martes, 8 de julio de 2014

Mi historia de amor – La distancia más corta

Mi historia es poco frecuente, comienza con dos personas que tienen varios amigos en común, no se conocen en persona y un día, primero el Twitter, y luego el Facebook las une.
Nunca creí en las relaciones a distancia, me parecía demasiado duro. He tenido amigos que han estado así durante muchos años y los veía sufrir, llorar, pasarlo mal, por el contrario también había multitud de ocasiones que los veía felices, y en sus ojos obtenía la respuesta de mis preguntas y dudas, merecía la pena. Con el paso del tiempo llegué a pensar que eso realmente compensaba, que no todo sería tan malo.
Mi relación a distancia empezó sin darme cuenta de ello. Sara y yo empezamos a hablar un día, nos conocíamos de oídas porque teníamos muchos amigos en común y mis amigos la nombraban de vez en cuando. Un día nos agregamos a Facebook porque necesitaba la dirección de un amigo que teníamos en común para mandarle una carta sorpresa y a partir de ahí, empezamos a hablar. No me imaginé nuca que esas conversaciones serían el comienzo de algo.
Hablábamos a diario, se llegó a convertir en una necesidad el recibir un mensaje de buenos días y un mensaje de buenas noches, nos empezamos a conocer, a hablar de cómo veíamos la vida, de música, de libros, de películas, de amor, de sexo, de todos los temas de conversación que se te puedan ocurrir.
Llevábamos hablando varias semanas por Facebook cuando de repente mi móvil empezó a sonar, vi la llamada y era ella, me quedé de piedra, y sin saber lo que hacer lo silencié y no se lo cogí, no podía hablar con ella, soy una persona muy tímida y me daba mucho corte cogerle el teléfono y quedarme sin palabras haciendo de eso un silencia incómodo.
Ella, cómo no, me volvió a llamar, y fui valiente y se lo cogí. Hablamos durante horas, me encantó esa primera conversación con ella, el poder oír su voz por primera vez, mi corazón iba a mil por hora, las primeras veces, siempre me ponía nerviosa al llamarla, aunque luego las palabras fluyeran solas.
Después de estar hablando durante unos tres meses, yo fui a su ciudad a hacer unas compras, mi intención era vernos, pero ese día llovía mucho, ella estaba en clase y no nos pudimos ver, a la semana siguiente yo me iba a Alemania por motivos laborales.
Después de una semana en Alemania hicimos nuestro primer Skype, y por fin la vi, su voz, su cara, todo. Me encantaba hablar con ella. Así seguimos hablando cada día; llegar del trabajo de madrugada y que una persona te esté esperando con una sonrisa, con algo que contarte, poder desahogarte, era como un premio, algo extraordinario.
Pasaron dos meses más y desde el principio negábamos que pasase algo entre nosotras, describíamos nuestra relación como una simple amistad, pero con el paso del tiempo, las dos sabíamos que era algo más que eso, hasta que un día fuimos conscientes de lo que estaba pasando y que nuestros corazones latían al unísono. Era algo más que amor. No puedo describir con palabras lo que ella me da.
A finales de junio volví a España, coincidiendo con el Orgullo LGTB. Me fue a recoger a la estación de tren, era la primera vez que nos veríamos en persona y moría de los nervios. Cuando me bajé del tren y la vi, solté la maleta y nos fundimos en un abrazo. Pasamos toda la tarde juntas, y en uno de los momentos en la calle, nos miramos y me besó. Escribo esto y creedme que lo hago con una sonrisa.
Pasamos casi todo el mes juntas hasta que me volví a marchar. Pasaron cinco meses hasta que nos volvimos a ver, pero en ningún momento me sentí lejos de ella. Ahora tenemos que esperar otros cinco meses hasta que nos volvamos a ver y creedme que no es fácil.
Esta foto que os mando fue de su visita en febrero, el primer año de mi vida que paso el día de los enamorados con alguien. Sara es una persona tan especial e importante en mi vida que no puedo tener una mala palabra para ella, es la primera persona con la que imagino un futuro, y una vida con ella. Creo que la distancia es dura, muy dura, pero cuando dos personas se quieren de verdad y quieren estar juntas, la distancia no es un problema. Pero sí que es verdad, bajo mi punto de vista, que debe haber una meta común, un fin donde llegar juntas y a partir de ahí comenzar una vida. Si no hay un final, no puede haber un comienzo, es como andar a ciegas, y eso quema, agobia.
Hay muchos días en que maldigo el tener que estar pendiente de un teléfono o un Skype, días en que no puedo afrontar la situación, pero la verdad es que hacemos un ying yang perfecto. Cuando yo estoy a 20 ella intenta estar a 80 y al revés. Siempre encuentro un mensaje de ánimo, una llamada que me hace reír, una mirada cómplice, un beso a través de una pantalla, un guiño, y yo intento que la palabra distancia sea sólo eso, una palabra.
Prefiero tener a la persona que quiero, y que me llena completamente a varios kilómetros, y verla cuando las circunstancias lo permitan, que una todos los días a mi lado que no me aporte nada.
Chicas, el amor es para disfrutarlo y para que nos llene de felicidad, si no es así, hay algo que va mal. Aprovechad a vuestra pareja, cuidadla, dadle en este mismo momento un beso, decidle todo lo que sentís por ella, mostrad vuestra admiración, robadle unas horas y hacedle el amor, contemplad juntas un amanecer, un atardecer, viajad… Haced todo lo que os haga felices, no vais a ser menos que nadie por dar a demostrar vuestros sentimientos, ni os va a querer menos. Eso que dice mucha gente de que hay que hacerse la dura, es un mito.
Sara me escribió un día esto:
“No necesito referencias, la experiencia de nadie ni las anécdotas de otros. No necesito que nadie me diga lo difícil que es, ni lo que harían o dejarían de hacer en mi situación. No necesito tener a otra persona que te sustituya, porque nadie que esté más cerca podría darme lo que tú me das. No necesito sexo todos los días. No quiero a nadie que no sea tú. No quiero los besos, abrazos y el sexo de otra persona a menudo. Quiero los tuyos cada mes, cada tres meses, cada cuatro… Quiero nuestros reencuentros, nuestras llamadas, videollamadas y mensajes. Quiero nuestras vacaciones y nuestros viajes. Quiero nuestras risas, anécdotas, miradas, palabras, nuestro echar de menos, nuestras esperas y nuestra nostalgia. Quiero nuestros enfados absurdos, nuestras conversaciones, nuestros ‘buenos días’. Quiero este amor. Me da igual que los demás piensen en las dificultades de nuestra relación, en nuestra fidelidad, nuestro sexo, nuestra distancia. Tanto los obstáculos como las cosas buenas son las que hacen única nuestra relación. Cada persona es un mundo y tú y yo formamos nuestro pequeño universo.
Cuando hay tanto amor de por medio, no hay por qué temer: distancia es sólo una palabra.
Te quiero. Es lo único que importa.”
Fuente: Mirales.com

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