jueves, 20 de febrero de 2014

¿Qué nos ocurre exactamente cuando tenemos un orgasmo?

DENTRO ORGASMO 


Si hay algo difícil de encontrar, tanto en la literatura como en el cine, es una buena descripción de lo que los franceses calificaron tan elegantemente como la petite mort. No me refiero a las trasformaciones fisiológicas que ocurren en nuestros genitales y en el cuerpo en general –esas han sido intensamente estudiadas desde Masters y Johnson hasta nuestros día–-, sino a las sensaciones, a nivel anímico, que experimentamos cuando alcanzamos la más intensa y placentera experiencia. Los que han estado al borde de la muerte –no de la petite, sino de la grand– relatan sus vivencias como una gran paz, una luz al final del túnel y una película detallada de toda la existencia, que se visualiza en cuestión de segundos –rezo para que la mía cuente con una mejor dirección y realización que las de Facebook–, pero no dan más detalles. Los orgasmos se describen también de forma imprecisa y esotérica. Un enorme placer, una relajación total, un abandono, pero ¿se ven elefantes rosas?, ¿nos entra la risa?, ¿queremos empezar a bailar, correr o gritar?, ¿van acompañados de banda sonora?
Como cuenta el libro La ciencia del Orgasmo, de Barry R. Komisaruk, Beverly Whippe, Sara Nasserzadeh y Carlos Beyer-Flores (Paidós, 2011), en 1976 los investigadores Vance y Wagner se preguntaron si la mayor parte de las personas y los dos sexos experimentaban las mismas cosas cuando llegaban al clímax. Para buscar una respuesta llevaron acabo el siguiente experimento: “propusieron a un grupo de estudiantes universitarios que describieran por escrito sus orgasmos, de manera que un jurado pudiera adivinar cuáles de las descripciones estaban escritas por hombres y cuáles por mujeres. En el jurado había ginecólogos, obstetras, psicólogos y estudiantes de medicina de ambos sexos. Antes de entregar las descripciones al jurado, los investigadores sustituyeron los términos específicos de cada sexo por otros neutros (como por ejemplo genitales, en lugar de pene o vagina) para esconder, intencionadamente, al autor de la descripción. Los jueces llegaron a la conclusión de que eran incapaces de distinguir el sexo de una persona a partir de la descripción escrita de su orgasmo

dentro orgasmo

Allison Janey, la mujer que "no sabe" si ha tenido un orgasmo en 'Masters of Sex'.
Foto: Cordon Press
Masters y Johnson sostenían que la respuesta del cuerpo femenino al clímax es básicamente la misma: contracciones simultáneas y rítmicas del útero, la cavidad vaginal y el esfínter anal pero, como Sylvia de Béjar escribe en Tu sexo es tuyo (Planeta, 2006), “la rigidez de esta descripción está siendo cuestionada por numerosos terapeutas que llevan años escuchando las explicaciones de miles de mujeres acerca de cómo son y dónde sienten sus clímax (…) Hay mujeres que a penas tienen o carecen totalmente de contracciones, las hay que localizan sus orgasmos en la zona vulvar, otras dicen que se concentran en la vagina o hablan de un intenso calor uterino, otras se refieren a una oleada de placer que se expande por todo su cuerpo, incluso hay quien describe un calambre lumbar, una explosión cerebral o un cosquilleo ardiente en el pecho y las orejas”. “En definitiva”, continúa Sylvia más adelante, “el placer es algo subjetivo. Y lo es hasta tal punto que los terapeutas sexuales se refieren a la huella digital orgásmica de cada mujer, tan única como su huella digital”.
Como ven, la cosa se complica y si ya es imposible establecer puntos en común en cuanto a las sensaciones subjetivas, parece que ni siquiera esta tarea es factible a la hora de describir los cambios físicos. No todas nos ajustamos a los pasos que determinaron los protagonistas de la serie Masters of Sex. Tal vez por eso muchas mujeres argumentan no saber si han tenido orgasmos o no. Algo que puede resultar inverosímil, pero que resulta bastante habitual. Según Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona “normalmente cuando una paciente te dice eso se entiende que no ha llegado nunca al clímax, pero no siempre es así. A veces el problema reside en que la mujer no sabe identificar lo que está sintiendo como un orgasmo, no lo reconoce. Esto puede ser fruto de las falsas expectativas que el cine, Internet o la sociedad nos ha creado. En estos casos el vibrador es siempre la prueba del algodón, aprender a reconocer un orgasmo con estimulación del clítoris es el primer ejercicio que deben hacer”.

Excitación y placer son conceptos distintos y mientras el primero pertenece a la dimensión fisiológica y forma parte de los reflejos, las sensaciones y las habilidades corporales; el segundo tiene más que ver con la psique, la capacidad de percibir cosas y las connotaciones que se les atribuyen –positivas o negativas–, la imaginación erótica e incluso los sentimientos. Lo que supone que estar excitada y sentir placer no siempre son actos consecuentes.

vibrador

El vibrador, la mejor prueba del algodón para conocer al orgasmo de tú a tú.
Foto: Cordon Press
En sexología se ideó el término orgasto para diferenciarlo de orgasmo. El primero designa la respuesta fisiológica del clímax, que todos conocemos; mientras que el segundo sería la experiencia cerebral de lo anterior. Para llegar al éxtasis es necesario que esa información física llegue al cerebro y que éste le de paso, la deje entrar, por lo tanto hay siempre algo de 'autorización' a la hora de experimentar un orgasmo. La mayoría de los casos de anorgasmia primarios –en los que nunca se ha tenido esta sensación- se deben, según Francisca Molero, “a una falta de adiestramiento personal y a causas psicológicas más que físicas: una mala programación en la visión o idea que nos inculcaron del sexo, falta de aceptación, tensión emocional o incapacidad para dejarse llevar, propia de mentes excesivamente racionales”. Para tener un orgasmo hay que tener previamente un orgasto, pero este no nos garantiza, necesariamente, tocar el cielo.
Mientras muchas mujeres luchan por conseguir, mejorar o facilitar sus orgasmos, otras se encuentran en el polo opuesto, debido a que sufren lo que se conoce como el síndrome de excitación sexual persistente. Las mujeres con esta patología sienten a menudo excitación pero esta se encuentra lejos de ser placentera, la describen más bien como una enorme y dolorosa presión o pulsación en los genitales que pide a gritos su liberación por medio del orgasmo. Este síndrome no tiene nada que ver con la ninfomanía y supone un verdadero tormento para las que lo sufren.
Fuente: El pais



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