jueves, 25 de septiembre de 2014

Lesbianas lesbófobas

Lesbofobia 
“Lesbofobia” es un término originado aproximadamente en la década de los setenta, cuando comenzaron a tener mayor cabida en la sociedad las relaciones homosexuales. Significa, como podemos imaginarnos, el rechazo y odio a las prácticas lésbicas por considerarse prácticas denigrantes.


Pues sí. Y, aunque queramos taparnos los ojos, también hay muchas lesbianas que, queriendo negar su condición, discriminan a otras lesbianas y practican lo que comúnmente se conoce como “lesbofobia”.

De hecho es algo bastante frecuente. Os contaré un hecho que me sucedió que viene a colación.
Conocí a, llamémosla Ana, una tarde de junio. Yo estaba con unas amigas tomando algo en la cafetería de siempre y llegó ella con su grupo. Se sentaron en la mesa contigua y pronto entablamos conversación. Ana comentaba que Miguel Ángel Silvestre le parecía un cañón y que quería un novio como él, dejando claro así que era heterosexual. Sus amigas eran más de Mario Casas. Yo me quedaba con Blanca Suárez, todo estaba en su sitio. Las cartas sobre la mesa y las condiciones de cada quién bien puestas.  No sé cómo sucedió pero a los quince minutos nos encontramos en el baño, yo salía y ella entraba.

—Así que te van las tías, ¿no?— preguntó con algo de retintín.
—Pues sí.
—Yo es que no aguanto a las bolleras, me dan asco.
—…
—Me parecéis unas viciosas todas, morbo puro y duro, vamos, un asco total, depravadas.
Cuando ya me estaba yendo porque no pensaba entrar en aquella provocación me cogió del brazo y me plantó un beso en la boca, así, por la cara, después me dijo “ni una palabra de esto a nadie”. Y se fue por donde había venido.

lesbofobia 3 

Al poco tiempo de ese suceso me enteré de que Ana y su grupo de amigas se declaraban abiertamente “anti homosexuales” y se dedicaban a insultar, marginar y hacer la vida imposible en el instituto a toda persona que lo fuese. En muchas de sus insignes charlas amistosas hablaban acerca de la homosexualidad como una enfermedad, como algo oscuro, etcétera. Lo mejor de todo es que ahora Ana mantiene una relación con una chica, hace tres meses que está con ella, a espaldas de sus amigas y está intentando aceptar lo que es y quitarse esa idea de que ser lesbiana es algo denigrante, perverso y antinatural. Me pidió perdón por nuestro encontronazo en el baño. Le dije que mejor se perdonase ella, sería más feliz. Yo al menos me siento orgullosa de sentir lo que siento.

lesbofobia 

Pues bien, este es sólo un ejemplo como otro cualquiera de una lesbiana lesbófoba. Podría hablar largo y tendido sobre esto pues pese a los tiempos que corren todavía existen barreras y personas que se niegan a asimilar que son como son, sienten como sienten y que no existe ningún tipo de maldad en sus actos. Más bien la hay, y es delito, en la lesbofobia.

¿Pero qué sentido tiene ir en contra de uno mismo? La psicóloga Rocío Carballo lo explica así:
No sólo ante la orientación sexual o el color de piel. Ante cualquier cualidad humana, una persona puede generar un rechazo, una fobia.

¿Incluso aunque esa cualidad sea parte de ella? Absolutamente. Y esto se debe a que este rechazo no nace del individuo, nace en la sociedad. De una necesidad social de conservación. Cualquier cambio en un grupo social supone una amenaza del equilibrio establecido, una pérdida de control y de poder. De ese miedo irracional a lo ajeno y a lo desconocido nace el rechazo, ya sea a una cultura, a una orientación, a una idea nueva, etcétera. Este rechazo se inyecta de la sociedad a los individuos a través de la represión y la instrucción.

El problema es que nuestros deseos y necesidades son mucho más innatos y menos moldeables que nuestras creencias, y no son tan vulnerables a los referentes y a la sociedad.
Pero, ¿cómo puede una lesbiana ser abiertamente antihomosexual?

No se puede vivir en disonancia cognitiva; para nuestro cerebro es necesario que haya una equivalencia entre deseos, actos y creencias. Así que cuando lo que hemos aprendido que no está bien o lo que es peligroso choca con lo que deseamos sólo se pueden tomar dos caminos: cambiar nuestras creencias o bloquear nuestros deseos.

La única forma de lograr esto último es, no sólo negar el deseo, sino actuar activamente en contra de él. Es por ello por lo que muchos homosexuales que no aceptan su condición se vuelven activistas antihomosexuales. Este camino suele ser inconsciente, no se trata de una decisión voluntaria, sino de una defensa involuntaria. No van tanto en contra de los demás, que también, sino de sí mismos. Tratan de anular el deseo echando leña al rechazo para que este sea más poderoso que la atracción, y así romper la disonancia de su cerebro y encontrar la tranquilidad.

Este último camino anestesia a corto plazo pero suele ser un fracaso a largo plazo, produciendo mucho sufrimiento y frustración con la consiguiente pérdida de autoestima en el que lo haya emprendido.

Y es que el deseo es tan básico como el hambre o la necesidad de apego. No se puede suprimir.
Fuente: Mirales.com


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