viernes, 3 de octubre de 2014

Objetivo lubricación: guía para mojarse en el sexo

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Una buena lubricación es la base de un sexo placentero. Los expertos dan pautas para obtener un buen sistema de riego, sin recurrir tan a menudo a los lubricantes.

 La humanidad debería levantar un monumento a los lubricantes, la vaselina, la mantequilla –¿recuerdan la escena de El último tango en París?– y el aceite de oliva (nuestras abuelas lo utilizaban) como alcahuetes, elementos que han posibilitado las relaciones sexuales durante siglos. Sin su presencia el sexo, especialmente el anal, hubiera sido mucho menos frecuente, más doloroso y, en más de una ocasión, como ocurre en las películas de ciencia ficción, habría que haber abortado la operación, tras comunicárselo a Houston, porque las condiciones para que el cohete espacial entrara en la ruta estelar distaban mucho de ser las óptimas.

Los lubricantes han pasado a ser complementos imprescindibles en la mesita de noche, al igual que los preservativos, y no solo para las mujeres maduras, sino para todas las edades, gracias a la industria del juguete erótico que añadiéndole sabores, olores y propiedades afrodisíacas los ha convertido en gadgets sexuales divertidos. Antiguamente nuestras madres escondían el tarro de vaselina lo mejor posible ya que recurrir a ella significaba que la maquinaria se iba resintiendo con el paso de los años. Algo de razón no les faltaba porque, independientemente de que las proezas que queramos llevar a cabo, especialmente si contamos con poco tiempo, requieran de algo de ayuda extra, el hecho de tener que utilizar habitualmente lubricantes para mantener relaciones sexuales es signo de no estar en nuestro mejor momento. Es más, la sequedad vaginal y la incapacidad para humedecerse cuando la situación lo requiere se califica en sexología como trastorno excitatorio femenino, el equivalente a la disfunción eréctil en el hombre, lo que comúnmente se conoce como gatillazo. La versión femenina consiste en estar más seca que una mojama y conlleva la disfunción eréctil clitoriana, el clítoris no sale afuera, con lo que se siente menos. Por una vez en la vida, las consecuencias de esto son mucho menos traumáticas para las mujeres, gracias a los lubricantes, pero lo ideal sería que nosotras mismas pudiéramos producir la suficiente humedad para crear el ecosistema perfecto para la ocasión.

Las causas de que la lubricación natural no ocurra pueden ser muy variadas. Hay que descartar las propias de la edad; las orgánicas, producidas por una determinada patología, o las farmacológicas. Todos sabemos que determinados tratamientos han sido tocados con la vocación de la castidad y ven al sexo como al mismísimo demonio al que hay que combatir a toda costa, cuando, seguramente, un poco de actividad sexual ayudaría a la mejoría del paciente. Me refiero a los antidepresivos, ansiolíticos, o algunos anticonceptivos de baja dosis, que pueden disminuir la producción de estrógenos, entre otros. Descartados estos supuestos, entramos de lleno en el misterioso mundo de la psicología, que nos puede proporcionar mil y una razones por la que no lubricamos como deberíamos. La más común de todas se refiere al famoso dicho de “no hay mujeres frígidas sino hombres inexpertos”, perfecto para pasar la pelota al campo contrario pero nada eficaz a la hora de solucionar el problema, porque la verdad es que las dos especies abundan en la naturaleza.

Un buen prólogo debe ir antes que la introducción, pero además es posible que el estrés nos esté jugando una mala pasada, nos impida desconectar y ponernos en modo disfrute. Aunque otra razón por la que persiste la sequía puede que sea que la persona con la que estamos no nos convenza del todo, aunque nuestra cabeza así lo crea. Una buena forma de saber si alguien te gusta de verdad no es ver si te produce mariposas en el estómago, sino ir un poco más abajo, anatómicamente, y comprobar si realmente pone en funcionamiento el sistema de riego. La mente, como los budistas y meditadores zen saben, es traviesa y disfruta jugándonos malas pasadas. Recuerdo una amiga que tenía un novio al que adoraba pero que no le excitaba en absoluto. Inmediatamente pensó que tenía falta de deseo y recurrió a un sexólogo que le recomendó, entre otras cosas, leer libros eróticos –la pornografía, por aquel entonces, aún estaba mal vista–. Pero lo que curó a mi amiga fue un viaje en el que un compañero de hotel le demostró que su deseo estaba en perfectas condiciones, aunque no el objeto del mismo.

En sexología se habla de dos tipos de excitación: la genital y la subjetiva y lo complicado del asunto es que no siempre van juntas. Según Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, “los estudios de Meredith Chievers pusieron de manifiesto esto y desterraron muchos tópicos sobre la forma en que las mujeres se excitan sexualmente y sus preferencias. Esta psicóloga norteamericana realizó experimentos en los que enseñaba diversas imágenes, eróticas y no eróticas, a hombres y mujeres con diversas orientaciones sexuales, y donde se medían sus respuestas fisiológicas –en los hombres se utilizaba la pletismografía peneana, para ver el aumento del diámetro del pene, y en la mujer la fotopletismografía vaginal, que mide el nivel de vasocongestión en el epitelio vaginal– al mismo tiempo que se les hacía un test para saber si se habían sentido excitados o no. Los resultados en las mujeres eran bastante confusos y a menudo no parecían pertenecer a la misma persona porque no había una concordancia entre lo que decían y lo que marcaba el medidor. Por ejemplo, muchas confesaban no excitarse con imágenes de lesbianas haciendo el amor, pero el aparato indicaba que sí. Y al contrario, otras reconocían en el test sentirse predispuestas al sexo, pero sus medidores genitales no confirmaban esta sensación”.

Mientras la ciencia encuentra un puente para unir el mundo genital y mental en la especie humana, y da así con la gallina de los huevos de oro, existen practicas para mantener la maquinaria a tono y estimular la lubricación natural. Los ejercicios de Kegel y las bolas chinas son las más recomendables. De hecho, éstas últimas, según la leyenda, fueron diseñadas por un emperador japonés con muchas ganas de sexo y poco tiempo o espíritu para centrarse en los preliminares. Las bolas hacían el trabajo por él, e introducidas en las vaginas de sus concubinas las preparaban para tener relaciones. Según Molero, “ambas prácticas son complementarias. Los ejercicios de Kegel, al tener que movilizar los músculos, ayudan a coger una mayor conciencia genital pero las bolas chinas, al moverse entre las paredes de la vagina, ayudan a sensibilizarla. Lo ideal es combinar ambos”.

Últimamente existen lo que se llaman hidratantes vaginales y vulvares, como los de Isdin, que nada tienen que ver con los lubricantes. “No tienen hormonas y los vaginales hidratan las paredes y retienen la humedad en la vagina; mientras que los segundos, de uso externo, son muy recomendables cuando hay sequedad, incomodidad o picor, que puede estar producidos por depilaciones, rozaduras de ropa, geles o detergentes”, comenta esta sexóloga. Beber mucha agua y evitar las dietas demasiado estrictas, ya que las muy bajas en grasas carecen de colesterol, un ingrediente esencial para la producción de estrógenos, sustancias implicadas en el proceso de lubricación, son buenas prácticas para ayudar a este proceso.

No hace mucho que se habla de Foria, el primer pre lubricante hecho a base de cannabis y diseñado para mejorar el placer femenino. Se rocían unas gotas, una hora antes de tener relaciones, y las que lo han probado aseguran que sus orgasmos son más intensos, algunos de hasta 15 minutos, además de amplificar la experiencia sexual. El producto ha sido desarrollado por Mathew Gerson, del Aphrodite Group, un colectivo formado por pacientes con tratamientos a base de marihuana con fines medicinales y especialistas. Aún no ha salido al mercado y de momento solo está disponible para los californianos que tengan una receta que les de acceso al cannabis medicinal, aunque se espera que pronto pueda comprarse en Colorado y Washington, donde la planta ya es legal.
Fuente: El pais


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