jueves, 24 de abril de 2014

Tópicos lésbicos… ¿inevitables?

4 de 5 gatos prefiere lesbianas
 Estamos invadidos por los tópicos: cuando hablamos de los chinos siempre sale un comentario relativo a la dieta y la peculiar forma de sus ojos; si hablamos de hombres de color se suele cuchichear sobre la talla de sus pantalones; si hemos tenido a algún compañero/-a gracioso en el colegio recordaremos cómo insinuó una vez que los padres tenían algo que ver con el seis de enero (o la Navidad)…
Muchos de ellos guardan un poso de verdad (en mi tierra, por ejemplo, se suele decir de alguien, cuando se le critica, que “no hay más que verla, se le nota a la legua” y hasta ahora nadie se ha equivocado) y es increíble la cantidad de veces que explican o resumen una situación. Sin embargo, cuando de definir a una misma se trata, no es tan divertido, ¿verdad?

A ninguna nos gusta que nos apliquen tópicos o mitos, pero lo cierto es que recurrimos a ellos de manera tan frecuente que su ausencia nos hace desconfiar: pensad en la cantidad de veces que habéis dudado de los gustos de una desconocida en un bar porque no iba vestida de manera “inequívoca” o porque no cruzaba las piernas “tobillo sobre rodilla”.

En aquella segunda cita de la que tanto esperabas ibas dispuesta a darlo todo. Incluso habías vaciado una parte del armario para que pudiera meter sus cositas. Pero después de la peli y de unos cuantos besos aún no ha salido el tema de la mudanza; la pregunta se perfila en tus labios y explota en tu cabeza: ¿es que tiene miedo al compromiso? E inmediatamente después decides que tú lo que necesitas es a alguien para toda la vida. Has caído en el tópico de que las lesbianas nos llevamos la maleta a la segunda cita.

Cuando habláis en ese punto en el que una mirada dice más que todos los versos de un poema de amor mientras os conocéis poco a poco, sin prisas, le preguntas si tiene animales. “No.”, contesta ella. Prosigue: “Y además no me gustan. Ninguno”. Una vocecilla te susurra al oído: “No le gustan los gatos. No tiene gato. Es más, no le gusta NINGÚN animal. Esta chica no es normal”. Poco a poco, la mirada se enfría. La brasa que antes ardía pierde poco a poco su calor porque entre este detalle y un par de cositas más que no te están gustando, has decidido que no os merece ni a ti ni a tu querido Miao.

Uno de los mitos más recurrentes es el de la manera de vestir. Por lo visto, toda lesbiana de bien viste como un hombre y eso ha dado lugar en mi fértil imaginación a una curiosa teoría: las mujeres que mediante su forma de vestir (o sus gestos) dejan bien claras sus preferencias, son las que más probabilidades tienen de ligar. De hecho, son las que más ligan. Mi explicación es la siguiente: a las mujeres no nos gustan, por regla general, las aventuras descabelladas, así que preferimos ir sobre seguro a la hora de tirar los trastos a quien sea. Nos acercaremos antes a una atractiva “butch” que a la chica tímida del fondo que no tiene nada que la diferencie del resto porque, ¿y si nos equivocamos y ha venido a acompañar a una amiga nada más? Ya puede ser mil veces más guapa de lo que jamás soñamos, que con tal de no correr el riesgo observaremos desde la distancia cómo las más osadas (o las más borrachas, según) se le acercarán con mayor o menor éxito.

Si ella pudo casarse...

Si ella pudo casarse…
Es la mujer de tu vida. Se contonea y clava la mirada en tus ojos mientras vas dejando un vergonzoso charco de baba a tus pies. El calor que sientes no se debe sólo al vodka; si no puedes tenerla esta noche vas a reventar. Todo lo que quieres es perderte en esa piel suave. Pero, ¡ah! De pronto te das cuenta de que es hermosísima, seductora y baila como los ángeles… En definitiva, que es “flor de un día”, te dejará por la mañana sin ni siquiera quedarse a desayunar. La vida es cruel pero tu pobre corazón, que bastante tiene con tener que funcionar hecho pedazos, no podría soportar otra ruptura. Por mucho que te pese, tienes que dar media vuelta y olvidarla mientras ella llora apoyada en el hombro de su amiga porque nunca va a encontrar pareja estable.

Todas nosotras esperamos mucho de la desconocida con la que hemos intimado: sabemos que el sexo con una mujer es lo mejor, por mucho que se limiten a decir que “es diferente”… No, es mejor. Recordemos esas épicas discusiones con los novios recién abandonados por una mujer y la pregunta “¿Pero qué tiene ella que no tenga yo?”, seguida de miradas cómplices mientras el pobre hombre se tira de los pelos tratando desesperadamente de adivinar la respuesta. Y tenemos la absurda idea de que da igual con quién, el caso es que sea una mujer. Pues siento decepcionaros, pero las hay que son desastrosas. Sí, desastrosas. Y a veces simplemente ocurre que no hay química entre ambas. Y te decepcionas, pero es que este es otro mito que nos hemos creado: no por el hecho de ser una mujer, el sexo va a ser increíble. De todos modos, seguimos probando, por si damos con la excepción que confirma la regla.

Cuando me preguntan: “Pero bueno, ¿vosotras hacéis la tijereta?”, siempre me viene a la mente la imagen del pequeño insecto (que, por cierto, tiene una sola pareja durante toda su vida) y sonrío. Inmediatamente después le aseguro a mi interlocutor que no sólo hacemos eso, sino también el helicóptero y la flor de loto. Y después viene la siguiente pregunta obligada del tipo que si yo en realidad quiero ser un hombre, que si el problema es que los hombres no me han tratado bien, etcétera. Y me río con más ganas. Pero lo cierto es que cuando el nuevo novio de una amiga no me hace esas preguntas desconfío y pienso que debe ser un gay armarizado.

Todo el mundo nos mantiene informadas: “¿Sabías que tal o cual es lesbiana?”, en el fondo nos idolatran, no pueden vivir sin nosotras. El archiconocido comentario “No, si a mí dos mujeres no me importa” no hace más que confirmarlo: el mundo es nuestro. Cualquier película porno digna de ese nombre contiene (al menos) dos colegialas enfrascadas en “sus cositas”; las series en las que aparece el lesbianismo son éxitos de audiencia. Todo el mundo pagó su entrada religiosamente para ver a Piper Perabo besando a Lena Headey en Rosas Rojas y cada vez que algún personaje público sale del armario, ávidas miradas tratan de descubrir los entresijos de su relación de un vistazo. Chicas, el mundo es nuestro… ¡y los mejores tópicos también!
Fuente: Mirales.com

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