lunes, 3 de febrero de 2014

S.O.S. Me he enamorado de una hetero

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 Nueva chica en la oficina. Sí. Así empezó todo. Un día de marzo apareció. Tenía la mirada perdida. Los ojos más dulces que había visto jamás, también los más bellos. Era inevitable no enamorarse de ella. Llegó como una inyección de oxígeno para cambiar radicalmente mi vida y hacerla virar. Hacía mucho tiempo que no quería empezar una relación con nadie. Demasiados comederos de cabeza y desamores a mis espaldas. Y es que yo la suerte no la he olido de nunca a nivel sentimental, o me gusta quién no le gusto, o gusto a quién no me gusta. Es así.
Las circunstancias eran difíciles. Vivíamos juntas. Compartíamos todo nuestro tiempo. Nos hicimos inseparables. Era mi mejor amiga. Confidencias. Abrazos. Lágrimas. La química instantánea hacía el resto. No había un solo detalle de mi vida que no supiese. Ni yo de la suya. Fue entonces cuando lo comprendí todo, era heterosexual. Me había enamorado perdidamente de mi mejor amiga hetero. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo sacarla de mi cabeza?
Saqué fuerzas de flaqueza, la valentía que no sabía que tenía y una tarde le conté todo lo que me hacía sentir. Le confesé que estaba enamorada de ella. Nuestra relación, pese a todo, siguió intacta, y eso no hizo sino acrecentar mi dolor por tenerla tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Nunca antes me había enamorado de esta forma. La sueño dormida y también despierta. La pienso a cada hora del día y si está mal busco la manera de que sonría, sólo así consigo hacerlo yo. Pero duele. Duele lanzarla a los brazos de un chico mientras mi mente fantasea con estar a su lado. Duele aconsejarle que le dé una oportunidad al amor cuando me encantaría despertarme con ella cada mañana y ser yo quien la haga feliz.

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Me encantaría decirle tantas cosas. Una amiga me aconsejó que, para conseguir quitarme estas fantasías entablase otras relaciones, a ver si así las mariposas volaban lejos de mi estómago, y lo hice, intenté olvidarla en otros labios, pero no funcionó. Cuando estaba con otras chicas no la sacaba de mi cabeza y sólo pensaba “No es como ella”.
Y es que  es una diosa. Lo tiene todo. No hay un solo detalle que me haga querer olvidarla. Ni le falta ni le sobra nada. Sé que no querré a nadie como a ella. Que no le he contado en cuántas cosas ha sido la primera. Que la extraño cuando no está cerca. Que me abrazo a su ausencia si se va y no dejo de echarla de menos. Que aunque no lo sepa, ha sido, es y será lo más bonito que me ha pasado. Es difícil de expresar lo que siento al mirarla. Cuando se acurruca en mi hombro y la observo mientras duerme, un hormigueo comienza a recorrer mi cuerpo, se acerca despacio:
―¿Vamos a fumar?
―Sí, claro
Os tengo que dejar, voy a compartir otro de tantos momentos únicos de esos que siempre atesoraré en mi memoria porque son con ella. Soy tan afortunada de tenerla  que me pasaría el día dándole las gracias por aparecer aquel día, por aceptarme en su vida y, lo que es mejor, por no querer que me vaya de momento.
Nuestra historia es lo más parecido a la magia que he visto. Porque nunca antes había conocido a nadie que me hiciese volar. Que me hiciese sentir tanto sólo con estar cerca.

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A veces nuestro corazón se encierra en personas que no nos corresponden. Es la mejor persona que he conocido. Es guapa, es inteligente, pero es heterosexual. Por eso simplemente he de ser consciente de que siempre será mi amiga, nada más que eso. Y aunque siempre recordaré todo lo que me ha hecho sentir, he aprendido que no debemos ponernos barreras. Ahora tendré que esperar a que alguien aparezca en mi vida. No será ella, nunca será como ella, porque esa es otra historia, mi amor platónico, imposible, mi tatuaje en el tobillo, mi mejor amiga. Y sé que una parte de mí seguirá enamorada de ella toda la vida.
Porque es así.
Verónica Font
 Visita mi blog Princesa del subterfugio
Fuente: MiraLes.com

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