miércoles, 2 de julio de 2014

El shock de un español progre en el Berlín gayfriendly de los años 20

El shock de un español progre en el Berlín gayfriendly de los años 20 

Corría el año 1928 cuando un joven periodista español, adalid de la España más liberal y progresista, decidió embarcarse en un viaje por varias ciudades europeas para realizar crónicas. Se trataba de Manuel Chaves Nogales (1897-1944), reconocido como uno de los mejores periodistas españoles del siglo XX, y todo un símbolo de la resistencia de la República contra el fascismo. Pero ser demócrata y de izquierdas en la primera mitad del siglo XX no equivalía a tener una visión igual de abierta o tolerante que hoy y si algo nos deja la crónica de Chaves del Berlín de los años 20 es que la ciudad era, en esos años previos al ascenso del nazismo, un oasis de libertad gayfriendly muy adelantado a su época y que causó no poco estupor a un Chaves que hoy sería catalogado dentro de la homofobia más rancia.

Chaves empieza por hacerse eco de la fuerza del movimiento gay en la Alemania de la época. Este país había sido el pionero, desde finales del siglo XIX, en los estudios científicos sobre la atracción sexual, así como en el activismo y el periodismo LGBT. Para Chaves todo viene del clima bélico previo a la Primera Guerra Mundial: “Fue, según parece, una secuela del militarismo; Alemania era un cuartel, y por entre la férrea disciplina de los cuarteles, el apetito sexual se torcía y deformaba para ir a dar en el homosexualismo”, narraba el periodista en el artículo ‘Panorama Germánico’. Una explicación que haría las delicias de algunos activistas antigay de hoy en día. Chaves destacaba una moral sexual tradicional en contraposición con los vicios: “Por fuera de la órbita natural del amor tan netamente descrita por la patriarcal sencillez germánica, queda una zona turbia de sexualidad que deriva hacia el homosexualismo, cada vez más extendido en Berlín”, narraba.


Chaves, de clara tendencia intelectual, también se escandalizaba precisamente del auge de las argumentaciones a favor de la homosexualidad: “He quedado sorprendido repasando varias publicaciones homosexuales de las que están llenos los quioscos, en las cuales se defiende con argumentaciones de carácter científico y hasta religioso esta aberración”, señalaba Chaves.

Pero para el periodista el mayor shock fue conocer los locales gays que poblaban el Berlín de la época. Los cabarets y las salas de baile gozaban de un ambiente liberal y relajado. Una visita a El Dorado, el mayor local gay de la época, no podía faltar en ninguna visita a la capital alemana. De este mítico local escribió lo siguiente: “Es un cabaret exactamente igual a todos los demás –tan aburrido y triste como todos-, con la sola diferencia de que las tanguistas que merodean por los palcos y se lucen en el parquet no son mujeres. Hombres, yo no puedo asegurar que lo sean”, lanzaba el periodista, que describe a las artistas dentro “igualmente de ese género neutro que la civilización produce con tanto refinamiento y perfección”.


Chaves carga en general contra los gays que se vestían con ropa femenina y a los primeros travestis y transexuales, confundiéndolo todo en el mismo saco. “Han llegado algunos tipos de homosexuales a tal grado de perfección en este anhelo de emular y superar a la mujer, que el tenorio callejero tiene que tener un exquisito cuidado en sus escarceos, porque pueden ocurrirle lamentabilísimas equivocaciones”. No explica Chaves si fue él mismo quien tuvo uno de estos encuentros, pero todavía llega más lejos: “La Policía consiente a los homosexuales andar por las calles de Berlín disfrazados de mujer, con la sola condición de que el disfraz sea tan perfecto que no se advierta la superchería”.
Fuente: Ragap


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