martes, 5 de agosto de 2014

S.O.S. Mi novia es lesbiana

mi novia es lesbiana 
Ya lo he dicho. “Soy bisexual”.

Lo digo rápido, de pasada, entrecerrando los ojos y como esperando un fogonazo de luz que anteceda una explosión nuclear o algo.
La verdad es que lo he dicho porque me tiene harta, con todas sus afirmaciones sobre tooodas las mujeres bisexuales que han experimentado con ella en el pasado; con las “coñas” sobre las tías que a veces se lían con tíos en el Escape; con la “pureza de sangre lésbica” de la que se jacta en las conversaciones de nuestras amigas; con los comentarios sobre la compañera de oficina que “ha dejado de ser lesbiana pero es porque no se decide”.
Lo he soltado y punto.
Bueno, y punto no. Ahora me vendrá con el rollo de que si miro más a los unos que  las otras por la calle. Me vendrá con el rollo de averiguar con cuántos tíos y tías me he acostado para tratar de encontrar con qué porcentaje me identifico más. Todo para salvarme de la causa bi y poder demostrarme mi auténtico pedigree lésbico. “Mira, cari, que si has salido con tres chicas y sólo un chico eres más lesbiana que hetero”, ya la estoy escuchando. Tomando nota de cada uno de los polvos de mi vida.
Me vendrá con que tengo gata. Me recordará que salgo habitualmente con mujeres. Medirá el tamaño de mis uñas, los cuadros de mis camisas, la longitud de mis faldas y los días que me pongo maquillaje. Todo para encajarme en su modelo de lesbiana más o menos lipstick.
Pero no encajo en ese modelo porque me gustan los chicos. También. No necesariamente a la vez. Ni necesariamente de igual manera.
Se ha quedado helada, mirando fijamente al azucarero. Estoy empezando a acojonarme un poquito porque  es capaz de dejarme porque su ex, Maripili, se casó con un chaval a los siete meses de romper con ella. Que si su ex, Maripili, es un poco lagarta no es cosa mía ni de la comunidad bisexual. Que si pudiéramos elegir embajadora bi, dudo que la tal Maripili ganara en las votaciones a Simone de Beauvoir o a Angelina Jolie.
Y sigue mirando al azucarero. Ay qué tensión, ¡por Safo!
Es que tenía que haber hecho lo que hago con los tíos, callarme. Bueno, con ellos es por otro motivo, más que nada porque cuando les hablo de mi bisexualidad dejo de ser su novia para convertirme en la protagonista de todas sus fantasías de tríos (y paso).
La escucho suspirar y me temo lo peor. Va a hablarme de que en realidad no sé lo que quiero, que ya estoy mayor para haber elegido bando. Va a empezar a dudar de si necesito acostarme también con chicos para satisfacer todas mis necesidades sexuales, como si mi orientación me convirtiera en una especie de obsesa sexual o necesitada de normas especiales. Ya me lo estoy imaginando, teniendo que ir a reuniones de “cómo abrir tu pareja” hasta que se dé cuenta de que yo no quiero abrir nada, que la quiero a ella y sólo a ella. Que quiero estar con ella y sólo con ella.
Al fin abre la boca:
—¿Y esto qué cambia de nosotras? —dice, echándose un par de cucharadas al té chai con leche de soja.
—Que yo sepa, nada, cariño. Pero quería contártelo, a veces me duelen determinados comentarios.
Sonríe y se ríe. ¿Sonríe y se ríe? ¡Pero cómo puede tener gracia esto!
—Si es que ya lo sabía y llevo meses picándote para que me lo cuentes. Si has tenido novios y novias, será porque eres bi, ¿no?
Soy incapaz de pronunciar una palabra, momento en el que ella aprovecha para darme un beso rápido en los labios y continuar hablando:
—Te quiero y me gusta quién eres. Pero tengo que reconocer que como lesbiana, lo de que te atraigan los tíos me da un poco de repelús, pero no es por ti, es por ellos…
Esperanza Montero
Fuente: MiraLes.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario