viernes, 7 de febrero de 2014

¿Y qué pasa si elijo ser gay?

¿Y qué pasa si elijo ser gay? 
Un escritor y columnista norteamericano gay, Brandon Ambrosino, se ha puesto en el punto de mira de la comunidad LGBT por defender que la gente no nace homosexual, sino que de algún modo elige serlo. Este columnista, que colabora con medios como el Huffington Post o el New Republic, parecía ponerse de este modo del lado de quienes quieren corregir la orientación sexual de gays y lesbianas. Pero lejos de mantener estas ideas, Ambrosino se desmarca defendiendo la libertad de elegir con quién quiere la gente acostarse o formar una familia. “Es hora de que la comunidad LGBT deje de temer la palabra ‘elección’ y que reclame la dignidad de la autonomía sexual”, señala. “Cada vez que alguien me acepta solamente porque se siente obligado a hacerlo por mi código genético, me siento degradado más que empoderado”.

Desde que escribió este artículo a finales del mes pasado le han llovido las críticas, por parte de activistas como Gabriel Arana o Noah Michelson (editor de la edición gay del Huffington Post), que le acusan de justificar la homofobia y de dar argumentos a quienes defienden las terapias de conversión, además de considerar que es absurdo decir que podemos elegir nuestra orientación sexual y cambiarla a voluntad. Incluso de estar haciendo públicamente un falso papel de gay para desacreditar al movimiento LGBT y ganar notoriedad. Pero Ambrosino arremete contra sus detractores y defiende que un hombre gay puede tener elección sin que eso signifique que tenga que hacerse hetero o sentirse avergonzado de ser gay. No hay nada de malo en ello aunque no sea innato. “¿Deberíamos continuar creyendo que la gente solo aceptará nuestra homosexualidad si hacemos que crean que no la elegimos? ¿Debería la aceptación reticente y obligatoria ser el objetivo de nuestro activismo? Bueno, ese ciertamente no es mi objetivo”, señala.

Para responder a sus críticos Ambrosino señala que la ciencia no ha podido encontrar pruebas irrefutables de que la elección sexual sea innata y cita otros estudios sociológicos y psicológicos, también de investigadores gays, que consideran la orientación sexual como parte de una construcción social, como es el caso de Jeffrey Weeks. Y a pesar de ello se manifiesta a favor de quienes sienten su sexualidad como algo innato, solo que no es el caso de Ambrosino, que argumenta que entran muchos aspectos sociales en consideración.

Incluso defiende que decir que lo que se elige es actuar de acuerdo a los deseos pero no tenerlos, da alas a los fundamentalistas religiosos que piden a los homosexuales reprimir sus sentimientos. Así, el autor considera que para responder a los fanáticos no hay que usar el argumento de que se ha nacido así, sino este otro: “A lo mejor no nací de este modo. Ahora dime por qué crees que eso importa”. Y añade: “Creo que muchas personas religiosas no han pensado realmente en las implicaciones de su propia retórica”. Tampoco escapa a su crítica el argumento de comparar la sexualidad con la raza, en un razonamiento que deja clara su defensa de la flexibilidad sexual: “He convencido algunos hombres para que prueben mi sexualidad, pero nunca he conseguido que prueben mi color de piel. En otras palabras, la sexualidad no está tan biológicamente determinada como la raza”.

En su columna original el autor arremetía contra el mensaje del tema ‘Same Love’, de los raperos Macklemore y Ryan Lewis, que manda el claro mensaje a los conservadores de que un gay no puede evitar serlo. Pero para Ambrosino, que defiende las bondades del tema al ayudar a la aceptación de gays y lesbianas, ese mensaje no solo es erróneo, sino que le hace un flaco favor a la comunidad gay. “No veo razones para creer que la única sexualidad que merece la pena proteger es la que escapa a nuestro control. Después de todo, ¿no está el activismo trans alimentado por la creencia que el Gobierno tiene la responsabilidad de proteger a todos sin importar sus elecciones sexuales? ¿Y no está la protección para los bisexuales basada en la misma presuposición de autonomía sexual?”, razonaba Ambrosino.

El autor se posiciona en contra de los argumentos bárbaros detrás de las leyes antigay de países como Rusia o Uganda, pero considera que una sociedad avanzada como la norteamericana debería estar un paso más allá. Y añade que los extremistas siempre encontrarán argumentos para su barbarie. En su opinión, la sexualidad y los comportamientos son algo flexible más allá de las etiquetas y eso es uno de los elementos que nos hacen humanos. “La reinvención de nuestra condición humana es uno de nuestros mejores rasgos y merece la pena protegerlo, tanto legal como filosóficamente. Me pregunto cómo se implementarían nuestros discursos LGBT si abrazáramos totalmente el dinamismo de nuestra sexualidad”, se pregunta.
Fuente: Ragap

No hay comentarios:

Publicar un comentario