martes, 7 de octubre de 2014

5 lugares lesbofóbicos de la Ciudad de México

 

A pesar de que la Ciudad de México se proclama como una ciudad “Gay Friendly” (lo cual, como sabemos, implica una concepción capitalista, clasista y androcéntrica de lo gay como masculino, fashion y por supuesto, con suficiente dinero para gastar en la ciudad y para que entonces valga la pena tratarlos bien), varias de las lesbianas de esta ciudad hemos vivido lesbofobia, es decir, violencia simbólica, verbal o física por ser mujeres y por ser lesbianas. Por eso, te invitamos a conocer el verdadero turismo en esta ciudad, el que no se menciona en los medios ni desde el gobierno, por la ruta de los lugares más lesbofóbicos de esta ciudad, según mi experiencia.

(Sabemos que, desafortunadamente esta lista no agota los lugares lesbofóbicos, porque la lesbofobia es estructural y no una actitud particular de individuos, instituciones o lugares, sino de toda la sociedad. Por eso, te invitamos a agregar a esta ruta los lugares donde has vivido lesbofobia y compártenos tu experiencia en los comentarios).

1. Cineteca Nacional.

cine 

Enclavada en la zona céntrica de Coyoacán, que se posiciona como el barrio bohemio y cultural de la Ciudad de México y donde además, hay gran afluencia de lesbianas que visitan y pasan tiempo en esta zona. La Cineteca Nacional ha sido durante años punto de reunión de intelectuales, estudiantes y más recientemente, jipsters de esta ciudad, que se reúnen a disfrutar de las funciones de cine no comercial, películas internacionales y producciones independientes. Centro de convivencia, cultura y crítica, supuestamente, pero la misoginia y lesbofobia parece no cuestionarse en este recinto. Mujeres, feministas y lesbianas hemos colaborado en la construcción de la cineteca como un lugar supuestamente abierto y plural. Parece que hasta ahí todo va bien, mientras vayamos, participemos y consumamos, pero si nos demostramos afecto, ahí tienen algo que reprendernos: “No pueden estar haciendo eso”, nos decía un policía mientras interrumpía nuestros besos. “Yo veo parejas besándose en todos lados”. Sí, pero así no, en esa posición no, hay que respetar”.
 Ante la imposibilidad del policía lesbofóbico de explicarnos por qué estábamos afectando a las demás personas presentes, se alejó indignado, no sin dejar de llamar a sus compañeros para compartir su rabieta. A partir de ahí, decidimos hacer un Flashmob contra la lesbofobia, asistiendo varias parejas de mujeres a besarnos y disfrutar de los pastos de la cineteca, como otras parejas heterosexuales lo hacían. 

Curiosamente, ante el acto de protesta sobrevino más represión, esta vez el policía me tocó el hombro de manera invasiva “Por favor, no pueden hacer eso”. Esta vez levantó la rabia de más de una decena de lesbianas, feminsitas y activistas que nos habíamos ahí reunido. Entre la discusión y la plática posterior, nos enteramos de que no somos ni las primeras ni las únicas que han vivido lesbofobia en ese lugar, sino que, como desgraciadamente sucede, este tipo de violencia misógina y heterosexista es bastante común en la Cineteca. ¿Seguimos engrosando cultral y económicamente a una institución que nos violenta? Para reflexionar.

2. Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (TAPO)

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El ya legendario “Besatón contra la lesbofobia” fue organizado como respuesta a un despliegue lesbofóbico de la policía del DF, policía privada y policía federal en la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (TAPO). Selene Romero y Saraí Soto se besaban en dicho lugar cuando 12 policías les pidieron que se retiraran. El evento daría paso además al surgimiento a la banda de acción política y reflexión política: Lesboterroristas. Ser lesbiana en esta ciudad causa terror a una sociedad profundamente misógina y heteronormada.

3. Ciudad Universitaria

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La cuna del conocimiento, de la cultura, de la crítica… y de la lesbofobia. Aunque la gente se sorprenda que en la universidad, donde se concentra población joven y donde se supone que la educación transformadora genera una reflexión social, pues no podemos olvidar que todo el sistema es heteropatriarcal y por ello, la eduación universitaria lo es en lo general y no se fomenta ninguna reflexión crítica feminista desde ésta. Además de múltiples agresiones físicas que yo, y otras compañeras universitarias nos contaban, tengo varias acciones lesbofóbicas que quisiera relatar. 

Dos agresiones físicas, en el campus central de Ciudad Universitaria, hace algunos años, por parte de, probablemente, estudiantes. Una de ellas fue un ataque con globos llenos de agua -habrá de ver lo preparada que luego está la gente lesbofóbica por si se encuentra a unas lesbianas, anónimos, desde la parte alta de la facultad de arquitectura, mientras una chica y yo platicábamos, nos besábamos y abrazábamos aprovechando un espacio entre clases. Imposible fue saber quién había perpretrado la agresión, pues cuando alzamos la mirada parecía no haber nadie.

En el mismo esquema, en las áreas verdes que se encuentran entre el CELE y la facultad de química, esta vez un ataque aéreo con hielo picado. Quizá percibían que había cierto calor que apagar con su lesbofobia y misoginia. No supimos quién fue, ni como actuar. Pero el mensaje empezaba a quedar claro cuando el personal de “Auxilio UNAM”, un cuerpo, supuestamente para ayudar y proteger a la comounidad universitaria pero que, como la población universitaria bien sabe, funciona más con un esquema policial de vigilancia (incluso el cambio de nombre). Los tipos pertenecientes a este cuerpo en varias ocasiones me molestaron a mí y a mi acompañante para reclamar, nuevamente y con la poca originalidad de las frases lesbofóbicas- que no podíamos “hacer eso”. La Universidad sigue siendo parte de esta sociedad heteropatriarcal y a menos que se hagan demandas firmes y repetidas para que esta violencia estructural cese, al menos desde la institución y la “autoridad”, y deje de ser resforzada y legitimada por la misma.

4. El Sistema de Transporte Colectivo Red del Metro

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Todas las que usamos frecuentemente este medio de transporte sabemos que el acoaso misógino es parte cotidiana de la vivencia de las mujeres en éste. Además de que quienes nos rehusamos a aceptar es violencia como normal vivimos de nuevo el cuestionamiento y condena del resto de las personas que consideran que deberíamos aguantarla, hay que hablar del acoso lesbofóbico en específico. Desde las miradas insistentes y reprobatorias, las muecas, las frases hostiles hasta la agresión física, son constantes a las que las lesbianas que vivimos y transitamos por esta ciudad nos enfrentamos diariamente. Como la vez que una cristiana detuvo nuestro andar, tocándome invasivamente el hombro y con rostro amenazante y sonrisa hipócrita me dijo: Dios te ama.

O cuando un hombre después de darle el asiento a un hombre mayor que él que iba con un niño, aprovechó un movimiento del metro para empujar a una compañera lesbiana que iba sentada, el metro estaba vacío y no había posibilidad de falla, parecer lesbiana causa odio y mucho, en esta ciudad.

5. La Zona Rosa

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Claro, el lugar “gay friendly” ¿verdad? Pues es muy acertado. Porque, así, en inglés, ese sitio es sólo amigable para, quizá, hombres gay, con cierta clase social y en ciertos contextos. Porque para las lesbianas es muy diferente. Policías que amenazan desde la ventanilla de un auto con llevarlo al MP porque “una señora se quejó de que están aquí”. Al preguntarle cuál era el motivo, el policía respondía que “faltas a la moral”, término que al igual que “exhibicionismo” no existen en la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México, por lo que no están previstos como falta administrativa desde 2006, pero que parece ser la forma como policías en aquella zona, chantajean por motivos de extorsión económica.
Fuente: La critica


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