lunes, 24 de febrero de 2014

La homosexualidad en el Hollywood dorado: Tallulah Bankhead y Lizabeth Scott

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Cuando All about Eve (Joseph L. Mankiewicz) se estrenó en 1950, Tallulah Bankhead declaró que en realidad la película debería haberse llamado “todo sobre mí”: dijo que Bette Davis había copiado su estética e incluso detalles de su carácter para dar vida a Margo Channing, cosa que podría parecer una extravagancia más si no fuera por las increíbles coincidencias que se dan entre la película de Mankiewicz y la relación que Tallulah mantuvo con Lizabeth Scott.
Traducida en nuestro país como Eva al desnudo, la cinta retrata la obsesión de una joven y advenediza actriz llamada Eve Harrington (interpretada maravillosamente por Anne Baxter) por convertirse en una estrella del calibre de Margo Channing (Bette Davis), otra actriz ya veterana a la que admira y envidia fatalmente. La película es imprescindible, entre otras cosas porque resulta inevitable apreciar el lesbianismo soterrado de Eve (que en la época, desde luego, no se podía explicitar) y la historia que contamos hoy termina cobrando un mayor sentido.

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Tallulah Bankhead nació en Alabama (Estados Unidos) en 1902. Pertenecía a una familia acomodada, pero ni esto pudo salvarla de sufrir uno de esos episodios que parecen terriblemente comunes en la vida de las grandes artistas y al que Tallulah se sobrepuso forjándose un carácter extremo. Años después, al hablar de la violación sufrida cuando tenía doce años, dijo que “fue una experiencia terrible porque en el suelo había mucha grava”. En esta línea, siempre parecía defenderse de los malos trances con una mordacidad rayana en el cinismo. Su vida se regía sobre la máxima de probarlo todo, así que quitar trabas a sus opciones sexuales no sería en absoluto un problema. Sí que lo fue, a la larga, su consabida adicción al alcohol y la cocaína, por mucho que ese ya mencionado humor le llevara a afirmar que “la cocaína no crea adicción; lo sé porque llevo tomándola varios años.” Esta vida de excesos que podría haber fulminado a cualquiera era su verdadero leitmotiv, llegando a mostrarse tan orgullosa de ella como para afirmar que “si volviera a nacer cometería los mismos errores, sólo que muchísimo antes”.

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Tallulah y Lizabeth Scott coincidieron durante la gira teatral de La piel de los dientes, de Thornton Wilder. Como ya hemos mencionado al principio del artículo, la Bankhead era la actriz principal y Lizabeth una suplente ansiosa por que a Tallulah le cayera accidentalmente una lámpara en la cabeza. Scott tenía veinte años menos que la Bankhead y su carrera como actriz apenas estaba dando sus primeros pasos: además, Tallulah se pasó toda la gira sufriendo a causa de una úlcera fruto de su incapacidad para decir basta, pero aún así insistió en seguir adelante y la pobre Scott se quedó sin su ansiado debut. En su favor hay que decir que no puso en práctica las artimañas del personaje Eve Harrington en All about Eve, más bien al contrario: parece que Tallulah la cautivó magnéticamente (como al parecer hacía con todas las mujeres en un kilómetro a la redonda) por su humor descarnado y una gran facilidad para empatizar con las desgracias que ambas compartían (en el caso de Eva Le Galienne, con la que Tallulah había mantenido una relación algunos años antes, se conocieron después de que la primera le pidiera ayuda tras haber sido violada). Lizabeth se sintió atraída muy a su pesar, pero parecía inevitable: había admirado a Tallulah hasta la saciedad, había observado minuciosamente cada uno de sus movimientos sobre el escenario, había deseado tanto convertirse en ella que casi parecía una obviedad terminar deseándola a ella. Como ya vimos en Joan Crawford, la competitividad entre mujeres, entre actrices en este caso, puede trasformarse en un poderoso aliciente erótico cuando se trata de derrotar a la otra, aunque sea en el ámbito de la intimidad. ¿De dónde si no procede el término “conquista”?

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Sea como fuere, el affaire duró lo que duró la gira o incluso menos, y si te he visto no me acuerdo. Después Lizabeth retomó su carrera como modelo (ya que como actriz no había tenido mucha suerte) y Tallulah siguió negándose a bajar el listón de su existencia: compitió con Mercedes de Acosta por el amor de Greta Garbo (con la que estaba obsesionada), fue durante muchísimos años la compañera de juergas de Marlene Dietrich y tuvo relaciones con infinidad de actrices, entre las que también destaca la propia Joan Crawford. Dicen que la primera vez que la Crawford acudió a una reunión del “círculo de costura” lo hizo cubierta únicamente por un abrigo, con todo el cuerpo tiznado de un maquillaje de oro. Al parecer Tallulah y ella desaparecieron en una habitación, y poco después la Bankhead se paseó por todas partes alardeando de llevar los labios manchados de purpurina dorada. No obstante ya había advertido, en otra de sus sentencias estelares, que de niña su padre le “previno en contra de los hombres y el alcohol, pero nunca dijo nada sobre las mujeres y la cocaína”. Como veis, genio y figura.
Inma Miralles
Fuente: MiraLes

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