miércoles, 2 de abril de 2014

Tu primera vez... con alguien nuevo

 


 
 Has evolucionado y experimentado. Entonces, ¿por qué representa un reto tu primera noche con una nueva pareja?
Pocas cosas nos vulneran más que un debut sexual. El primero, primerísimo estuvo cargado de nervios y caos, porque era algo desconocido. Pero esta vez sabes a lo que vas, o al menos a un esquema del hecho.
Lo hueles, sabes que esta cita es estratégica y lo más probable es que vayan más allá de besos y roces. Darán el salto al contacto a full. Y a casi todos nos pone algo “temblorosos”. Naturaleza humana, por encima de todo porque nos urge mostrar que somos no sólo competentes sino expertos, que estamos dotados de capacidad para que nos disfruten. Pero, ¿cómo? ¿Qué integrar o descartar?
1. Siéntete humano(a)
De inicio, deshazte de tus estorbos personales, de esos demonios que pueden decirte casi conscientemente que no eres lo suficientemente bueno(a), en cualquier aspecto.

Por otro lado, focalizar tu atención en tu aspecto es otro clásico del sabotaje. De ponerte a “buscarte defectos”, terminarás deformando tu imagen. No sucede a nivel físico, pero tu nueva pareja lo percibe.
2. Inicia la faena con el pie derecho
Previamente han tenido experiencias eróticas (de contacto), de exploración (y autoexploración a solas), de vivencia del deseo; de ese “Ya quiero”. Pero con seguridad cada uno trae sus historias de éxito y de fantasmas entre sábanas. Mapas estratégicos de estímulos basados en la experiencias; trucos y posturas que nunca les han fallado, pero también recuerdos de ocasiones en que las cosas salieron mal.

Las preocupaciones masculinas más frecuentes son lograr una erección adecuada y no eyacular demasiado rápido. Las nuestras, conseguir que él llegue al orgasmo (sí, por encima del nuestro), ser/parecer creativas y claro, que no resulte doloroso.
Ambos géneros trasladamos el éxito a la satisfacción del otro. Pareciera que ese es el fin del contacto. Y no. Por ello, millones de camas arrastran conflictos de por vida.
Sábetelo: cada quien es responsable de su propio placer. Parecería egocéntrico, pero no. Nadie puede enseñar a otro a sentir, ni lo que debe gustarle, ni a conocer su cuerpo. No son responsables del placer del otro. En la tarea mental de hacer que el otro goce, dedicamos todos nuestros esfuerzos en dar. Este es un proceso de vivir el placer y compartirlo con el otro, de recibir y sentir, no de pensar.
Si cada hombre invirtiera su energía en reconocer sus sensaciones y quitarle la carga a su pene, no habría pérdidas ocasionales de erección (no estamos hablando de padecimientos relacionados con disfunción eréctil), y –de nuevo, fuera de padecimientos- mantendrían un mejor control eyaculatorio. Porque no hay que demostrarle nada a nadie. Sólo disfrutar.
Y si cada una de nosotras dedicara su potencial sensitivo –valga la redundancia– a sentir y desconectarse de su tráfico mental, las dificultades orgásmicas no existirían. Tampoco la presión de saberse medios de satisfacción.
3. La técnica
Dejárselo al lenguaje del cuerpo siempre dará resultados naturales y sorprendentes pero puedes preparar el terreno. Tanto para permitirte comodidad como mejorar la experiencia. Recuerda, no vienes a satisfacer sino a compartir tu satisfacción. Si tú no disfrutas, no habrá arte amatorio.

Y apóyate en herramientas que aminoren esos miedos antes citados. En cuanto a la erección, utiliza uno que tiene forma anatómica que soporta la firmeza del pene. En cuanto a mejorar tu control eyaculatorio, échale un ojo a nuestro post APRENDE A CONTROLAR TUS EYACULACIONES 
En cuanto al miedo femenino por sentir dolor, éste se debe a que el nerviosismo siempre afecta la calidad de la lubricación, que claro, se mezcla con la tensión pélvica por el mismo estrés. La clave: coloca una buena cantidad de Soft Lube Hydra Intime®.
Si no quieres que ponerlo parezca una necesidad, utilízalo estimulando su pene para cubrirlo del mismo y acércalo a tu vestíbulo vaginal. Incluso, masajea tu clítoris, labios y entrada de la vagina con su glande bien lubricado. Con ello será suficiente para que su pene se deslice fabulosamente.
Fuente: Lo que un gay quiere ver

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