miércoles, 23 de abril de 2014

¿Continúa siendo el sexo en los baños una práctica habitual entre los gays?

 


Fue una de las modalidades de cruising urbano más habituales
Muchos lo juzgaron como una práctica degenerada durante años, otros lo veían como única oportunidad para tener sexo en entornos demasiado cerrados. ¿El baño como metáfora de las relaciones entre hombres como algo sucio o como liberación de las convenciones que impone la heterosexualidad dominante?

Una cámara indiscreta en un centro comercial de argentina ha lanzado al debate público esta práctica que sigue siendo habitual entre algunos homosexuales. El escritor John Better, vehemente defensor de la cultura gay underground, hace una oda a este tipo de encuentros en el diario argentino “Página 12″: “El baño representaba no sólo ese lugar donde las miserias coprológicas encontraban su desagüe, sino que ahora el deseo gay había hallado el sitio perfecto donde consumarse y evaporarse, y si algún rastro quedaba, ya la encargada de la limpieza desaparecería las húmedas huellas a punta de blanqueador y trapero.

 Los centros comerciales hacen su arribo a Barranquilla y con ellos el baño se convierte en casi una suite de lujo para la loca que se queda sin aliento al entrar en ese espejismo de baldosas, mármol e inmensos espejos de tocador donde las miradas lujuriosas centellean como ojos de linces en las sombras. En la actualidad, estos encuentros se perpetúan en los baños de centros comerciales como Portal Del Prado, Exito Panorama y Buenavista, a pesar del trascurso de las décadas, el lugar sigue siendo el predilecto de locas, loquillas y veteranas de antiguas guerras que se libraron a bombazos de AZT. Pero esta época es despiadada, el confort y la seguridad del baño ya no son los mismos, hay intrusos merodeando, la loca debe estar alerta, hay ojos siguiendo su estela de lascivia. Hay cámaras que quieren exponer su íntima danza de estéril apareo, su miradita de huérfana buscando qué mamar, su manita ágil que toma el paquete en su mano y lo agita mientras su corazón late a mil por hora creyéndose sola en ese baño donde ignora que ya otro se ha corrido antes que su presa y el ojo de una cámara graba su aventura para el deleite y la censura de quienes ahora le observamos”.

La prueba de que sigue siendo una práctica habitual es que a finales del pasado año, los baños de la estación de Atocha de Madrid pasaron a ser de pago para disuadir esta práctica. Preguntando a quienes practican este tipo de cruising nos informan de que hay bastante prejuicios contra ella y que, si bien es cierto que buena parte de quienes lo convierten en algo habitual son personas de cierta edad, hay bastante jóvenes que encuentran en el sexo furtivo más morbo que en otras situaciones más convencionales. ¿No has conocido a nadie que usa Grindr, el último grito de la tecnología, para avisar que frecuenta los baños públicos, una práctica ya casi de la prehistoria gay?
Fuente: Ociogay.com

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