miércoles, 15 de octubre de 2014

¡Bórrala de Facebook!

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Es una verdad mundialmente reconocida que uno de los mayores agravios de la actualidad es quitar a alguien de Facebook. Y ya bloquearla es ensañarse, lo que antiguamente equivalía a clavar una estaca en el corazón.
Internet y las redes sociales son avances maravillosos para todos, y en especial para nosotras las bolleras cibernautas. Sí. Casi todas hemos encontrado una aventurilla sexual o amorosa en la red. Pero la tecnología es un arma de doble filo, y así como es fácil establecer lazos, es complicadísimo zafarse de ellos.
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Como recordarán las lectoras más fieles, hace ya varios meses que Ana me dejó, cargándose mi corazón y buena parte de mi ego, no acostumbrado a estos embates. Quité una foto de ella que tenía en mi habitación y guardé en un cajón las chorraditas decorativas que me había reglado. La quité de todo menos de Facebook.

Me tomó tiempo recuperarme de esta ruptura, y me costó aún más descubrir, analizar y procesar que mis hábitos #tecnobsesivos lo complicaron bastante más:
1)      Ver todos los días su perfil.
2)      Estar al tanto de cada nueva “amiga” que hacía y dedicar varias horas del día a la concienzuda reflexión de cómo, cuándo, dónde y por qué hacía esa nueva amistad.
3)      Seguimiento exhaustivo de intercambio de “me gusta”, dados y recibidos por ella.
4)      Analizar las letras de las canciones que subía y las que escuchaba por Spotify.
5)      Lijarme –que no cortarme- las venas con todas las fotos en las que era etiquetada. Ver quienes la acompañaban e interpretar en sus caras de felicidad su total indiferencia hacia mi persona.
6)      Bajarme las inútiles aplicaciones de “descubre quien visita tu perfil”, para averiguar si ambas estábamos unidad por el magnánimo sentimiento de obsesión.

Según un estudio de la Brunel University de Londres realizado a 464 estudiantes, el 54% tenía a su ex en Facebook, el 25 lo había borrado y el 12 había sido borrado por su ex. El resultado indicaba que quienes visitaban más a menudo el perfil de su ex experimentaban mayores sensaciones de odio, rabia, confusión y decepción. Y así menos posibilidades de recuperarse de la ruptura.

Otro realizado por la Universidad de Stanford sostiene que Facebook entristece por efecto comparativo. Que sobreestimamos la alegría y la felicidad de los demás (esto es que ves a tu ex con una amiga sonriendo y ya piensas que se van a casar) y subestimamos la tristeza del resto (esto es que si ella pone que está triste tú piensas: ‘sí claro, putón’).

Sumamos tecnología y sumamos #tecnolesbiandrama. Si ya Neruda escribía hace décadas “es tan corto el amor y tan largo el olvido”, qué pensaría ahora con Facebook y el enemigo número de las obsesiones: Whatsapp.

El orgullo me alcanzaba para no enviar mensajes a Ana cuando lo dejamos. Pero no me llegaba para espiar cuándo estaba en línea. La última hora de conexión da mucho material para paranoias. A partir de una miserable información como a qué hora alguien miró una aplicación por última vez, se puede atribuir romances, juergas, infidelidades, indiferencia, interés, etcétera.

Que sí, que sí. Que la tecnología no ayuda a olvidar ni a pasar página. Incluso aunque quites a tu ex de Facebook tendréis amigos en común (esa manía bollera que tenemos de hacernos muy amigas de sus amigas y vicerversa) y quieras o no te la encontrarás vagando en otros muros.

La tecnología nos ha dejado indefensas. El consejo de una ex psicópata virtual: Bórrala de Facebook, de Watsapp y de cualquier nueva red social o aplicación que pueda acrecentar tus obsesiones. ¡Suerte!
Fuente: MiraLes.com


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