domingo, 6 de julio de 2014

Cifuentes y Botella: homofobia de principio a fin

 
Las fiestas del Orgullo empezaron, como siempre, con bronca con las autoridades del PP y acabaron con claros ejemplos de homofobia en sus declaraciones, pero, sobre todo en sus actos.

Nunca se ha mostrado tan estricto el Ayuntamiento con sus ordenanzas municipales como en Chueca, que este año no pudo disfrutar de barras en las calles y tampoco de música en los lugares más emblemáticos. A pocos metros de allí, Ana Botella celebraba el 4 de julio junto a la delegación americana en nuestro país en el patio del Conde Duque, un centro de cultura donde se han silenciado los conciertos de los Veranos de la Villa a partir de las 12 de la noche para facilitar el descanso de los vecinos, incluso aunque el artista no hubiera acabado su repertorio. Pues bien, cuando son los americanos quienes solicitan el local municipal la fiesta puede terminar pasadas las cuatro de la mañana…
El destino es tan caprichoso que la señora Botella llevó en el pecado la penitencia: el embajador James Costos invitó a una nutrida representación de la comunidad LGTB a su fiesta, es decir, la alcaldesa no fue al orgullo, pero tuvo que recibirlo en casa. Al día siguiente, sin embargo el escenario de final de manifestación tuvo que cerrar a la 1 en punto a pesar de que Colón no es ni mucho menos una zona residencial. Tampoco pudo abrirse al tráfico inmediatamente dada la concentración de personal, lo mismo que la Gran Vía. No se autoriza la marcha por problemas de seguridad y porque se trata de una arteria principal, pero es tal la multitud que los coches acaban por no poder circular ni por el eje Prado-Recoletos, ni tampoco desde Cibeles a Plaza de España.
Quien se metió de lleno en el debate fue la señora Cifuentes, la otra responsable de que el desfile no transcurriera por el cauce de los años anteriores. En una entrevista con Europa Press, la delegada del Gobierno asegura que  ”Eso no es derecho de reunión, es otra cosa. Pero como tiene ese componente reivindicativo, es un acontecimiento a caballo entre ese derecho y algo más lúdico”. Siguiendo este razonamiento, el programa de fiestas patronales de cada pueblo, al incluir publicidad en sus páginas, dejan de ser tales fiestas para convertirse en un evento comercial…
Fuente: Ociogay.com


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