lunes, 18 de agosto de 2014

Brenda: La app que todas tienen y nadie quiere

 

Hace unos días, una amiga me enseñó una nueva aplicación que se había descargado. Se llamaba Brenda, y mientras curioseaba en su móvil vi allí a todo el mundo: amigas, enemigas, ex y un sinnúmero de gente que había visto por el ambiente.

Me pareció supercurioso que todo el mundo la tuviera pero nadie lo comentara, así que me hice un perfil y empecé a hablar con chicas para preguntarles qué pensaban, si les gustaba, si les era útil, si habían conocido chicas y quedado con ellas, etc. Hablé con  chicas de todo tipo: hipsters, canis, pijas, modernas, amas de casa… Y la respuesta siempre era la misma: “Me lo hice de coña.”, “Me lo hice porque mi amiga me dijo, no lo uso, sólo contesto si me hablan”, “No creo en los chats”, bla bla bla…..

¿Por qué renegamos tanto? ¿Por qué tenemos tantos prejuicios? ¿Para qué nos hacemos un perfil si no queremos “supuestamente” interactuar? Y, por último, ¿por qué nos avergonzamos tanto de ligar o buscar amigos en las redes?

Sin embargo, con los chicos la cosa es completamente diferente. Utilizan muchas de estas app como Grind o Bender para ligar, sexo casual o amistad. Muchos lo definen como un cruising instantáneo en 3G, donde la inmediatez de respuesta es lo más valorado por los usuarios, por no hablar de la geolocalización: tanto Brenda como Grind te permiten saber a cuántos kilómetros estás de la persona que te interesa.

Brenda fue creada en Brighton para iPhone, pero viéndose superada por las demandas y uso de Android decidió enfocarse únicamente en dispositivos con este sistema operativo. Su uso es muy sencillo, sólo tienes que descargarla en tu teléfono, introducir tu nombre, edad y fotografía y ya puedes empezar a interactuar, pero además existe la opción de pago que te permite subir hasta diez fotos y ver “huellas”, que es como un toque de alguien a quien le gustas.

Esta aplicación vuelve a poner de manifiesto las diferencias entre la homosexualidad femenina y masculina, así como las distintas formas que tenemos de vivir la sexualidad. Pese a que en algunas de mis interacciones la conversación se centró únicamente en intentos por establecer encuentros sexuales casuales, sigo preguntándome si es la virtualidad, que no el anonimato (pues la mayoría emplea su identidad real), lo que le imprime valor y éste se desvanece en el cara a cara.

Saunas o lugares públicos de cruising siguen siéndonos totalmente desconocidos y aunque existieran seguirían provocándonos reparo, pudor e incluso vergüenza. De hecho, los intentos por crear lugares más íntimos entre tinieblas apenas han tenido aceptación. No entendemos el sexo y el placer del mismo modo, buscamos no únicamente que nos follen el cuerpo y la mente, sino alcanzar una complicidad o erotismo que va más allá del mero acto sexual, pero que también puede darse tras una mirada o un acercamiento inesperado.


La “invisibilidad lésbica” sigue muy presente, lo que sumado al doble estigma social, ser mujer en un mundo de hombres y ser safista en una sociedad con predominancia heterosexual, hace necesaria la creación de subculturas o subguetos donde relacionarnos ocultas de miradas ajenas. Brenda sólo pone de manifiesto esa necesidad de buscar semejantes, de saber que no estamos solas, de compartir y de estar unidas.
Fuente : Mirales.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario