lunes, 9 de junio de 2014

Así salí del armario: la chica lesbiana que nació chico

SALIR DEL ARMARIO 

Junio es el mes del Orgullo LGTB. Y este es nuestro especial “Así salí del armario“, con historias reales de nuestras lectoras:
“Me llamo Víctor y soy chico de nacimiento. Me podría definir como el típico caso de persona que vive encerrado dentro de un cuerpo que no es el suyo, o quizás que no está formado a la par con la mente.
Voy a contar un poco por encima mi historia (tocho inside) para poder dar una referencia de quién soy, qué estoy dispuesto a hacer y qué planes tengo, finalizando con los problemas para los que no encuentro solución.
Como bien dije, nací chico, sexo masculino por el 86. Mi infancia fue buena en unos sentidos y dura en otros. Me imagino que al igual que otras trans, de pequeños no querían hacer cosas de niños, sino de niñas. Yo no entendía cuando mis padres me decían que era un niño y tenía que jugar con los niños a cosas de niños. Les preguntaba que por qué era un niño y me respondían lo que es obvio. Porque tengo pene (mi madre decía “periquito”). Yo les decía y lo recuerdo bien, que yo era una niña que no me gustaba lo que hacían los niños y normalmente venía una reprimenda en plan: “Tú eres un niño y punto.” 
Esto según fui creciendo siguió repitiéndose. Por suerte, los niños y las niñas jugábamos juntos muchas veces pero mis amigos de la infancia principales eran niñas. Me encontraba más a gusto con ellas. Cuando íbamos a comprar ropa, con mi madre o mi abuela normalmente, siempre les pedía un vestido o cosas de chica, lazos diademas, con típica reprimenda. “Deja de decir tonterías.” 
Así hasta que ya tuve los 9 años. Cuando mis padres no estaban en casa yo le quitaba la ropa a mi madre y e iba al baño a maquillarme. La veía a ella que era muy guapa y quería imitarla. Ella era de arreglarse mucho y sentía envidia. Recuerdo también que me obligaban siempre a cortarme el pelo corto pese a que yo no quería y quería tenerlo largo pero no había manera. Mi poder de influencia era nulo. Mi hermano menor con el que me llevo año y medio de diferencia era callado y obediente. Y siempre me ponían de ejemplo a él de cómo tenía que comportarme. Yo no me peleaba ni insultaba, pero todo lo que pedía era reprimido. 
Total, a los 9 años empecé a lo que comúnmente se llama travestirme. Mis padres trabajaban en un locutorio propio así que volvían tarde. Mi madre o mi padre nos hacían la cena y hasta las 12 o así no volvían, por lo que me vestía como mi madre y estaba en casa así. La intentaba imitar en movimientos, en forma de hablar. Quería ser como ella. Mi hermano estaba en su mundo y le daba todo igual así que no decía nada. Ya cuando se hacía tarde recogía todo y a las 11 a la cama. Después llegaban mis padres y como si no hubiese pasado nada. En realidad lo recogía no por miedo a que me pillasen sino porque siempre he sido ordenado y responsable en ese aspecto. No se me pasó por la cabeza que me pudieran “pillar”. 
Y así fue. Un día mis padres vinieron pronto y me pillaron. Lo primero que pasó es que vi la mano de mi padre darme un tortazo que me dejó medio atontado. Enviaron a mi hermano a la habitación y empezaron a echarme la bronca. Que por qué hacia eso, que si estaba enfermo de la cabeza. Que si soy un desastre para la familia. En resumen, que de sus bocas y los garrones que me metieron en los brazos no salió nada bueno. 
Aun así no me resigné y aunque estuve unos meses sin hacer nada de eso, volví, y así hasta los 13 años que me volvieron a pillar. En esta ocasión no hubo tortazo. Mis padres se disgustaron. Hablaron conmigo, me preguntaban si era gay, si alguien me había tocado, si me obligaban a hacer estas cosas. Que por qué era tan malo con ellos. Que por qué no podía ser como todos los demás. Al final de ese día y ya teniendo una conciencia y cabeza más funcional decidí cambiar el chip. 
MUJER TRANSEXUALMi sexualidad tardó en aparecer. Hasta los 14 años no me había masturbado nunca, y mi interés por el sexo hasta los 16. Me convertí en lo que ellos querían. Un chico. Me puse a jugar en un equipo de fútbol, iba con los amigos de clase por ahí y con las chicas intentaba tener el mínimo contacto. A los 16 llega la revolución hormonal y los amigos sólo hablaban de chicas, que si ligar y demás. Yo me adapté y quería hacer lo que se esperaba de un chico, lo mismo que el resto. Conexión a masa. Y así hasta los 17 que me eché una novia. La verdad esa chica me la eché de novia simplemente por el hecho de que era lo normal, era lo que se esperaba, era la moda y que todos decían que hay que perder la virginidad antes de los 17. Y así fue. No tenía mucho interés en la chica, era maja y poco más. Ella era de ligar con muchos así que me imaginaba que duraría poco o nada. Llegaron los 18 y tal y como llegaron yo decidí ser más varonil (pero la espina de la cabeza no se iba) así que me alisté en el ejército y me fui a Murcia a los paracaidistas. Y de allí unos meses después a mi destino, Madrid. Sorprendentemente la chica con la que salía seguía viviendo los vientos por mí así que los fines de semana regresaba a Salamanca para hacer lo que se supone que tenía que hacer. Y así pasaron los años. Iba mucho al gimnasio, me puse “schwarzenegger”. En fin, un chico sano, fuerte,  guapo (al menos eso me decían) y cumpliendo como mi familia quería que cumpliese. Pero la espina seguía ahí.
Pasaron dos años y no sé por qué pero esa chica y yo acabamos enamorados pero de verdad. Era una friki inteligente (en el sentido de estudiosa y trabajadora) pero emocionalmente frágil y físicamente débil. Por contra mi salud es de oso y mi mente trabaja bajo presión extrema sin dificultad. Nos compenetrábamos muy bien. Y tanto fue así que decidí cambiarme de destino para ir al cuartel de Salamanca y estar con ella (y ya de paso, con mi familia).
La relación se volvió mucho más seria. A diferencia de la mayoría de las parejas, nosotros no nos atábamos con nada. Me explico, ella quería salir con sus amigas y salía y ya, lo mismo yo. Ella se va con las amigas a un albergue o a visitar a algunos amigos a otra ciudad un fin de semana y todo perfecto. Viceversa lo mismo. Había confianza. Esa confianza hizo que lo que siempre tenían en mente, que era agradar a todos y hacer lo que todos esperaban de mí (familia principalmente) se fuese desvaneciendo. Ella tiene una personalidad muy peculiar para bien, es muy chistosa, le gusta la música retro, Muchachada nui, se ríe por cualquier bobada. Y eso me relajaba. Hasta que un día, pum, decidí comprar un ordenador y ponerme internet. Y navegando di con esta palabra. Transexual. Busqué información y leí y leí, releí y releí lo releído. Entonces todo encajaba. Y me hice estas preguntas. ¿Soy un chico? Sí, pero ¿me gusta ser como soy ahora? No. ¿Qué es lo que soy de verdad, transexual? No. ¿entonces qué soy? Una mujer. Y claro, ¿Cómo es posible que me guste una chica? Seré lesbiana…? ¿Me gustan las chicas?
Y aquí es donde me paré a pensar y me dije: “Me gusta mi novia.” Cuando miraba a otra chica, la miraba con envidia y a la vez me cabreaba un montón. ¿Por qué ella puede ser así, pudo haber nacido como quería? NO ES JUSTO. Yo soy buena persona y no me merezco ser como soy ahora.
A partir de ahí empezó la fase nueva. Esto con 23 años. Dejé de hacer ejercicio para sacar musculitos, dejé de hacerme el machote cuando estaba en el trabajo con los amigos y en su lugar me comportaba como quien era, sin disimular. Y sólo había una persona con la que era así, con mi novia. No tengo pluma ni nada, sólo que no me gustan las palabras malsonantes hablar de forma brusca. Soy algo suave en ese aspecto. Mi novia por el contrario es un camionero hablando (de mal).
Me puse con ejercicios de fitness, Intenté tener un cuerpo fino, bajar esos bultos que salen supuestamente de los músculos desarrollados y a los 25 conseguí una figura bastante fina. Me cuidaba la cara, empecé a depilarme las cejas el cuerpo entero, a poner especial énfasis en el afeitado. Jamás dejé crecerme la barba. Mi novia advirtió poco a poco esos cambios y le agradaban. 
Un día, mientras seguía buscando información por internet, me topé con un documento que explicaba el proceso de cambio de sexo completamente. Desde el inicio hasta el final, todos los procesos a seguir, y decidí dar el paso. Primero fui al psicólogo. Se lo conté a mi pareja pero no para qué estaba yendo. Mi pareja ya sabía a estas alturas que me gustaba el cosplay y bueno vestirme de chica para hacer cosplay, el cual le gustaba también. Después de varias sesiones, el psicólogo hizo el informe en el que dictaminaba que era una mujer dentro del cuerpo de un hombre y que me daba autorización para empezar el proceso hormonal (no recuerdo qué era exactamente lo que ponía pero algo así). Y con ese informe fui a mi pareja. Lo leyó detenidamente y me dijo algo que me sorprendió.
―Yo ya sabía que tú tenías que haber nacido mujer.
Le dije que no quería mentirle. Y que hiciese lo que más oportuno viese. Ella dijo que quería estar conmigo fuese como fuese, y esa respuesta me hizo muy feliz. Seguía viviendo en casa de mis padres, y le enseñé el informe a mi madre. Lo que ella dijo, “Bueno, pues nada”. Sólo dijo eso. Ni se cabreó ni nada, parecía como si se lo esperase. Mi padre dijo que eso es por culpa de los dibujos y los japoneses esos tan raros que veía. Y algo que sí tenía claro es que si quería hacer algo en esa casa no podría, así que decidí buscarme un piso de alquiler e irme a vivir solo. Al poco de mudarme le pedí a mi pareja que se viniese conmigo y la convivencia es perfecta. Pero hay un pero. En mi ciudad ningún endocrino quería hacerse cargo de mi tratamiento. Y encima mala suerte que el psicólogo que me trataba se fue al extranjero y entonces me quede a dos velas. Tengo seguro privado por lo que tengo un límite bastante pequeño de posibilidades y todo eran puertas cerradas. Más que nada por desconocimiento y no se querían manchar las manos.
Y así hasta los 27. Mi novia y yo decidimos que queremos casarnos por lo civil y tuve una charla bastante profunda con ella. Le dije: “Mira, cuando empezamos a salir tú te enamoraste de un chico. Pero ese chico es una mentira. No existe tal chico. Existo yo. Y ya sabes qué es lo que quiero y qué es lo que voy a hacer. Te juro que intenté con todas mis fuerzas ser como me conociste pero eso me es imposible” (y estuve a punto de contarle algo que citare al final del texto) y ella me contestó que ya lo sabía, que si le prometía que mi personalidad no cambiaría, que ella quería seguir conmigo para siempre. La personalidad que ella conoce es la real, la que soy de verdad, no finjo ni nada. Le digo siempre lo que pienso y no soy bipolar ni nada. Soy alguien muy tranquilo, reflexivo y pendiente de los de alrededor. Le dije que empezaría a hormonarme por mi cuenta y ella me dijo que lo mirase y lo controlase todo bien, ya que conoce los peligros de autohormonarse. Intento seguir las indicaciones de los foros en tema de límites hormonales que tomar dietas y demás. Llevo así camino de 3 meses y bueno algunos cambios hay, pero sigo sin encontrar ningún especialista en mi ciudad o alguna persona trans con la que pueda tener algún contacto aunque sea de forma muy esporádica para que me indique, explique pasos que por mucho que haya leído en cada sitio dicen una cosa diferente. Pero en mi cabeza no dejo de pensar que esto quizás haya llegado demasiado tarde. 27 años. Cambiar la voz es algo que a esta edad es complicado. Mi cuerpo apenas va a sufrir cambios. No puedo permitirme pagar una depilación láser y menos aún, unos implantes. No puedo tan siquiera dejarme crecer el pelo porque en el ejército parece que la diferencia de sexos existe. Y por razones que sólo el Rey conocerá el por qué los hombres no pueden llevar el pelo largo. Debe ser por los piojos…
Me gustaría salir a la calle de chica, ir a un bar o a tomar un batido con mi novia, salir a bailar o simplemente a dar un paseo. Odio vestirme de chico, parece como si me disfrazase. Odio cuando me dicen macho, tío o simplemente me hablan dirigiéndose hacia mí en género masculino. Dirás que este texto lo tengo escrito dirigiéndome hacia mi persona en género masculino, pero me explotaría la cabeza si tuviera que escribir todo de forma neutra (que es como normalmente intento hablar en sociedad y/o escribir y no sé si sería apropiado referirme en género femenino cuando no estoy viviendo como tal).
Como mencioné más atrás, hay algo que no le conté nunca a nadie. Fue poco después de tener el informe favorable para mi transición y la búsqueda de ayuda para poder lograr mi proceso y no encontrar a nadie. Mi pareja, aunque lo aceptaba, tampoco parecía ponerle mucho interés y no le interesaba cuando intentaba sacar conversaciones del tema. No en plan de que no me apoyase si no de que: tienes que buscarte la vida para poder conseguirlo, en eso no te puedo ayudar. Total un día se me fue la cabeza mi pareja estaba en el extranjero estudiando inglés, yo solo en casa, con todas las posibilidades que tenía agotadas. No me quedan amigos, los que tenía se fueron fuera a trabajar o simplemente nos distanciamos por trabajo estudios y demás. Rumbos diferentes. Por lo que mis malos días me los tenía que comer solo en casa. Pensé varias veces en suicidarme y puse en un foro cómo me sentía para que alguien me ayudase a buscar una solución o simplemente hablase conmigo, no sé, necesitaba poder ver que tendría una oportunidad de ser quien quiero ser y eso lo veía cada vez más lejos. El foro era de temática transexual para ayudar con dudas y demás. Y las respuestas las típicas. “Tranquila, amiga, que es un mal paso, tranquila todo tiene solución”, etcétera. Una chica me agregó para decirme lo mismo (al msn) por lo que quedó en nada. Al día siguiente por la mañana fui a una tienda donde dispensan material para hospitales y demás centros sanitarios. Conozco a un chico que trabaja allí así que le pedí unas agujas de las de donar sangre. Le puse la excusa de que era para unos animales de mi abuelo del pueblo y me las dio. Llegué a casa, puse la bañera hasta la mitad con agua templada, me metí en ella y me clavé dos agujas en la vena del brazo. Salía bastante sangre, no muy rápido pero sin pausa. Estuve un rato ahí intentando no pensar solamente cerrando los ojos. Porque cada vez que los abría solo veía el agua llena de sangre. Parecía sacado de una película de terror. Al final me desmayé. Me imagino que por la falta de sangre, aunque el ver sangre me suele afectar de siempre, no sé por qué. No sé cuánto tiempo estuve inconsciente pero me desperté. Tenía la zona de las agujas hinchadas y ya no salía sangre. Estaba muy mareado, y me veía el cuerpo muy pálido. Además el agua estaba helada. El sacarme las agujas fue dolorosisimo. Me levante quite el tapón a la bañera y fui tambaleándome hasta el salón. En resumen, fallé. No volví a intentarlo, no sé si fue por miedo o porque pensaba que podría encontrar alguna solución. Pero pienso que fue una pena el que fallase. Ya que así, ahora no tendría que estar pasando por lo que estoy pasando. Fuera problemas.
Mi situación actual es bastante aceptable. Hablé con mi pareja seriamente, explicándole todo, diciéndole que no se avergonzara en decirme lo que piensa. Y esa charla parece que surtió efecto. Ahora mismo es un gran apoyo moral y, por qué no, mi esperanza de poder salir un día de la mierda de sitio donde estoy trabajando y poder empezar a vivir cuanto antes como quiero ser. 
También tuve una charla con mi madre. La senté en el sofá y le expliqué todo. Tuve que armarme de valor, pero reaccionó de manera muy positiva, diciéndome que lo tenía que haber pasado muy mal, y que lo que importa es que yo sea feliz.
Mi mayor problema ahora es mi único medio de subsistir, y hasta que no salga del ejército no podré hacer nada. Por ahora la próxima semana tengo la primera sesión con una psicóloga y a ver si con suerte decide tratarme. También estoy con una endocrina que me recomendaron y no sé si lo dije antes llevo desde agosto con el TRH. No es mucho pero se van viendo los cambios. A eso con el ejercicio y un estricto control de la alimentación voy bien.
Y nada más, perdón por el tochazo, y decir que sé que no soy ni jamás seré una mujer real, pero me siento como tal y amo como tal a otra mujer”.
Por Anamie
Fuente: Mirales.com


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