martes, 9 de septiembre de 2014

7 leyes mágicas olvidadas

Si bien la autora de la obra El Secreto nos propone tratar al Universo como un siervo que acude solícito al timbre de nuestra voz para obtener de él todo lo que deseemos, en realidad somos nosotros mismos quienes nos tenemos que dar poder y autoridad para poder comenzar a realizar lo que nos propongamos.

universoMientras ordenaba una pila de libros, algunos amarilleados por el tiempo, otros con el lomo doblado y algunos intactos, de los que sólo se compran para que acompañen a los demás, me encontré con un libro que hacía tiempo leí, uno de los clásicos de la filosofía o pensamiento antiguo, luego revestido de texto new age, que recuerdo en un principio no entender demasiado bien pero con el paso del tiempo aprehendí todo lo que en él leí.

La obra en cuestión se llama El Kybalion, y se le atribuye a la mítica e imposible figura de Hermes Trimegisto, una especie de Pitágoras hipertrofiado que seguramente jamás existió. En él se nos dan a conocer, según el pensamiento gnóstico, las siete leyes que rigen la vida para entendernos mejor también a nosotros y lo que nos sucede. Tiempo después alguien editó una serie de vídeos, con abuso hasta el empacho de croma, y después hilvanó ese DVD en forma de texto para convertirlo en un long-seller.

Mezcla de citas, reflexiones y aforismos, ese batiburillo acabó titulándose El Secreto. Pero nada hay que no hay sido dicho ya antes, aunque de vez en cuando convenga actualizarlo, eso es lo que me encontré en el antiguo Kybalion.

Si bien la autora de El Secreto nos propone tratar al Universo como un siervo que acude solícito al timbre de nuestra voz para obtener de él todo lo que deseemos, en realidad somos nosotros mismos quienes nos tenemos que dar poder y autoridad para poder comenzar a realizar lo que nos propongamos. Es decir, no se trata de alzar la vista al cielo y desgañitarse de manera de infantil sintiendo que recibimos lo que pedimos, sino acercar la barbilla a nuestro pecho y quedamente pedírnoslo a nosotros mismos.

El texto original de El Kybalion, adulterado con el paso del tiempo en beneficio de editoriales sin escrúpulos, nos expone de manera clara cómo funciona el Universo, siempre desde una perspectiva un tanto mística, pero certera, al menos de manera bastante interesante. Parece que lo verdadero se expresara mejor a través de lo creativo y poético que de lo matemático. Hay un sinfín de libros que celebran que la ciencia actual, con su fastagórica realidad cuántica, describa la realidad de manera parecida a como lo hacían los antiguos hindúes. Uno de las obras clásicas que aúnan ciencia y misticismo es El Tao de física, de Capra, donde estas dos discipinas bailan con paso bastante acompasado.

Pero veamos qué 7 principios describe El Kybalion y de qué manera podríamos asimilarlos en nuestro día a día:

El Universo es mente: todo es un gigantesco pensamiento. Es como vivir en el sueño de alguien, siendo nosotros actores. Pero de ser así ¿dónde quedaría nuestra libertad? Actualizado a nuestro tiempo nos viene a decir que el mundo es en realidad lo que pensamos que es, para cambiarlo tan sólo hay que cambiar nuestra concepción del mismo. Cambia tu manera de ver y el paisaje será otro.

Todo se corresponde con todo: la diferencia es tan sólo cuestión de grado. «Lo que está arriba es como lo que está abajo», dice el texto. Comprendiendo que es un asunto de posición más que de cualidad, somos bastante responsables de, llevándolo al terreno más prosaico, tener políticos corruptos porque la base de la que salen, el pueblo, también contiene corrupción. Para mejorar lo de arriba, hay que trabajar lo de abajo, y viceversa. Todo está unido con todo, todo se corresponde con todo.

Todo vibra: es decir, todo está vivo. Desde la piedra en mitad del asfalto hasta el recién nacido, tan sólo es diferencia de frecuencia, los dos laten. Lo que podemos entender como que todo es potencialmente útil, nada es despreciable. Cualquier elemento puede convertirse en nuestro aliado, en nuestro objeto chamánico de poder. Cuidado con golpear, ensuciar o tratar con descuido nada. Un ladrillo deshechado en una obra puede ser el primero que comience una nueva.

Todo es doble: ying/yang, masculino y femenino, noche y día, razón y locura. Todo oscila de un extremo al otro porque la realidad es dual. Después de un periodo de calma vendrá la agitación. Nada permanece, sólo tu conciencia que lo atestigua. Sé consciente de ello.

Ritmo: hay un proceso temporal de gestación, nacimiento, maduración y muerte siempre y en cualquier aspecto de la vida. Querer acelerar nada es absurdo, inútil y frustrante. Aprender a ver y comprender los ciclos naturales: estaciones, ciclos personales, económicos etc...nos ayudará a entender que bien poco podemos hacer para acelerar las cosas. Lo que tenga que ser, será, y sucediendo de manera natural.

Causa y efecto: la intención producirá una acción, y ésta una reacción de acuerdo con la energía empleada. Como el cuento del lechero tramposo, que aguaba su mercancía para tener más que vender y que acabó siendo arroyado por un río cuando lo cruzaba con su mula, el conjunto total de nuestras pequeñas acciones comportorá un resultado de acuerdo a ellas. Del bien no puede salir nada malo, al menos nada que hiera. Del mal necesariamente siempre oscuridad que envolverá a quien lo propicie.

Principio de generación: Padre y Madre, intención seguida de acción. Es la única clave de la fecundidad. Unir opuestos y hacer que bailen juntos. Si tu propósito es cambiar, haciendo siempre lo mismo estás condenado al fracaso. Las acciones nuevas siempre son hijas de una idea y de su puesta es práctica. Muchas proyectos sin realizarse son deudores de un cuerpo perezoso. Mucha actividad sin un criterio que las lleve a buen puerto es dar contundentes palos de ciego.

El Kybalion, después de lavar su cara de polvo esotérico, desmenuzado y asimilado puede dar algunas respuestas un tanto reconfortantes, con la certeza inequívoca de que todo ya fue dicho, de que hay verdades que sobreviven al tiempo y que lo que fue útil hace dos mil años perfectamente puede serlo ahora.
Pero nunca te creas nada, ponlo en práctica por ti mismo y experiméntalo.
Luis Miguel Andrés es profesor de filosofía y consultor personal
Fuente: Cascaramarga

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