jueves, 18 de septiembre de 2014

El Festival del pene en Japón

 

El festival del pene en Japón  se celebra todos los años en Kawasaki desde 1600.   
Cuando creíamos que los japoneses no podrían sorprendernos más, descubrimos -gracias al Huffington Post- un festival muy peculiar celebrado en Kawasaki cada primavera, según publican en la página web redaccion.lamula.pe

El Kanamara Matsuri -también conocido como el Festival del falo de acero- tiene una historia que data de siglos atrás. Esta es una tradición que busca celebrar la fertilidad, matrimonios largos y partos saludables. Además, les sirve a los japoneses para crear conciencia sobre enfermedades de transmisión sexual -sobre todo del VIH, ya que todos los fondos recaudados son utilizados para la investigación de esta enfermedad-.

 
Las celebraciones comienzan la noche anterior con un festín para todos de tartas de arroz en forma de yin y yang a la parrilla, los cuales representan a la energía masculina y femenina respectivamente. Al día siguiente se enciende una gran hoguera y se da inicio, oficialmente, al festival.

 
El evento principal en el Kanamara Matsuri es el desfile de la tarde, en el cual participan tres grandes altares con ídolos erectos realizados por fieles vestidos con kimonos de mujer color rosa -sí, no importa si son hombres o mujeres-.

 
Durante todo el festival se venden todo tipo de objetos en forma de pene: sombreros, marionetas, disfraces, chupetes o paletas y esculturas de penes de todos los tamaños y formas hechos de hierro, madera y plástico.

 
Historia
Según cuenta la historia, esta tradición nace en 1600 durante el periodo Edo de Japón. En esta época, las prostitutas locales se congregaban en Kamanara -un santuario sintoísta en Kawasaki donde se realiza hasta hoy el festival- para rezar por la protección contra las enfermedades de transmisión sexual.

 
Sin embargo, existe un mito al respecto. Se dice que existía una mujer maldecida con una "vagina dentada" -algunos creen que hacían referencia a la sífilis- que castraba a los jóvenes en la noche de bodas. Para evitar castrar a su próximo pretendiente, la mujer fue a ver a un herrero en el santuario Kanamara que le forjó un consolador de hierro a fin de romper los dientes de su demonio interior. 
Fuente: nosGustas.com


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