lunes, 6 de octubre de 2014

Endogamia: “La ex de mi novia es la novia de mi ex”

Endogamia lesbiana 

Marta y Silvia son amigas. Antes de ser amigas eran novias. Actualmente la ex novia de Silvia es novia de Marta. Y la ex de la ex de la nueva novia de Marta, a la vez ex de Silvia, es el actual ligue de Silvia. ¿Complicado? Pues como la vida misma. Y como las lesbianas también.

De nosotras, las lesbianas, se dicen muchas cosas. Algunas de éstas las decimos nosotras mismas, como que somos endogámicas. La Real Academia de la Lengua define “endogamia” como la “práctica de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de una pequeña localidad o comarca”. Adaptando este concepto a la realidad lésbica, podríamos decir que es frecuente que en un grupo de amigas, o en una pequeña comunidad lésbica, nos liemos unas con otras. Creando o fuertes lazos, o potentes rencores.
“Las mujeres somos más sociables que los hombres”, sostiene Rocío Carballo, psicóloga. “Nos juntamos, y solemos hacernos amigas de las novia, y las ex de las novias de tus amigas, y cuando hay rupturas, las ex de tus amigas se mantienen. Y, a veces, los compontes de atracción no se pueden evitar, por lo que no creo que seamos más retorcidas; es algo inevitable, las mujeres tendemos a hacer vínculos más estrechos y a rozarnos más, a disociar menos el sexo de las relaciones personales”.

A juicio de la profesional, y alimentado con historias personales, el hecho de que seamos todas mujeres hace que las relaciones sean más cercanas. Y el hecho de que seamos lesbianas implica que entre tanta cercanía los lazos pueden mutar de la amistad a la atracción. Quizás dar un salto al amor. Volver luego a la amistad, pasar por el resentimiento, quizás dar un brinco a la pasión, retomar el amor o encaminarse a las sendas de la rabia y la ira. ¿Quién sabe? En este caso puede ser lo que la pasión y las hormonas quieran.

Marta y Silvia (cuyos nombres han sido cambiados para salvaguardar la endogamia de sus vidas) son amigas y ex novias. Después de dos años de relación decidieron mantener los lazos que habían formado con las familias y amigos de ambas y, sobre todo, mantener el lazo de amistad que se había formado entre ellas.

“A la gente le resultaba raro que fuéramos amigas, porque decían que las ex no pueden ser amigas. Pero no es así. Sí se puede, tienes que aprender a separar y a ser más comprensiva si quieres tener en tu vida a alguien que es tan importante”, explica Silvia. Marta apoya el discurso de Silvia. “Sí, ser comprensiva es lo más importante, y a veces es muy difícil. Silvia y yo lo habíamos dejado hacía ocho meses cuando a mí me empezó a gustar su ex de antes de mí, que también era su amiga. Antes de hacer nada lo hablé con Silvia. Le dije: Mira, me pasa esto. Me atrae Fulanita y creo que le atraigo yo también, pero antes de hacer nada, de intentar algo, quiero que me digas libremente si te parece bien o te parece mal”, cuenta Marta.

Silvia valoró la consideración de Marta y dio su visto bueno. “Te mentiría si te dijera que es algo fácil. De un día para otro tus dos ex juntas. Cuesta y a mí me costó hacerme a la idea, pero porque a veces pensamos que las ex nos pertenecen. Y nadie nos pertenece. Y cuando entendí eso y decidí pensar un poco menos en mí y un poco más en la felicidad de ellas, todo cambió. Tenía que pensar que mi relación con las dos había terminado, ninguna de las dos era la mujer de mi vida, ¿por qué me lo iba a tomar mal?”

¿La ley de la selva?
Para Isabel no fue tan comprensible. “Si ya es jodido ver a tu ex novia con otra chica, es todavía más cuando esa chica es o era tu amiga”, sentencia. Isabel tiene 23 años y llegó a los 18 a vivir a Madrid desde el norte. Por internet conoció a Sara, su primera novia. Confirmando otro de los tópicos que se dice de las lesbianas (y que decimos nosotras mismas) se fueron a vivir juntas casi inmediatamente. En un piso de una sola habitación y numerosas plantas, se juraron amor eterno. La eternidad duró un año. Los problemas comenzaron cuando, a través de internet, conocieron a un grupo de chicas lesbianas con las que solían salir los fines de semana. “Sara y yo estábamos muy encerradas la una en la otra. Cuando empezamos a conocer más chicas nos dimos cuenta de que no habíamos casi vivido otras experiencias, sobre todo yo. Además, los grupos de mujeres se dan para estas cosas, el roce hace el cariño y cuando menos te lo esperas, ya te sientes atraída por alguna”, cuenta Isabel.

Isabel se lió con una chica del grupo, Blanca. Cuando Sara descubrió la infidelidad se lió con otra de ellas, Lorena. A su vez, Lorena y Blanca eran ex amantes. Después de la sucesión de diversos dramas lesbianos, Sara e Isabel retomaron su relación esperando que la eternidad y la fidelidad pudieran esta vez prolongarse por más tiempo.

“A los tres o cuatro meses, Sara se dejó el correo abierto y me di cuenta de que se había enrollado con Blanca, la chica con la que me había enrollado yo primero y que era de nuestro grupo, con las que siempre salíamos. Me cabree y las enfrenté a las dos juntas. Reconocieron todo y Sara y yo lo dejamos. Como Blanca era parte de ese grupo de hace más tiempo que yo, de pronto me quedé sin novia y sin amigas. Porque claro, no iba yo a salir con ese grupo si mi ex estaba saliendo con una de ellas. No quería arriesgarme a ver nada, porque un día de casualidad las vi saliendo de un bar, de la mano, y fue una mierda. Fue una época muy mala y muy chunga. Me sentía muy sola, completamente gilipollas, muy mal”.

Al cabo de un tiempo, Isabel conoció un nuevo grupo de amigas y mantuvo una relación breve con una de ellas. Que, por cierto, era la ex de la ex de Lorena. O, para hacerlo más enrevesado aún: la ex de la ex de su ex amante y novia de su ex.

Trini es bisexual y vive en Buenos Aires. Ha vivido en más de cinco países diferentes, se ha movido en diferentes comunidades lésbicas y piensa que la endogamia es casi inevitable entre chicas lesbianas. “La serie The L Word retrata muy bien la realidad. Alice se había liado con Beth y después lo hace con Dana. Helena forma parte del grupito de amigas pero se había liado con Tina y había sido una zorra con Beth. Después, todas tan contentas y amigas. Y, también, el mapa que tenía Shane demostraba cómo todas estaban conectadas por las ex. En el mundo hetero no pasa eso. Quizás es porque los hombres heterosexuales son muchos más que las lesbianas y hay mil sitios donde conocerlos. En cambio, en las ciudades hay un bar de chicas; siempre ves las mismas y siempre te muevas por ese lugar”.

En sus relaciones lésbicas, Trini no ha tenido problemas de endogamia, pero reconoce que puede deberse a que, por haber vivido en tantos lugares por pocos años, no ha llegado a entablar lazos fuertes que se prolonguen en el tiempo. “Aunque no me ha tocado eso de que mi novia sea la ex de mi amiga y ese tipo de problemas, sí lo he visto entre chicas que he conocido. Pienso que también se debe a que las lesbianas viven en el mundo donde se cumple la ley de la selva. De la más fuerte, que suele ser la más guapa o la que tiene más armas de seducción. A todas nos gustan las guapas, y esa tiene más posibilidades de ser el elemento endogámico dentro del grupo, porque puede ir rotando entre quienes la desean”.

A favor y en contra
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A Rosa no le gusta el ambiente. Muy pocas veces sale por el barrio de Chueca. Tiene novia desde hace seis años, planes de casarse y de tener hijos. “Las bolleras son irrespetuosas, van a saco, les da igual si tienes pareja o no. Una vez en un garito estaba con mi novia y vino una y le entró frente a mis ojos. De suerte no se llevó una hostia. Y esa falta de respeto la practican entre ellas. No todas son iguales, hay que decirlo, pero sí muchas. Si les mola la novia de una amiga o una conocida, van a tratar de hacer algo. Y si esa chica que les mola les hace caso, pues irán a saco”, postula Rosa.

María tiene dos grupos de amigas lesbianas, las de Barcelona, ciudad en la que nació, y las de Madrid, donde vive actualmente. Ha tenido noviazgos y rollos dentro de sus grupos de amigas. Plantea que muchas veces es inevitable y que, por lo mismo, hay que manejarlo con cuidado y tratando de no herir a nadie. “Es muy complicado. Porque en un grupo de chicas lesbianas somos todas mujeres a las que nos gustan las mujeres. Y claro, no por eso te gustan todas. Es muy posible que no te guste casi ninguna de tus amigas, pero al menos una te puede molar o atraer. O con la que puedes tener tensión sexual. Por lo que sea, porque te parece mona, porque es lista, por su personalidad. Todas las cosas que vas descubriendo con el tiempo. Y no es algo raro. En las pandillas mixtas de heterosexuales pasa lo mismo. Es algo de los grupos cerrados. Quizás llegas y no te mola nadie, pero con el tiempo vas descubriendo intereses comunes, afinidades, te vas liando con uno, luego lo dejas y quizás te lías con otro. No creo que las lesbianas seamos diferentes. Yo tengo amigas con las que nunca me liaría, que son sagradas e intocables, porque se me hace raro o porque no me atraen. Pero reconozco que tengo otras con las que sé que me podría liar, y muy bien. Mi novia fue, primero, mi amiga durante varios meses. Nos fuimos conociendo lentamente, nos fuimos gustando y nos enamoramos. Una relación construida sobre la base de una amistad me parece que se hace muy fuerte. Hay cosas que valen la pena y cosas que no, y hasta que no lo vives no te das cuenta”, concluye María.

Aprender a encajar a las ex
Rocío Carballo aconseja en los casos de relaciones amorosas y sexuales que se suceden en el interior de los grupos de lesbianas: claridad, respeto y valoración. “Tienes que tener claro quiénes serán tus amigas, tus pilares y quiénes no. Ponerte límites. Respetar a tus amigas y a tus parejas y a tus ex, pensando en no hacer lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Pero es cierto también que, a veces, surge el amor con la persona que no debería. Y es ahí donde tienes que valorar, poner en una balanza. Si se trata, por ejemplo, de la ex de tu amiga y a tu amiga le afecta esa situación, saber que tendrás que escoger. En estos casos muchas veces queremos tenerlo todo. Pero no es posible, hay que valorar lo que es más importante y qué estás dispuesto a dejar ir. O si se perderá una amistad por un rollete. O si se perderá un amor de verdad”, sostiene Rocío. Encajar que las ex novias podrán emparejarse con conocidas, amigas o gente de nuestro círculo puede ser doloroso o difícil según lo superada que esté o no esa relación. La psicóloga plantea que la mejor forma de llevar estas situaciones es, por un lado, evitar las relaciones muy dependientes y, por otro, vivir los duelos sin intentar huir de ellos.

“Es peligroso tender a evitar a los duelos. Es necesario pasar por las etapas que tiene: primero la negación, después la rabia y el odio a ella y a todo lo que se le parezca. La tercera etapa es la tristeza, que debe vivirse de forma natural para que no se convierta ni en depresión ni en patología. Vivir la tristeza como algo que se debe pasar, no hay que evadirla. Puede durar días, meses, lo que sea según la persona. Y luego viene la aceptación, el ver lo que tienes delante y lo que viene. Confiar en el futuro, disfrutar del trabajo, un libro, el perro, los amigos. Huir de los duelos o acelerarlos emparejándonos otra vez nos dificultará superar las cosas, porque vives otro enamoramiento, liberas endorfinas y te sientes bien, pero has perdido algo en tu vida y tarde o temprano eso saldrá. Vivir bien un duelo nos ayuda a encajar a nuestras ex con naturalidad en nuestro futuro y, sobre todo, construir relaciones verdaderas, porque no se pueden construir relaciones profundas, amar de verdad, cuando tienes tantas historias en la cabeza”, recomienda la profesional.
Fuente: Mirales.com


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