • hombre-felizNo deposites esperanzas en el pasado ni en la estúpida creencia de que solo allí pudiste ser feliz: estás desperdiciando increíbles oportunidades del presente, lugar que habitarás durante el resto de tu vida, para comenzar de nuevo, para ser feliz.
  • No te aferres, no intentes detener el paso del tiempo ni finjas que algo no terminó cuando de hecho ya sucedió. Nada dura para siempre, ni lo bueno ni tampoco lo malo: si fundamentas tu felicidad en algo material, sea una empresa, tu pareja, los hijos, un coche,… estarás dando fuerza a que, una vez no estén a tu cargo, seas un completo desgraciado.
  • No te refugies en la cabeza planeando y maquinando continuamente qué es lo que te hace feliz: estás dejando de lado el terreno de los afectos, del gozo de vivir, de sentir. Todos aquellos que estuvieron al borde de la muerte y regresaron coinciden en lo mismo: aquello que recordaron mientras se iban es lo mismo que aquello que cuidan cuando regresan: mosaicos hechos de pequeños momentos que se compartían con los seres más queridos y que ahora vuelven a cotizar. Jamás nadie recordó la última nómina ni la última letra de la hipoteca.
  • No postergues ninguna decisión, no temas vivirte como un principiante, no desprecies el don que te fue dado. Si te traicionas a ti mismo, traicionarás las posibilidades que te fueron confiadas para ser feliz. Basta con muy poco. En realidad casi con nada. Como dicen los taoístas: quien mucho acumula, sufrirá grandes pérdidas.
  • No desoigas tu intuición y trata de satisfacer tus deseos en la medida que puedas, o no los aumentes si sabes que no los has de poder colmar. Sentirse desgraciado es sentirse insatisfecho, puede que seamos responsables de ello si nos proponemos metas imposibles que, sospechosamente, se parecen demasiado a las del vecino y no a las genuinamente nuestras.
  • Si permaneces siempre activo, si te dejas llevar por la vorágine de los acontecimientos, cabalgarás todo el tiempo encima de un tigre loco que parará cuando él quiera, sin tu poder decidir el momento. Cultiva el arte de estar en ti mismo, de sentir el cuerpo, sea a través de la meditación o del deporte.
  • Si cierras toda posibilidad a que lo nuevo llegue, incluso si petrificas tu concepto de la felicidad y no lo dejas fluir, estarás condenado al dolor. Los conceptos cambian con nosotros, con nuestras vivencias y nuestras experiencias. Si no puedes, al menos finge aceptar el cambio. Por la imitación, decían en la Edad Media, también se llega a la santidad. Imita tu mejor yo, y personaje y actor devendrán uno.
  • Partiendo de la base de querer tener éxito en todo lo que se emprenda, incluido el deseo de ser feliz, nuevamente estaremos vertiendo energía al aspecto opuesto: el fracaso, que será la sombra que nos acechará. Todos buscamos lo mismo: el verdadero logro es reconocer en el otro nuestra oportunidad de ser ya felices, de reencontrar ese estado de ánimo, y de vibrar tan alto como podamos con él.
No se trata de tener, sino de ser mientras se tiene.
No se trata de alcanzar, si no de darse cuenta de que ya se ha logrado.
No se trata de ganar, si no de darse cuenta de que no se compite.
Algún día lograrás aquello que siempre deseaste, estoy seguro, y te darás cuenta de que, mientras lo esperabas, vivías en la excusa de no sentirte feliz cuando en realidad ya podías vivirte como tal: el momento es ahora.
Fuente: cascaraamarga.com

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